jueves, 6 de mayo de 2010

GÉNESIS (4ª parte)

Conforme hablaba sacó otro sobre de su abrigo y lo colocó sobre la mesa. Repitió el gesto de cuando estuvo en mi despacho y lo acercó hacía mí. Yo procuré no mostrarme muy impaciente. Hay que mantener la compostura y parecer siempre un profesional, aunque muy pocas veces lo sea. Abrí el sobre con cierta parsimonia. Y lo que había dentro no era lo que esperaba. Nada de billetes, solo una hoja que parecía publicidad de algún bar o local de alterne.


- ¿Qué significa esto?
- Ahí es dónde está la mujer que busco.

Miré la hoja con más atención. No parecía tener nada de particular. Anunciaba danzas exóticas, desnudos y copas en un ambiente tranquilo y reservado. Algunas fotos de las bailarinas y… Un momento, una de esas chicas era la mujer que buscaba. La foto no tenía mucha luz pero se apreciaba su rostro claramente. Aparecía abrazada con gesto lascivo, pero indiferente, a una barra metálica, de esas que usan los bomberos para bajar con rapidez y las bailarinas para untarla con el aceite y sudor de sus pieles. Apenas llevaba ropa, y su cuerpo, como había presentido y deseado la primera vez era un cuerpo extraordinario. Largas y sinuosas piernas, delicadas caderas, vientre liso y tetas firmes y turgentes que aplastaba contra la barra. Casi no me percaté de la serpiente que tenía enroscada alrededor del cuello, mareado como estaba de ver tanta curva peligrosa.

- Si ya la ha encontrado ¿para qué me necesita?
- Debe ser usted quien hable con ella. Si me viese a mí saldría huyendo.
- Todo esto me parece muy raro. ¿Y qué quiere que le diga?
- Simplemente entreténgala. Llévela a tomar unas copas, sáquela a bailar. Lo que se le ocurra, eso lo dejo a su elección. Yo apareceré cuando lo crea oportuno.
- ¿Cómo ha sido capaz de dar con ella tan pronto? Yo he pasado toda…
- Si le digo la verdad, me resultó más complicado dar con usted.
- No entiendo eso, yo no me escondo de nadie.
- ¿Usted cree?
- Mi trabajo ya sabe que es todo lo contrario, encontrar a gente que no quiere que la encuentren.

Mientras hablaba no dejaba de estudiar la hoja que tenía entre manos. Me sentía algo humillado al haber fracasado de manera tan estrepitosa en mis averiguaciones. No entendía cómo podría haber pasado por alto una cosa así. El nombre del local no me sonaba “El Edén”, aunque la calle en el que estaba la recorría todos los días varias veces, casi podía decir que tenía allí mi cuartel general. Además, era extraño, nadie de la zona me había comentado nada de ese nuevo antro.

- Un trabajo que esta vez no ha hecho muy bien.
- Gajes del oficio. De todos modos la rubia ya está localizada.
- Ya, pero no por usted. Espero que ahora sepa hacer lo que le pido.
- Tranquilo amigo, esta vez no le fallaré. La retendré todo el tiempo que haga falta, hasta que usted llegue. Aunque para eso necesitaré…
- ¿Otro adelanto?
- Hombre, ya sabe, los vicios resultan caros, y por los barrios que frecuento abundan. Además, debo tratar con mucha gente, gente ansiosa y que no hablan mucho si tienen la garganta reseca.
- Creí que tendría suficiente con lo que le di la primera vez.
- Ya le he dicho que…
- Mire en el sobre. Espero que le baste con eso.
- ¿El sobre? En el sobre sólo estaba la foto.
- ¿Usted cree?

Volví a coger el dichoso sobre. Aparte de la foto, me encontré esta vez otro grueso fajo de billetes. No sé cómo lo había hecho. El sobre había estado en todo momento sobre la mesa, no lo perdí de vista un solo segundo. Sin embargo, el viejo había vuelto a ser más rápido que yo.

- ¿Qué es usted, una especie de mago?
- Digamos que tengo mis trucos.
- Entiendo, por eso ha dado con la rubia antes que yo.

Empezaba a sentirme incómodo. Aunque era él quién pagaba y me decía lo que debía hacer, me gustaba siempre tener cierto margen de control en todas las situaciones. Estaba claro, no obstante, que en esta charla, con truco de magia incluido, era el viejo quién llevaba la voz cantante. Nada que reprocharle al cabrón, tan sereno y seguro en todo momento. Yo no había tenido opción siquiera de justificar mi incompetencia. Allí estaba mi menda, con las manos vacías, y él, sin embargo, me mostraba la foto de la chica y el local dónde trabajaba. Todo rapidez y eficiencia. Esto no tenía mucho sentido, la verdad. Pero el viejo seguía soltando billetes como si fuese una fuente. Chitón, a coger raudo la pasta, agachar la cabeza y a hacer lo que me mandaban. Sin cometer más errores, claro está.

- Si no le importa, voy a tomarme la última. Para celebrar este nuevo contrato.

Dije esto último con cierta sorna, dejando perderse las palabras entre el humo del bar, como arrepentido de haberlas dejado escapar de mi boquita. Mi huida hacía la barra fue algo así como el pataleo de un niño pequeño que no sabe como llamar la atención. Me tenía cogido por los huevos ese extraño personaje. Parecía, de repente, que ese viejo supiese más cosas de mí que yo mismo. Se adelantaba a mis pasos, a mis gestos y a mis palabras. Hacía renacer con su presencia antiguos fantasmas cargados de derrota. Era mirarle a la cara y comenzaba a recordar cientos de noches pasadas en barras de bar, destrozando mi cuerpo y mi voluntad con alcohol y tabaco, durmiendo al fin entre las bolsas de basura de un rincón perdido en cualquier callejón. Me despertaba horas después sin recordar muy bien quién era y que había hecho antes de caer inconsciente. Rehacía mis días gracias a las bromas y pullas que me lanzaban los mendigos que me cruzaba por la calle, renqueante, de regreso a mi casa. Ahora tenía mi trabajo, por llamar de alguna manera a esto de olisquear en los culos ajenos. A veces, se dejaba caer por mi despacho algún tipo insólito que empezaba a soltar peculio, casi con ansia, por encontrarle a la mujer huida, o a la amante despechada, o al socio que se largó con todas las ganancias sacadas de alguna estafa. Había salido del charco, aunque tenía cierta tendencia suicida a seguir bordeándolo, siempre con algún borracho o alguna puta tirando de las perneras de mi pantalón. El viejo no parecía uno de esos fracasos humanos, sin embargo, al enseñarme la foto de la rubia había hecho renacer en mí cierto vértigo, me había empujado de vuelta a lo más oscuro de la ciudad y de mí mismo, me obligaba con esta búsqueda a ciegas a traspasar ciertas puertas que hacían renacer viejas arcadas de mi alma. Cuando volví a la mesa el viejo ya no estaba. Casi le agradecí ese detalle. Mañana iría al local que aparecía en el folleto publicitario. Ahora únicamente deseaba beber solo. Intentar detener el agujero negro que se había abierto en mi memoria y que como una úlcera amenazaba con devorarme. Todo había sido muy rápido, y había llegado casi sin darme cuenta. Se había ido perfilando dentro de mí cada vez que sacaba la foto con la rubia para mostrársela a alguien. Sí, mañana iría a por esa mujer. Quizás ella, y no el viejo, tuviese las respuestas a esta desazón que no dejaba de crecer dentro de mi estómago desde hacía unos minutos.

