jueves, 15 de abril de 2010

EURIA ESAN ETA ERORTZEA

Siempre me ha gustado recibir cartas. Aunque sería mejor decir que siempre he creído que me gustaría recibir cartas. Porque nunca he recibido ninguna. Todos los días, antes de salir a la calle siempre hurgaba en el buzón en busca de alguna misiva, pero siempre me encontraba los mismos papeles: publicidad, facturas y más publicidad. De modo que un día decidí escribir yo una carta y enviármela a mí mismo. Y así lo hice, rellené algunos folios narrándome varias anécdotas y contándome quién era yo, aunque claro está, todo eso yo ya lo sabía. Rematé la carta con un par de abrazos, buenos deseos y otro par de besos de papel. Cerré el sobre y le estampé un hermoso y radiante sello. Escribí mi nombre y dirección en la parte delantera y repetí esos mismos datos en la parte posterior, a modo de remite. Salí a la calle contento, con el sobre en la mano, blandiéndolo como si fuese un tesoro maravilloso. Lo eché en el primer buzón que encontré. Y esperé durante unos días, ansioso por encontrar esa hermosa sorpresa en mi buzón. Repetía mi ancestral ritual de explorar el buzón todas las mañanas, con una sonrisa pícara sabiendo que uno de estos días si me encontraría por fin una carta dirigida a mí. Pero los días pasaron, y el buzón seguía recibiéndome con la misma porquería publicitaria. La carta nunca me fue enviada. En realidad, la carta me fue devuelta. Un buen día, pasados ya unos meses y olvidada ya su espera, el sobre apareció en el buzón. Y en una de las esquinas llevaba impresa una inscripción: “Destinatario desconocido. Imposible entregar carta”. Abrí el sobre extrañado, buscando dentro alguna otra anotación que me desvelase este misterio. Pero no, en el sobre no había nada. El sobre estaba vacío.
La felicidad es decir lluvia y que llueva...

5 comentarios:

Tresmasqueperros dijo...

¡Qué miedo!

Me encanta.

C.

Tresmasqueperros dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Goran dijo...

bravo ¡

Tresmasqueperros dijo...

Goran, vente para España...

Ra dijo...

Ups! me ha dado miedo tío!
Qué estremecedor, no?
Igual hay otro Julián por ahí esperando ansioso cartas en su buzón y ... no sé... de aquí puede salir otro cuento... desde la persona que descubre y recibe la carta, no?
Besossss