martes, 22 de diciembre de 2009

DE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO




Aquellos enormes ventanales dejaban pasar la pureza del amarillo vespertino, esos diez minutos de las mañanas del ocaso del invierno, donde el espectro se queda mudo en la paleta áurea. La vacía estancia de techos inalcanzables magnificaba cada una de las motas de polvo en suspensión que cobraban caleidoscópica existencia con cada rayo de sol. Era martes, el día con menos personalidad de la semana. Aún con la taza de café humeante en la mano, miraba a la calle apoyada en el alfeizar de uno de los ventanales. Miraba sin ver, y de vez en cuando, cerraba los ojos para organizar todos aquellos pensamientos que le asaltaban. Cada sorbo era una pausa, cada parpadeo una liberación. Miró el reloj, aún tenía cinco minutos antes de abrir las puertas y encarcelarse durante ochos horas con turistas en gira cultural ávidos de arte manufacturado.

Miércoles, punto de no retorno de la semana. Demasiado lento para llamarse rápido, demasiado pequeño para abarcar todo el planeta. Página en blanco, espera gris. La luz artificial enaltecía la pantalla del ordenador sin nada que decir, mientras unos ojos hipnotizados en la nada reflejaban el vacío. Suena la puerta, llama el pasado, la pantalla vuelve en sí. El tiempo pretérito sigue el guión, cada palabra cada gesto, el mundo vuelve a la normalidad por última vez. El pasado se despedirá sin decir adiós, el futuro acaba de nacer.

Domingo, huele a incienso, día rancio por excelencia…su aburrida existencia ha matado a más gente que la tuberculosis. Tan cerca como el aire tan lejos como el universo.


Recomendación del día : Tómense varias copas de Somontano.

martes, 15 de diciembre de 2009

EL FABRICANTE DE ALAS DE MARIPOSA

Caminábamos por uno de las callejuelas que bordean Rampart Street cuando la vimos a lo lejos. Vimos la ventana de su casa con la luz encendida.

-  -   Mira hermano, parece que todavía está despierto.
-   -   Sí, suele acostarse muy tarde.
-   -   Dicen que desde la derrota no puede dormir bien.
  - Joder sí, tiene tanta rabia acumulada que no puede digerirla. Se pasa noches enteras sentado   en el sillón, con los guantes entre las manos, mirándolos como si no supiese lo que son.
-  Pero eso fue hace muchos años, ¿no?
- No tantos, hermano, no tantos. Hay golpes que duelen toda la vida. Y derrotas que nos acompañan hasta la muerte.

Era el combate del siglo, tío. Parecía que toda la historia del boxeo hubiese existido solamente para converger en esa noche. Nos había costado muchos años que los blancos nos dejasen pelear contra ellos, en combate legal, de igual a igual, a los ojos de todo Nueva Orleáns, y por fin habían accedido a nuestro reto. Nos dejaron, los blancos, nos dejaron pelear contra ellos porque estaban confiados en su victoria. Confiaban en su McNeal. Un irlandés grandote, católico y  muy blanquito de cara. Era un puro saco de grasa, lento de reflejos y desmañado como una mula con los puños. Nosotros, sin embargo, le teníamos a él. Teníamos a Riviere. Una locomotora de ciento veintitrés kilos, puro músculo tostado al sol, pero ligero y rápido como una ráfaga de viento helado. Mejor, como una mariposa. Por eso le llamábamos así. El Fabricante. El Fabricante de Alas de Mariposa. Y es que sus golpes eran como alas de mariposa. Parecía un milagro que algo tan grande fuese capaz de golpear a alguien con esa manera tan sutil, casi no te dabas cuenta que te había dado un sopapo hasta que te ibas de morros contra el suelo. 

-     ¿Llegaste pelear contra él?
-     Pelear lo que se dice pelear, ni de coña. Me subí a la lona y estuvo sacudiéndome de lo lindo durante un par de minutos. No pude aguantar más. Mi único consuelo mientras me machacaba era pensar que esos mismos puñetazos serían dentro de poco para McNeal.  Por fin íbamos a poder patearles el culo a los blanquitos.

Todo el geto de Faubourg Tremé estuvo haciendo de sparring para El Fabricante. Ninguno le aguantábamos más de un par de minutos. Era capaz de tumbar a una docena de tíos en menos de quince. Era gracioso ver la montaña negra y roja, de cuerpos inconscientes que se iba formando a lo lado de ring. Les tirábamos cubos de agua pero no había díos que los espabilase. Todos nos pasábamos nuestro buen par de horas más muertos que vivos. Todos dejamos machacarnos el careto solo por ver como al final también le partirían el alma al saco de sebo de McNeal. Queríamos darle en todos los morros a toda la jodida raza blanca.