Fin de la cuarta parte

viernes, 30 de abril de 2010

GÉNESIS (3ª parte)

Estuve así durante un par de semanas. Amplié mi círculo de pesquisas. Fui a otros bares, donde no tenía tan untados a los camareros y clientes, pregunté a soplones y chivatos callejeros. Hablé también con las prostitutas, chulos y chaperos. Y de todos ellos me llegaba la misma respuesta ambigua. Todos creían reconocer a la mujer de la foto aunque nadie lograba darme datos concretos sobre ella. Un trabajo que en principio creí sencillo estaba empezando a torcerse poco a poco. Mi paciencia se agotaba al mismo ritmo que flaqueaba el grosor del fajo de billetes dentro del sobre. Todas las noches acababa doblado sobre la barra del mismo bar, tomándome un par de cubatas y recapacitando sobre qué cojones estaba haciendo mal. Nunca había tardado tanto en encontrar a alguien. Seguía el procedimiento habitual; la verdad es que no había otro procedimiento. Si nadie de los que había interrogado hasta ahora, había visto a esa rubia, empezaba a dudar de que realmente ella viviese en esta ciudad. No son gente que suela equivocarse ni olviden fácilmente una cara. Aunque por otro lado, el viejo, parecía bastante seguro de lo contrario, incluso se había permitido acotar la zona y los barrios en los que debía buscar. Pensándolo bien esto podría tratarse de una broma, aunque una broma bastante extraña, además de resultar un poco cara. Nadie paga tanto simplemente por reírse de mí. De hecho, resulta bastante fácil hacerlo gratis.

- ¿Cómo lo llevas Adam? ¿Te pongo otra?

- No muy bien. Hoy ya está todo el pescado vendido, será mejor que me vaya para casa.

- A esta estabas invitado…

- Hombre entonces sí me tomaré otro. No sueles tener muchos detalles con la parroquia. Ya iba siendo hora de que …

- Eh, eh, no he sido yo quién te paga el bebercio, es aquel hombre de allí.

Y me señaló una de las mesas del local, en uno de los rincones más apartados. Allí estaba el viejo, vistiendo la misma gabardina blanca, solo, con el gesto serio. Esperé a que me sirvieran y me dirigí hasta allí, con la copa en la mano. Medité que podría decirle, cómo ocultar mi absoluta falta de noticias sobre la mujer y me pregunté si me soltaría otro montón de pasta.

- Buenas noches, jefe, ¿cómo usted por aquí?

- Ya le dije que no tardaría en ponerme en contacto con usted. ¿Cómo lo llevas, Adam?

Era la segunda vez que me preguntaban eso en pocos minutos y la respuesta seguía siendo la misma, aunque ahora debía tener algo más de tacto.

- Voy haciendo progresos, estas cosas requieren su tiempo. La ciudad es grande y la mujer que busca…

- Me decepciona usted, señor Adam, creí que era bastante bueno en esto de dar con la gente. No tiene nada ¿verdad?

- Por ahora no, pero tengo a bastantes amigos pendientes de su rubia. En cuanto asome la cabeza saltaré sobre ella.

- Creo que no hará falta esperar mucho más...

sábado, 24 de abril de 2010

ETERNA DESPEDIDA *

Hace tiempo que pienso en pensar menos en vos,

siempre hay algún gesto que vuelve a llamar al dolor.

Noches largas tirado viendo televisión,

mientras a lo lejos se oyen gritos de felicidad.



La vida puede ser mejor, eso al menos creía yo hace un tiempo.



No te olvides que me olvido de olvidar cuánto te supe querer,

igual cuando vuelvas tendré a mi lado a otra mujer.

Depresivas tardes grises de domingo en la ciudad,

largas caminatas que no conducen a ningún lugar.

El mundo está por explotar, hay una fiesta universal, larga despedida.

Vamos a celebrar

que el futuro existe, la vida no es tan triste,

sin su amor, igual qué más da,

es en vano volver a llorar.



El calor derritió al asfalto que ahora es

un mar embravecido en el que peatones se ahogan de pie.

El desierto está más cerca de lo que solía pensar,

bajo a la calle un rato, la soledad escupe mi piel



El mundo está por explotar, hay una fiesta universal, eterna despedida.

Vamos a celebrar...




* letra de FALSOS PROFETAS

martes, 20 de abril de 2010

GÉNESIS (2ª parte)

Comencé con el procedimiento habitual. Mucha gente me debe muchos favores y era hora de empezar a cobrarme algunos. Pregunté en recepciones de hoteles, en barras de bar, y mostradores de sex shop, incluso me dejé caer por alguna que otra comisaría de los barrios del extrarradio, por si la rubia que buscaba no era trigo tan limpio como me había comentado el abuelo. Un tipo extraño, ese viejo. Alto, enjuto, con una gran barba blanca y vistiendo un largo abrigo de color claro. Pese a lo avanzado de su edad, sus gestos fueron en todo momento rápidos y precisos. No mostró en ninguno de ellos síntomas de algún achaque físico. Al hablar movía las manos casi con gesto beatífico, y sus frases arrastraban un deje como de sentencia, o como de arenga que no admite reproche. Joder, ahora que lo pienso, quizás fuese un cura, o alguien relacionado con las altas estancias religiosas. Quizás por eso había recurrido a mí. Querría actuar con discreción, sin que a él se le relacionase en algún momento con la mujer que buscaba. No era muy habitual encontrarse a un obispo, o cardenal, vete a saber, picoteando por los tugurios menos recomendables de los peores barrios de la ciudad. Noté el grueso fajo de billetes que guardaba en uno de los bolsillos de mi pantalón, y me dije a mí mismo que quizás no debería especular tanto sobre la identidad de ese anciano. Quizás fuese mejor saber lo menos posible sobre él. Pagaba bien y con eso me bastaba. Pero, y ella ¿quién era ella? Llevaba también la foto en el sobre junto al dinero. La sacaba una y otra vez para contemplarla. Su gesto siempre me resultaba frío y distante. La mirada perdida hacía el infinito, su pelo rubio cayendo lacio, bordeando unas mejillas de piel extremadamente blanca. Y unos ojos verdes, que pese a su inexpresividad, a su ausencia de vida, por un momento parecían desprender cierto brillo atrayente, hipnótico, casi evocador. Un brillo, que al estudiarlo más detenidamente, creí haber visto antes. A todos los que preguntaba, parecía despertarles las mismas sensaciones. En todos los sitios en los que había indagado había recibido respuestas muy parecidas.

- Adam, rubias como esta conozco cientos en esta ciudad. Pero no creo que alguna de ellas sea la chica que estás buscando.

Algunos, al igual que yo, habían notado cierto culatazo del recuerdo al fijarse en sus ojos verdes: sin duda lo más seductor de la fotografía. Pero acababan torciendo el gesto y devolviéndome la estampita sin darme ninguna información clara.

- Lo siento, Adam, estoy casi seguro de haber visto esos ojos en algún sitio, pero ahora mismo no recuerdo dónde. Cuando sepa algo te aviso, ¿de acuerdo?

- Tranquilo, no hay prisa, tómate tu tiempo. No quiero reventar todavía la gallina de los huevos de oro. Quien busca a esta mujer está dispuesto a pagar mucho dinero y pienso exprimirlo un poco.

- Estás hecho todo un profesional, cabronazo.

- Ya sabes, en mi oficio, rebuscando en la basura, muy pocas veces encuentras un tesoro.


Fin de la segunda parte.

viernes, 16 de abril de 2010

PLANETA DANZA

Desde que yo recuerdo, siempre ha sido frenético este mundo en el que vivo. Todo en él es continuo movimiento. Desde muy pequeños se nos enseña a renunciar a la quietud y se transforma nuestra vidas en un delirante ir y venir. Con el tiempo, nos acostumbramos a ese movimiento incesante, se forjan nuestros músculos, nos apoderamos de una cadencia y la vamos adornando con pasos floridos, requiebros y algún que otro giro aéreo. Nos deshacemos de nuestro diario caminar para convertirlo en una danza. Se instala en nuestra conciencia un ritmo constante del que pronto es imposible huir: talón, punta, talón, punta, giro, vuelta y a repetir este compás hasta el infinito. Pronto se aprende también a coordinar nuestro baile con el del resto de las personas con las que nos vamos cruzando. Se van improvisando con unos y otros, giros, minués, corrillos, melés, bailes agarrados, aunque siempre sin desviarnos de nuestro destino final. Vamos al banco, a una frutería, a la universidad, y allí nos espera la cajera, el frutero, o cualquier profesor, todos realizando sus tareas sin dejar de taconear, de ejecutar gráciles saltos mientras nos traen un reembolso, nos llenan una bolsa con manzanas o garabatean una pizarra. El mundo entero es una fluida verbena. Una orgía de zapateados y golpes de caderas, de manos alzadas y pies que se elevan raudos. Hemos aprendido a movernos de esta manera tan grácil y artística casi de un modo innato, al principio simplemente dejándonos llevar por la danzante marea humana, que te atrapa y envuelve nada más salir a la calle. Aprendes compases y ritmos primordialmente para evitar chocar con quién tienes más cerca. Te sientes mal si en tu torpeza haces tropezar a alguien o pisas un pie sin querer. Polkas, jotas, danzas del vientre, cabriolas de batusi, zozobra de pies y latigazos de brazos, cimbreo de caderas, temblor de vientres, repiqueteo de talones: los hombres y mujeres son desde hace siglos, en este planeta, puro contoneo. No saben desplazarse, convivir, existir, si no es agitando constantemente todas las extremidades de su cuerpo. Pero he de advertir que en este baile infinito y global, hay alguna que otra grieta, un incómodo escollo de vulgar e irresponsable tendencia a la inmovilidad. Parece increíble, pero en esta sociedad entregada religiosamente al contoneo continuo, hay también algunos inadaptados. Cuerpos torpes a los que no se les da muy bien cabriolear. Estos seres reacios al eterno jolgorio corporal, a los que la medicina moderna (capaz de operar a corazón abierto al ritmo de siete octavas) ha acertado en llamarlos filósofos, acaban siendo recluidos en unos ghettos que se llaman a su vez, teatros. Allí no se sabe muy bien cómo sobreviven, ni qué es lo que hacen. Si alguna vez, por casualidad pasas cerca de alguno de esos asilos y en uno de tus saltos o giros logras asomarte a una ventana, podrás verlos hacer cosas extrañas: hay quién dice que unos son capaces de pasarse horas enteras, ¡horas!, sentados en un sillón, mirando quietos un televisor, mientras otros, los más extravagantes, se entretienen simulando ser árboles, farolas, o piedras…

jueves, 15 de abril de 2010

EURIA ESAN ETA ERORTZEA

Siempre me ha gustado recibir cartas. Aunque sería mejor decir que siempre he creído que me gustaría recibir cartas. Porque nunca he recibido ninguna. Todos los días, antes de salir a la calle siempre hurgaba en el buzón en busca de alguna misiva, pero siempre me encontraba los mismos papeles: publicidad, facturas y más publicidad. De modo que un día decidí escribir yo una carta y enviármela a mí mismo. Y así lo hice, rellené algunos folios narrándome varias anécdotas y contándome quién era yo, aunque claro está, todo eso yo ya lo sabía. Rematé la carta con un par de abrazos, buenos deseos y otro par de besos de papel. Cerré el sobre y le estampé un hermoso y radiante sello. Escribí mi nombre y dirección en la parte delantera y repetí esos mismos datos en la parte posterior, a modo de remite. Salí a la calle contento, con el sobre en la mano, blandiéndolo como si fuese un tesoro maravilloso. Lo eché en el primer buzón que encontré. Y esperé durante unos días, ansioso por encontrar esa hermosa sorpresa en mi buzón. Repetía mi ancestral ritual de explorar el buzón todas las mañanas, con una sonrisa pícara sabiendo que uno de estos días si me encontraría por fin una carta dirigida a mí. Pero los días pasaron, y el buzón seguía recibiéndome con la misma porquería publicitaria. La carta nunca me fue enviada. En realidad, la carta me fue devuelta. Un buen día, pasados ya unos meses y olvidada ya su espera, el sobre apareció en el buzón. Y en una de las esquinas llevaba impresa una inscripción: “Destinatario desconocido. Imposible entregar carta”. Abrí el sobre extrañado, buscando dentro alguna otra anotación que me desvelase este misterio. Pero no, en el sobre no había nada. El sobre estaba vacío.
La felicidad es decir lluvia y que llueva...

martes, 13 de abril de 2010

GÉNESIS (1ª parte)

-  No se confíe. No es una mujer cualquiera. – larga de sopetón mientras me enseña una foto.

- Tranquilo, no le defraudaré. Llevo haciendo esto demasiado tiempo y nunca he dejado un asunto sin resolver.

- Eso espero, le repito que no estamos hablando de una mujer normal. Casi puedo asegurar que yo llevo buscándola una eternidad, y nunca he podido dar ella. Recibo soplos sobre dónde puede estar pero al llegar a esos sitios, ella parece haberse esfumado.

- ¿Y por qué piensa que yo puedo tener más éxito que usted?

- De usted no creo que se acuerde.

- Para recordarme primero debería haberme conocido ¿no?

- Nunca podemos estar seguro de a quiénes conocemos y a quiénes no.

- ¿Y no podría al menos decirme por qué la busca con tanto interés? ¿Qué es eso tan importante que ella le robó y que quiere recuperar con tanto ahínco?