-        Y llegó el día del combate…
-        Y perdió…
-       Si tío, perdió, nuestro jodido negro perdió Y lo peor no fue que perdiese, fue el modo en que perdió. No sé muy bien que pasó, pero el tío, el que subió esa noche al ring no era El Fabricante. No hizo nada a derechas durante todo el combate. Se limitó a dejarse golpear como un pelele hasta que al final se cayó de puro aburrimiento. Creo que el bastardo de  Mcneal no lo hubiese tumbado aunque se hubiese pasado toda la puta noche golpeándolo con una pala.
-      ¿Crees que se dejó perder?
-     No creo hermano. Lo que le pasó al fabricante fue algo raro. Estaba como maldito. Nos jodió bien jodido verle perder de esa manera.

Cuando llegamos a la puerta del edificio seguía habiendo luz en la ventana de El Fabricante de Alas de Mariposa. Así que entramos en el portal y subimos hasta su apartamento.  Llamamos a su puerta, pero el fabricante no respondió. Quería verle, quería hablar con él, quería convencerle de que me enseñase a pelear como él.  Habían pasado diez años desde su combate con McNeal y todavía nadie había conseguido hacer morder el polvo a ese malparido irlandés. Todo el barrio de Tremé quería verle escupiendo sangre. Y quería ser yo el primero que derrotase a NcNeal.

A la memoria de Sergio Algora

jueves, 10 de diciembre de 2009

Coteaux du Languedoc



Empezó con un viaje relámpago vía Ave a Madrid con un sabor a whisky de malta que no abandonó hasta pasada la mágica media noche del 31 de diciembre de 2006. Así, ebrio de ardor escocés, inició un año que podríamos calificar de curioso. El invierno fue seco y templado, la tierra era exprimida por unas cepas que agonizaban por un suspiro de humedad. Javier aprovechaba las postrimerías de aquella estación para agotar las reservas de espirituosos anglosajones de su bodega. Amancio no canta pero impregna poesía. La primavera llora, la tierra recoge cada lágrima para nutrir gota a gota cada uva de la vid. Aquel verano del 2007, Lorenzo broncea a ricos blanquecinos en Cannes, mientras el azúcar va forjando las enjutas y ennegrecidas lágrimas de Languedoc.


El final de la estación alumbra un parto cuyo nombre empieza por Excelente, el Coteaux está preparado, un largo sueño de dos años lo hará adulto para ser saboreado por mí, un día como hoy en una copa. Son las 6.15 de la mañana. Una ternera vuelta y vuelta inaugura un nuevo día a modo de desayuno. Mientras escribo cómodamente en mi sofá, tomo a pequeños sorbos este vino con el cual brindo por un año que nos traiga buena cosecha como la de 2007 o al menos más relatos en este blog.



martes, 1 de diciembre de 2009

¿Por quién doblan las campanas?





“Con lágrima en los ojos entró en casa con paso firme y con esa mirada que llamamos determinación. Se miró en un espejo, encontró un hombre cansado y envejecido pero no derrotado. Observó sus ojeras negras, surcos marcados por la vida sin compadecerse. Se miró fijamente para encontrar vergüenza en ello, pero siguió impertérrito frente a sus ojos brillantes por unas lágrimas que emanaban directamente de su alma, días eternos…vida efímera…”


- Así termina la novela. ¿Qué te parece?.

- Uuhhh… un poco triste ¿no?.

-¿Triste?

-Si, todo ese rollo de la guerra, el sufrimiento, como va perdiendo a gente…ya sabes…eso no le interesa a nadie. El personal está más por historias que no le hagan pensar demasiado, y ese dramón existencial que tiene a lo largo de la novela que si, que no… La vida es otra cosa.

-La vida de quién.

-Pues la mía, la tuya. La universidad, encontrar un trabajo de mierda y una casa para vivir, que no sabes como está el alquiler de jodido, tío. Además, de la guerra y las injusticias estamos insensibilizados con el telediario, vemos muertos todos los días y guerras de todos los colores y sabores . ¿Crees que la peña se come el tarro cada vez que lo ve? Hasta que el muerto no está en tu puerta, nadie huele nada…Lo siento tío pero las cosas son así. Dedícate a buscarte una subvención y haz cualquier mierda cultureta y te apuntas al Partido que, como le den por ti, no pegas un palo al agua en tu puta vida. Artista subvencionado, tío, ese es el futuro… bala fuerte y sigue al rebaño…

- ¿Miles de años de evolución para acabar siendo una oveja? Me quedo con mi condición de Ser Humano. Además todas las consultas con el logopeda para cambiar la Palabra por un sonido gutural…no.

-Tu mismo, pero la realidad te pondrás los pies en la tierra.