- Ya le he dicho a quién tiene que buscar. También le he dejado claro que no haga muchas preguntas sobre el porqué de mi interés.

- Entiendo, pero quizás esos detalles supondrían una ayuda importante para mí, para aligerar las pesquisas.

- Limítese a hacer su trabajo y será muy bien recompensado. Tenga este pequeño adelanto y empiece lo antes posible a hacer lo que tenga que hacer.

Mientras decía esto, sacaba de un bolsillo interior de su abrigo un sobre que colocó sobre la mesa y empujó hacía mí. A primera vista parecía que estaba vacío, pensé incluso que estaba gastándome una broma, pero cuando lo abrí y escruté su contenido, pude comprobar que en su interior había un grueso fajo de billetes.

- ¿Cree qué será suficiente?

Intenté no parecer muy sorprendido, pero haciendo un cálculo rápido, en el sobre debía haber la guita equivalente a un año de curre.

- Fíuuuu. Sí, sí, creo que bastará para costear mis primeros pasos. ¿Cómo podré comunicarme con usted cuándo averigüe algo?

- Tranquilo, seré yo quién se ponga en contacto cuando lo crea oportuno. ¿Desea preguntarme alguna cosa más?

- No, me ha quedado todo muy claro. Si es verdad que vive en esta ciudad, con la foto me bastará para dar con ella.

Todo había resultado tan tópico, como sacado de una de esas antiguas películas en blanco y negro. Con mi despacho con puerta de cristal ahumado y el nombre escrito en ella: Adam Paradise, Detective Privado. La mesa desordenada, con una botella de whisky a modo de pisapapeles. La entrada repentina de ese hombre que se comportaba de manera tan enigmática. Sus reservas a la hora de darme algunos datos sobre la mujer que estaba buscando. Sólo tenía de ella, para empezar, su foto y su nombre, Eva. Una mujer hermosa, sin duda, aunque para no desentonar con el ambiente, de una belleza bastante común, con un rostro bien perfilado pero inexpresivo. Lástima que fuese una foto de carnet, y no pudiese comprobar cómo era el resto de su cuerpo, aunque casi podía adivinarlo. Aparte, el viejales me había dado algunas pistas sobre los barrios y ambientes por los que seguramente se movería. Repitió varias veces que era una mujer muy escurridiza, aunque para nada peligrosa. En fin, debía ponerme a trabajar inmediatamente. Viendo el contenido del adelanto que había en el sobre, este parecía un trabajo, que de hacerlo bien, podría reportarme sustanciales beneficios.

sábado, 10 de abril de 2010

Queridos lectores que no existen (Leandro, ya sé que existes, pero sólo me fio de mis sentidos, y tu anonimato se convierte en inexistencia a los hechos), al habla Cris.

Hace apenas dos horas, Julián y yo andábamos buscando un sitio propicio para la escritura. Cuando por fin topamos con él, vimos que no sólo habíamos encontrado el lugar, sino también el ambiente. La música acompañaba la tímida luz de las velas, y creedme si os digo que no estoy utilizando metáfora alguna. Por no sé qué alineación de los planetas, hoy ninguna luz salvo las pequeñas llamas iluminaba el rincón que frecuentamos últimamente.

Haciendo acopio de velas, sacamos unos cuantos folios y decidimos escribir dos historias. Cada uno empezaría una de ellas con una frase que el otro continuaría, y así, uno por uno, y frase por frase, crearíamos algo. Por supuesto, el bueno de Goran Zelic hubiera hecho de nuestra velada algo más especial, pero guardaremos nuestras mejores letras para cuando estemos los tres juntos.

Quizá el resultado no sea algo espectacular, pero uno también quiere a su hijo aunque sea feo, ¿no?
 
                                                           ***

Nunca he pasado hambre. Nunca he peleado en una guerra. Lo más fácil es pensar en una personalidad alejada de conflictos de toda índole. Podría creer que soy un hombre al que los libros y no la sangre han educado, y que mi alma es apátrida y libre. Pero no. Soy un cobarde. Las palabras son sólo una excusa, los libros, una huída, la verdadera lucha está en las trincheras. Pero el enemigo que me rodea es invisible. ¿Cómo puedo enfrentarme a él? El pavor ante una hoja en blanco es verdadero y más real que las visiones con un fusil en la mano. Aunque nunca he peleado en una guerra.
Los fantasmas, los sueños, las dudas y los miedos acechan desde mil frentes diferentes. Una bala, un obús, se anuncian con un silbido antes de taladrar tu cuerpo. Pero, haz el favor, Julián, échame un poco más de ese té tuyo.

                                                           ***

Entonces decidí callarme, dejando que mi olor intercediera por mí y dijera lo que yo callo. No parecía una persona tonta, seguro que le bastaría aspirar un par de veces mis vapores corporales para saber qué clase de persona era. No tendría que hacerme muchas preguntas para saber toda mi vida. Tampoco parecía listo. Eran esos ojos... No, tampoco era eso. Trascendía de los sentidos, y no los necesitaba. Bastaba un parpadeo para que yo supiera que él lo sabía. ¿Hasta dónde llegaba el mudo psicoanálisis? ¡Cierra los ojos, cabrón, y aspírame! ¡Acerca tus manos y pálpame! ¡Huelo a dinero, tengo el tacto de un puto fajo de billetes! Aspírame y deja de hurgar en lo que no te importa. ¿Qué es lo que quieres, y por qué hace que mis manos suden? Si realmente fuera un fajo de billetes, ahora me estaría destiñendo y si tuviera ya una pistola en las manos, casi seguro que se me caía. ¡Dame el trabajo, cabrón! Soy tan capaz como tú de atracar ese puto banco!

jueves, 8 de abril de 2010

Bab´Aziz




Canta al alma Battiato L´ombra della Luce con unas barbas que me recuerdan al sufí que es. En cada nota de violonchelo, siento cada grano de arena bajos mis pies… el desierto respira la paz que me lleva a esa reunión que está por llegar. La luz mengua para ceder el paso a la circunferencia dibujada en la duna. Es otoño, se levanta una brisa que me acaricia la barba a modo de una madre que canta una nana. El horizonte se une con el cielo, mis ojos con azulinos ocres. Sonrío, exhalo de mis pulmones el aire viciado de un pasado sepultado en paz.

Cierro los ojos por un instante.

MALOS TIEMPOS PARA EL REINO DE DINAMARCA

Siete plagas se abaten sobre el reino de Dinamarca. Hamlet, apesadumbrado, no sabe cómo contenerlas. Fuga de musas, crisis financieras, impotencias creativas, muerte y desolación literaria, fusilamiento de lectores, terremotos que hacen tambalearse nuestras hasta ahora imparables dotes escribanas. ¿Chicos qué nos está pasando? ¿Por qué ha cesado de repente nuestra lluvia de cuentos? Estamos dejando que este blog se convierta en un solar sobre el prestos se ciernen los buitres especuladores. Pronto este rincón será una página web de una inmobiliaria. Nuevas ideas, compañeros de letras, nuevo rapto de musas, vender nuestros cuerpos a cambio de ideas o de buenas historias en prostíbulos y demás lupanares de carretera. Necesitamos una nueva reunión de los espadachines de los versos y los requiebros. Se hace necesaria la reunión del gabinete de crisis, sea dónde sea, en Utrera, Murcia o Albacete. Lo que no llega con la inspiración, quizás lo traiga la absenta, el orujo y demás elixires de leviatán. En fin, camaradas duelistas, paladines de las metáforas, yo, Hamlet, os invoco. Que mi nombre no debe dejar de ser recordado.

miércoles, 7 de abril de 2010



Pintado por Natura el rostro tienes
de mujer, dueño y dueña de mi amor;
y de mujer el corazón sensible
mas no mudable como el femenino;
tus ojos brillan más, son más leales
y doran los objetos que contemplas;
de hombre es tu hechura, y tu dominio roba
miradas de hombres y almas de mujeres.
Primero te creó mujer Natura
y, desvariando mientras te esculpía,
de ti me separó, decepcionándome,
al agregarte lo que no me sirve.
Si es tu fin el placer de las mujeres,
mío sea tu amor, suyo tu goce.
William Shakespeare


Julianismo, lo prometido es deuda. Dime ahora si sigue quedándote alguna duda.
Se busca musa.


Razón aquí.

jueves, 18 de marzo de 2010

A PRISA Y CORRIENDO... EL DUELO DE ESTA SEMANA ES...

Duelistas y duelistos, esto se nos para. Millones de personas ansiosas por leer nuestros relatos, y nosotros empeñados en permanecer en silencio.  Alcanzada la merecida fama no podemos dejar que los laureles nos acunen. Ya sé que no me toca a mí proponer tema para esta semana, pero quien calla otorga... Rebuscando fotografías me he encontrado algunas imágnes que me han llamado la atención. Aquí os las dejo, espero que sirvan de cebo para atraer a las esquivas musas. En fin, perdonad las prisas. Suerte y lo dicho, que nos vuelvan a salir agujetas en las muñecas, los ojos y las sienes de tantas noches en vela, buscando el cuento perfecto.


                                    Escribid, malditos bastardos, que Hamlet se nos apoltrona...

miércoles, 17 de marzo de 2010

IL VUOTO




Siempre tuvo la teoría de que sólo se tenía que escribir cuando se tuviera algo que contar. El día le había llegado, no tenía nada que relatar pero sentía la necesidad de escribir… la última razón que le quedaba para seguir levantándose cada día. Quizás fuera por tanta lluvia, por un exceso de días nublados o simplemente por el mal llamado síndrome de la hoja en blanco, se quedó sin nada que narrar. Miraba imágenes de conflictos que siempre le habían encendido la rabia de expresar la estupidez humana… escuchaba melodías que eran capaces de provocar en el individuo cualquier cosa menos indiferencia… La Nada… sentía que Il Vuoto se había apoderado de su alma…


Hizo balance de su existencia… peor aún, el Vacío se expandía más y más. Como una señal de los dioses, un búho blanco le sobrevoló en una fría carretera secundaria y encontró citas de Leopardi en un cajón huérfano…

Era miércoles, un día cualquier de cualquier mes de cualquier año…Amaneció como de costumbre. El Sol, tímidamente surgía anaranjado de entre las nubes rojizas. Los pájaros en coro piaban con el brío que anuncia el nacimiento de una nueva oportunidad de veinticuatro horas y la suave brisa matinal, los acompañaba en sus repentinos vuelos acrobáticos.

Abrió las puertas de par en par. Respiró profundamente y un pequeño rayo de Sol incidió directamente a sus ojos y en vez de cegarlo, la luz llenó Il Vuoto…

Así como la Noche da paso al Día, el Alma puede abandonar su sepulcro ambulante en un solo instante… y dejar ser L´ombra della Luce…



“Nessun maggior segno d'essere poco filosofo e poco savio, che volere savia e filosofica tutta la vita”. Giacomo Leopardi


Dedicado a Goran Zelic

jueves, 11 de marzo de 2010

The Thin Red Line


Mirada cansada, ojos tristes, la jornada laboral ha terminado por hoy. Sentado en el automóvil, tengo que adaptar los espejos… el cansancio me reduce hasta la estatura y sobretodo, las ganas de volver a este particular arbeit macht frei…

La carretera es toda para mí. Está demasiado oscuro para decir Buenos Días y es tarde para saludar con un Buenas Noches… El cielo, vacío de estrellas está pleno de oscuridad… solo la Luna en cuarto menguante… color púrpura… Miro un poco la memorizada carretera secundaria y a tramos la Luna en su particular juego de tonalidades.

Escucho un coro de melanesios dirigidos por Hans Zimmer en medio de ninguna parte. La oscuridad ha llegado a su fin, a lo lejos, las luces de la ciudad me guían a la “civilización” por un instante. Calles desiertas, el alumbrado público muestra la fantasmal imagen de avenidas ausentes de cualquier resquicio de vida y los semáforos, siguen su mecánica regulación de un tráfico inexistente.

Vuelvo a la carretera, la negrura me restituye mis pensamientos… Surge el nombre de Leopardi… Es curioso que sólo ante la muerte seamos capaces de entender la vida… que contradicción… El reloj ha dejado de funcionar…«Io sono, si perdoni la metafora, un sepolcro ambulante, che porto dentro di me un uomo morto, un cuore già sensibilissimo che più non sente ec.»

Llego a casa, escribo lo “vivido” hoy porque me toca morir. Mañana, naceré de nuevo…y así hasta que escriba la última anotación… La Luna se ha escondido detrás de un horizonte inexistente.



Nota : La foto nada tiene que ver con el relato… el relato nada tiene que ver con la foto… Reid, también es parte de la Vida.

lunes, 8 de marzo de 2010

Jerusalem



Jerusalem no vale tres cruzadas ni tan siquiera una gota de sangre de una nariz rota. Mentiría si negase la belleza intangible de una ciudad milenaria que no tiene nada que ver con cuestiones estéticas ni arquitectónicas, es algo que transciende desde lo más profundo de las entrañas de la madre tierra, la puesta del sol, el atardecer…sus olores…

Como cualquier ciudad de estas características, sus habitantes son los menos proclives a una tranquila conversación, a la acogida hospitalaria o simplemente a tener la humildad de estar a la altura de su histórica ciudad… Creerse el centro del mundo está reñido con la sencillez y sobre todo casa muy bien con la soberbia… Mirar demasiado al cielo, nos priva de estar a la altura del ser humano…












viernes, 5 de marzo de 2010

The Melody at night with you





Llueve. Las gotas recorren el cristal con la premura de una carrera de caballos. El té aún humea demasiado para tomar un sorbo. Juliette pone a Jarret tan silenciosamente que me sorprende el primer toque de piano…”I Got it bad and that ain´t good…”, me sonríe y vuelve a marcharse con su guión en la mano. Sigo observando a través del cristal, mientras intento escribir una escena, como diría Julián, estoy atascaoooo ¡. Miro la taza, creo que puedo dar un pequeño sorbo… bravo , no me he quemado los labios ¡. Por un instante me quedo con la mirada perdida… y a la mente me viene la primera vez que ví a Juliette… en ese momento supe que era ella o nadie… eso es, las vías del tranvía ¡ pero entonces la máquina de vapor… nada ¡. Me levanto y busco a Juliette. Sin hacer ruido, la observo como se estudia su papel, sentada con la disciplina de una párvula en colegio de monjas… Me asalta una pregunta que jamás me plantee… ¿podría vivir sin ella?... tengo miedo al beso del final, ese que sientes como si ella llevara un tenue velo de seda, suave, pero insensible a los labios … duele más ese beso que si te abandonara sin decir Adiós… me doy la vuelta habiendo descubrierto una certeza : Estoy Enamorado de ella. Mi rostro se entristece y vuelvo a sentarme frente a la máquina de escribir, la aparto, tomo papel y una estilográfica… Mi querida Juliette : El día que dejes de amarme, por favor, no me lo digas con un beso…

Death and the flower-1973






Por un beso, una mirada, una aroma, si se puede conocer a otra persona. Quizás no habéis besado, ni mirado ni apreciado el aroma porque aún no la habéis encontrado. Lo “bueno” de sufrir estress post-traumático en un país tercermundista como el mío es que al no haber anxiolíticos estás más despierto y al sentir el dolor del alma, la vida es tangible como el aire que respiramos, como el agua que bebemos. El “primer mundo” es un juego virtual de consola donde hasta el amor se quiere convertir en bytes, chats donde la mentira es la norma, el aire no existe y una foto de 2 megapixeles hace la función del cortejo.

Demasiados besos cuya sensación acaba como el cuadro de Magritte, dos desconocidos que se conocen demasiado bien… unos sacos en la cabeza que no nos dejan sentir al otro…

Un beso dice Te Quiero, Un beso dice Adiós, Un beso…


Ahí afuera existe alguien cuyo Beso no lleva capucha… Id a por él…


Desde la Post-Traumática Sarajevo…

G.Z.






Gnossienne nº 5. Satie




Los visillos de las ventanas flotaban dulcemente con las caricias de la brisa de una noche de verano. La música del tocadiscos sonaba a jazz, entre nota y nota el genuino sonido de la estática enriquecía aquel vinilo. Luz tenue y anaranjada, la justa para crear un ambiente donde la música y la brisa pudieran abrazarse en un movimiento de balanceo, donde ella con el cabello aún húmedo de la ducha, acompasara su caderas con las mías en un eterno baile…en una eterna unión… Vainilla, su pelo olía a vainilla… sus manos me recorrían la espalda tan dulcemente que la música palidecía y yo quería vivir eternamente con ella…

Su cuello, terso, largo…era mi horizonte, su hombro mi consuelo…la música sonaba

Al fondo de la sala, una televisión muda emitía un videoclip de los Joy Division .

La brisa me acarició el rostro a modo de beso, de beso de despedida…abrí los ojos, la habitación seguía igual, la luz más tenue, ella no estaba… sentado en aquel sillón, miré el telegrama que yacía convertido en una pelota junto al teléfono descolgado … Abrí otra botella y me quedé mirando a través de la ventana aquella dulce noche de verano…el disco había finalizado, ahora sólo se escuchaba el rumor lejano del tráfico nocturno…

jueves, 4 de marzo de 2010

ROHMER, MENOS MAL QUE TE HAS MUERTO

          Quiero saber qué es el amor y he acudido a Rohmer en busca de respuestas. Rohmer, el director francés. Ha sido un error. En su película, sólo he visto un despliegue de mujeres hermosas, de situaciones absurdas, de conversaciones tediosas y pretenciosas sobre la filosofía de Pascal o sobre el cristianismo. No he entendido absolutamente nada, pronto me ha resultado agotadora su manera de narrar las cosas. Las escenas se han desplegado en un sinsentido de posturas pedantes, superfluas, irreales, imposibles, amaneradas y sin un objetivo fijo. Siempre he recurrido a “lo francés” para buscar algunas respuestas. He sentido una especie de atracción, de manía, por “lo francés”. Su cine, su literatura, tan sofisticadas, tan profundas, tan centro de todo. Sin embargo, una y otra vez sólo me he encontrado con cantos de sirena, trajes nuevos para el emperador. Sí he descubierto algunas respuestas, milagrosamente válidas, al sur de los Pirineos. Toda la literatura francesa no vale lo que un verso de Miguel Hernández.

          En realidad la pregunta que le hacía a Rohmer era más sencilla, o más concreta. Nada de amor, simplemente quería saber si se puede conocer a una mujer con un simple beso. Ese es el tema propuesto para esta semana ¿no? Para colmo es un tema que he propuesto yo. Al menos esa es la pregunta que me hice al descubrir el cuadro de Magritte. En “Mi noche con Maud”, la película de Rohmer a la que he preguntado, no he conseguido encontrar una sola frase o idea que enlazar con ese cuadro. Algo que me de pie a escribir un cuento de un folio, para solventar mi extraña propuesta de esta semana. ¿Qué pregunta o qué idea les habrá sugerido a mis compañeros de juegos literarios, Cristina y Javier, ese mismo cuadro? Me muero de ganas de saberlo y de leer los cuentos que escriban al respecto. Mi mecánica, mi rutina, al escribir los cuentos semanales suele ser siempre parecida. Primero paso un par de días rumiando la idea, vareándola dentro de mi cerebro mientras paseo, o tomando un café, o en cualquier otro momento. Procuro siempre tener esa idea cerca de mí, como quien lleva un papel arrugado en un bolsillo y no deja de apretarlo con la mano, por si surge la inspiración. Pasados los días si no se me ocurre nada, empiezo a desesperarme. Intento enlazar esa idea, meterla a presión en alguna otra idea que tenga guardada de otro momento. Es un recurso un poco forzado, para salir del paso y cumplir con el reto. Eso es lo que me está ocurriendo ahora mismo. De todos modos, es agradable pasar varios días dedicándole tanta atención a un cuadro de Magritte, a la pregunta de si es posible conocer a una mujer con un solo beso. Es una tenue manera de sentirse vivo; quizás el principal motivo por el que intento escribir en este blog. Gracias también a estos juegos literarios he descubierto una artista y he recuperado a un genio, bueno, a dos si contamos con Goran. Compañero, pronto iré a verte a Belgrado, o a Sarajevo, o a dónde diablos te encuentres.

         Se acaba el folio, esta estrecha frontera, y no ha surgido, repentino, el cuento. ¿Se puede conocer a una mujer con un solo beso? Sin relato que ofrecer esta semana, y usando las películas de Rohmer a modo de posavasos, mi respuesta es “Ojalá que no”. Por cierto ¿dónde coloco a los Joy Division? Alicia, niña extremeña, esta vez no tendrás piedad de mí.




Dedicado, al menos, a Alicia, Cristina, Javier y Goran y por su puesto a Rohmer.

lunes, 22 de febrero de 2010

CON UN POCO DE RETRASO...IDEAS PARA UN NUEVO DUELO LITERARIO...

Chicos, perdonad mi tardanza pero por diversas estrategias en las que seguro que el diablo ha metido mano, he pasado más de una semana alejado de cualquier terminal o demás aparatejo electrónico con acceso a internet. No tenía muy claro qué proponeros esta vez, para depestar nuevamentevuestras calenturientas mentes y hábiles plumas. Pero mira, a bote pronto, os propongo no una sino dos ideas que os tienten... La primera:

- Escribir un cuento con las imágenes que os produzcan la canción de Joy Division, "Love will tear us apart". Es un grupillo que estoy redescubriendo poco a poco, así como a sus etílicos y sus estupefacientes amigos de The Factory...Muy oscuro, por cierto, y ya sabéis la tendencia que tengo yo siempre a lo oscuro.

- La segunda opción, pues mira, os propongo escribir un cuento sobre este cuadro de Magritte que creo tiene mucha chicha para sacarle algo ( y no es tan oscuro con los Joy Division).

En fin, compañeros escribanos, esta es mi propuesta para esta semana. Un saludo y a todo aquel que nos lea, también está invitado a colaborar. Las reglas son sencillas, un cuento, o cualquier expresión artística, pero que no ocupe más de un folio. Esa es la única restricción, ah, y con sólo una semana por delante.

Saludos a todos y mucho ánimo... Os hará falta para vencerme en esta nueva lucha barriobajera y literaria...

                                                                         http://www.youtube.com/watch?v=3Ii8m1jgn_M

miércoles, 17 de febrero de 2010

L´ombra della luce


Atardece en el Gobi… las estrellas iluminan con impaciencia el cielo mientras el horizonte anaranjado da paso a un azul marino que pronto se convertirá en L´ombra Della luce… A los lejos, como venidos del más allá, aullidos convertidos en lamentos nos recuerdan que no estamos solos…

Cada estrella compite en su minúsculo blanco parpadeante… la luna retrocede a modo de cuna, meciendo los ojos de aquellos que aún sobreviven en la Nada…

De repente, la inmensidad del Vacío nos devuelve la conciencia de la unicidad del universo… Somos El Todo, Somos La Nada… Somos…

Las estrellas permanecen en su efímero parpadeo…






sábado, 13 de febrero de 2010



    Con las prisas, se le cayó la cuchara de las manos. Tampoco atinaba a ponerse el abrigo, y decidió tirarlo a la cama e irse sin él. Andaba con paso rápido, y prefirió no mirar atrás por temor a arrepentirse. Por una vez en su vida, dejó guiarse por algo que no fueran la razón o sus derivados.



    Aunque en ningún momento hubiera considerado que estaba realmente enamorado, sintió una punzada en el pecho cuando vio, en el lugar donde habían quedado, una ambulancia, y un cordón policial que no le dejaban acercarse a lo que, diez minutos antes, había sido la causa de su nerviosismo, de la caída de la cuchara, y de que fuera en mangas de camisa a tres bajo cero.

jueves, 11 de febrero de 2010

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    Tristeza no era la palabra, aunque el día se empeñaba en que sí lo fuera.

    Las baldosas se sucedían unas a otras, grises. A cada paso, sus movimientos iban perdiendo la uniformidad, volviéndose heterogéneas sus zancadas y sinuoso el avance. Al llegar a su casa, sacó las llaves -no sin antes vaciar el bolsillo entero- y abrió la puerta tras el quinto intento.
Los cadáveres de polillas se amontonaban por los rincones de la casa. La luz que se filtraba por las persianas dibujaba formas por toda la estancia. Aunque quizá era el polvo quien esbozaba las formas, y no las formas en sí mismas.

    Palpando torpemente aquello que se interponía en su camino, dio con el perchero. Dejó su sombrero y continuó por el pasillo, tropezando con los vidrios vacíos. Oscilando como un péndulo que desafía su metódico vaivén, logró llegar a su cama. Deshecha desde hacía semanas, le dio la bienvenida. La agonía pasaba ahora a lo horizontal.
Como cada día, intentó llamar al gato, sin obtener respuesta alguna. Llevaba en aquel rincón semanas -¿o meses?- inmóvil, sereno. Pensó que quizá lo mejor sería seguir su ejemplo, pero al cerrar los ojos descubrió que lo estático dejaba de serlo y que todo giraba alrededor de él, su cama y las botellas vacías, que paulatinamente habían ido reemplazando a los cojines. Un universo demente aparecía a cada tic del reloj, para desaparecer tras el tac. Aunque él hubiera jurado que no tenía reloj.

Nine Lives

Dos más que la de una gato… En cada mirada una vida, en cada vida una historia.


Entrelazados como la hiedra, cada historia converge con otra historia y así el mundo sigue en su giro celeste una vez al día… historias de historias, vidas de vidas… pensamientos, sueños, miedos, sensaciones…alquímicamente mezclados cuya fórmula jamás descubriremos…

Soledad de soledades, Amor de amores… la música suena de fondo…una banda sonora tan particular como el individuo… mientras, la tinta marca a modo de sismógrafos el destino… el color blanco dicta sentencia…

De entre las nubes de un cielo celeste, un rayo de sol se abre camino durante un instante, roza tu rostro, cierras los ojos y durante una eternidad que dura unos segundos sientes que estás en paz… y así, el mundo sigue su giro celeste una vez más…





lunes, 8 de febrero de 2010

POETAS ABANDONADOS

La calle Stuyvesant está dormida los martes por la noche. Nadie se pasea por ella a esas horas. Sólo se escucha a los gatos retozar mansamente debajo de los cartones acumulados en los callejones. Todo el mundo está esa noche apiñado en el bar de Patty´s. Todos los vecinos del barrio, y alguna cara nueva cada semana que se une a las de los parroquianos habituales. Todos se juntan allí para escucharle hablar.  Llega todos los martes a la misma hora y se sienta en el mismo rincón de la barra. Pide su par de botellas de güisqui y comienza a beber. Parece no percatarse de que se ha hecho el silencio cuando él ha entrado, y que todos se han girado, pendientes únicamente de su figura zozobrante y desarrapada. Se detienen los gestos, y hasta las volutas del humo de los cigarros parecen congelarse en el denso espacio. Cesan también los cuchicheos, el tintineo de las copas, el ir y venir de bebedores entre las mesas. Y muy pronto, el extraño personaje, sin previo aviso, tras los primeros sorbos, comienza a hablar. Siempre el mismo ritual, aparentemente anodino, imprevisto. El insólito poeta venido de la nada comienza a contar las historias más extraordinarias, o a recitar los versos más increíbles. Así estará durante las próximas horas. Cada una de esas noches es un misterio…y un milagro. Los párrafos  que persiguieron toda su vida Celine, Miller, Kerouac, Fante, Bukowski y demás malditos, los escupe él con un desparpajo inaudito, con una soltura pasmosa y una hábil decadencia en los gestos. Habla de lugares increíbles, de verdades que en sus labios se tornan bolas de granito, de personajes importantes que llegaron a serlo por seguir sus consejos. Cuenta por ejemplo, como pasó una noche entera en un bar de Lavapies, enseñando a Hemingway lo que era la vida, y como después, cogió su fusil y se fue con los milicianos a matar fascistas a la Sierra de Guadarrama. Eran los días de la guerra civil en España. Fue partisano y francotirador de cantares en Yugoslavia. Se pasó muchos años borracho por las calles de Belgrado. Es un Li Po definitivo, rotundo, ajeno a su poder habla y habla y embriaga con suma facilidad a todos los que le rodean. Sus palabras son precisas, perfectas, intensas, irreprochables. Todas y cada una de las personas que cada martes le rodean encuentran las respuestas a preguntas que incluso no se habían hecho. Anodino, desaliñado, de edad indefinible, es sin embargo, un maestro de las frases, un virtuoso de las parábolas, un perito de las noches. “…luchar por cada minuto es, luchar por lo que es posible en tu interior, de manera que tu vida, y tu muerte, no sea como la suya. No seas como ellos, y sobrevivirás, minuto a minuto…”. Y continúa con frases por el estilo…”hay que morir varias veces para vivir de verdad”. De fondo, siguen sonando las canciones de Segeer o Vinicius, que el camarero ha olvidado apagar. Como todos, también está absorto en el solemne espectáculo que se desarrolla en su bar. No varía su gesto, apenas parpadea, con la colilla apagada entre sus labios, los codos apoyados en la barra y la cara sobre sus manos. No le importa que esa noche apenas haga caja. Nadie se acerca a pedirle otra cerveza, para no interrumpir al poeta que habla, al hombre que desmitifica, al dios hecho realidad. Los oyentes se van empapando de esa preciosa lluvia de palabras, se van embriagando de sus verdades, notan como se van hinchando los espíritus y van resurgiendo los sueños y las esperanzas. Una euforia lenta y callada se va apoderando del local y va aplastando todas las almas. Hasta que se alcanza el éxtasis, un delirium tremens de promesas y léxicos. En cada uno de los asistentes estalla una lujuria de axiomas y quimeras. Pero la noche al fin se acaba, y el extraño personaje se calla, todos van regresando a sus casas. Se transforman en tambaleantes figuras, aturdidas, abrumadas por la esencia de los versos que aun resopla en sus corazones, desperdigándose las sombras por la oscura calle Stuyvesant. Por la mañana, les asaltarán la resaca, el miedo a afrontar los sueños que se desataron por la noche, la rabia de haber masticado una pequeña revuelta pero la conciencia de que no pueden tragarla. Sus almas están definitivamente marchitas, inútiles para la vida. Nadie burlará ya su destino, todos volverán a la rutina, volverán a sus grises empleos, pero volverán también las noches de los martes en el bar de Patty´s. Yo, como ellos, sólo espero ansioso, la llegada de esa próxima noche, en la que vuelva a resurgir el genio. Del nocturno bardo no os puedo decir gran cosa. Comentan por ahí que se llama Goran Zelic, y que es eterno…
 
Dedicado a Pati Morán, una gran
amiga al otro lado del océano... 

domingo, 7 de febrero de 2010

INTO THE WILD


Una y otra vez sonaba… “Hard sun” de Eddie Vedder

Todos morimos un poco cada día. Un día morimos del todo…Entonces viviremos en el recuerdo de algunos y esos algunos también morirán… Para la mayoría, su forma de vivir es quedar en el efímero recuerdo de aquellos que vivirán en el recuerdo de otros… Entonces desapareceremos completamente todos…

Vivir no es sólo Existir. Las piedras Existen y no Viven.

Atrapados en existencias que niegan de plano la Vida, marchamos con la cabeza gacha al unísono como en el cambio de turno en Metrópolis, para volver al subsuelo de donde se alimenta el engranaje de la superficie.

De vez en cuando, de vuelta del trabajo o de la compra, te quedas con la mirada perdida un instante…en esos segundos, un pensamiento pasa por la mente… analizas tu vida en cuestión de milésimas de segundo… sin saber porque, el silencio te invade y en secreto sueñas con recorrer praderas repletas de amapolas rojas, coronar montañas, extender los brazos y en la inmensidad de ese espectáculo de la naturaleza grita a pulmón “VIVAAAAA LAAAA VIDAAAA”… sin aliento, te sientes realmente Vivo…el silencio es roto por la palabra mágica.

Si todo se reduce al canibalismo de un empleo de mierda, ser funcionario, una hipoteca, gente malhumorada por la calle, la Universidad, Gran Hermano, el IBEX 35, la liga de futbol, las revistas del corazón, Facebook, infojobs, un Master, sindicatos, oposiciones, envidias, miedos… La Nada… y acabar en un tanatorio higiénicamente impecable… la repuesta es… “IROS A LA MIERDA”.


Una sola Vida. El Tiempo continua imparable marcando los segundos que nos restan hasta la última expiración… el último soplo de Aire que entrará en vuestros pulmones…

Una y otra vez sonaba… “Hard sun” de Eddie Vedde





“In tempi come questi, la fuga é l´unico mezzo per manternersi vivi e continuare a sognare” Henry Laborit




A JULIÁN, EL MEJOR POETA QUE HE CONOCIDO.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Che gelida manina



El silencio era roto por un rumor que al fondo de la casa sonaba lentamente más y más alto. A cada paso que iba dando, reconocía palabra a palabra la letra de aquella maravillosa melodía… che…gelida… manina… la Bohème… La estancia estaba rabiosamente revuelta como si el dolor hubiera vuelto loco a un tigre herido. El sol ponía en evidencia la paleta de color, la ropa, los muebles eran un todo perfectamente combinado en un arco iris de algodón y madera… Una figura frente a un enorme ventanal, sostenía sus manos en el alfeizar a modo de apoyo, la cabeza gacha y su cuerpo, ponía de su parte para dejar de temblar… Ante la presencia del extraño, dejó de apoyar una mano y sin cambiar su posición apesadumbrada, la levantó como signo de normalidad. El visitante miró el origen de la música y observó que estaba en posición de bucle un solo track, se dio media vuelta y dudó por un instante, movió ligeramente la cabeza y se marchó.


Volvió a poner la mano en el alfeizar…levantó la cabeza…miró fijamente al mundo y con un simple impulso saltó… en la estancia seguía sonando Che Gelida Manina.

martes, 2 de febrero de 2010



    Calcetín, pluma, termómetro, agua, atractivo.
 
    Con rabia, tiró el termómetro al suelo. Ni un atisbo de fiebre que le permitiera abordar una excusa creíble... Tendría que acometer sus temores con valentía, dejar a un lado su lado más cobarde e infantil. Se lavó la cara con agua fría y se vistió: ropa interior, calcetines, camiseta y pantalones vaqueros.
Se miró en el espejo, y durante una fracción de segundo pudo ver a alguien atractivo. Lástima que aquella visión antojadiza se desvaneciera nada más aparecer. No se sentía preparado, pero cogió una hoja, y empezó a escribir. Lo que saliera de allí, poco importaba: la pluma hubiera sabido de sobra que no tenía fiebre, y que era un cobarde.