-¿Esa misma realidad que te transforma en un animal de granja?¿Esa misma realidad que te aleja de la Realidad?¿En que Tierra, dónde vas a pastar?. Pensaba que vivir significaba pasar por los momentos buenos y malos, así se valoran más las cosas que tienes pero…quizás estaba equivocado…

-Eso es, tío. Céntrate en el buen rollo, estamos en Yugoslavia no en Afganistán, se preocupen los soviéticos de su guerra…Vamos, invítame a unas cervezas que la beca ya me la he fundido este mes…buen rollo tío…y el próximo año nos piramos a la Olimpiadas de Barcelona…


"Nur um ber Hoffnungslosen willen ist uns die Hoffnunggegeben"

"Sólo gracias a aquellos sin espereranza nos es dada la esperanza" Walter Benjamin


lunes, 30 de noviembre de 2009


Al habla Cris.

No se me atribuya la autoría del siguiente relato, pues pertenece al insigne caballero Anónimo Cobarde quien, oculto entre unos etílicos párrafos, nos acompaña en este duelo.




Es noche cerrada, y llueve a mares. El agua repiquetea incesantemente contra el asfalto. Apoyado en la grotesca fachada derruida de un edificio en ruinas, un tipo de mirada turbia y hombros hundidos da las últimas caladas a un cigarrillo, indiferente, mientras el gemido desgarrado del viento le eriza el vello de la nuca. Si está llorando, -es difícil decirlo- la lluvia arrastra sus lágrimas a las cloacas.

El tipo llega hasta el final del cigarro con una lenta última chupada, y se pone en marcha, dejándolo caer. Calado hasta los huesos, cruza con parsimonia la calle desierta para entrar en el sórdido portal de un negro rascacielos. El vigilante le mira con desinterés.
  Vengo a ver al fab...
Sí, sí, sí – interrumpe el vigilante, impaciente, de rostro cetrino. – Sólo hay una persona en el edificio a estas horas, aparte de nosotros. Planta veinticinco, puerta efe – indica, señalando al ascensor. – Le recuerdo que todo el edificio está permanentemente vigilado por un circuito cerrado de televisión, así que no haga tonterías.

Sigue las indicaciones hasta el ascensor. Mientras espera a que baje casi cien plantas, su mirada revolotea por toda la estancia como una mosca cojonera. Se alza grácilmente desde el botón del ascensor hasta las macetas rebosantes de plantas sedientas que hay justo enfrente. Después, se posa en el vigilante, que ha vuelto a sus ignotas tareas. De ahí a la mesa llena de papeles desordenados, y luego al panel lleno de monitores. Entonces, el ascensor avisa de su llegada con un estridente pitido mientras las puertas mecanizadas se abren a trompicones.

Minutos más tarde, veinticinco pisos más arriba, las puertas se abren de nuevo con el mismo pitido estridente. El visitante sale con paso firme, y echa a andar por el pasillo hasta que llega a la puerta señalada con una efe llena de florituras. Golpea enérgicamente la puerta una, dos, tres veces, y espera, espera, espera, hasta que el rumor de unos pasos arrastrados se acerca a la puerta, que se abre tímidamente hacia dentro. Un hombre bajo, gordinflón, de mejillas hinchadas y denso mostacho asoma la cabeza por la levísima abertura de la puerta, dispuesto a preguntar por la  indeseable identidad de quien interrumpe su trabajo a tan inhóspitas horas, pero se lo impide una potente patada que abre de par en par la puerta y le hace retroceder unos pasos. El visitante se lleva la mano, fugaz, al bolsillo, de donde saca algo de colores brillantes que arroja con fuerza al suelo, a los pies del gordo, que recula asustado.
   ¿Eres tú quien fabrica estas mierdas? – pregunta.
El fabricante se acerca al objeto del suelo y, tembloroso, lo recoge con cuidado. Es una mariposa de plástico.
    So... Sólo las alas – tartamudea.
¡Es defectuosa! ¡No vuela!
¡Claro que no vuela! ¡Es un juguete!
¡Es una mariposa! ¡Debería volar! – el tono sube con cada frase. – ¡Nadie me advirtió! Me ha dejado – susurra, finalmente.
¿Que te ha dejado? ¿De qué me hablas? Es más, ¿Por qué debería importarme?
Mi prometida. Nos íbamos a casar. Pero me ha dejado por tu mierda de mariposa. No vuela.
Pero, ¿qué cojones estás diciendo? De los motivos que puede tener alguien para romper contigo, una puta mariposa es el último. Ahora, si quieres te devuelvo tu dinero y te largas cagando leches de aquí, antes de que avise a seguridad.
No quiero tu dinero.
Dicho esto, se lleva la mano al cinto y desenfunda una enorme pistola semiautomática. Comienza a disparar y antes de que el otro hombre caiga al suelo le ha vaciado medio  cargador  -cuatro  balas  del .45- entre ceja y ceja. Hecho esto, muerde el frío metal, cierra los ojos, y, suavemente, acciona el gatillo por última vez.

martes, 24 de noviembre de 2009

Moscanice vodo plemenita




Una copa de Merlot, Satie y en medio del más absoluto silencio… una vela que se agota…


Finaliza el mes de Noviembre, mes espiritual por excelencia… y las notas del piano suenan lejanas como nuestros recuerdos… Una mesa apila papeles y más papeles… una pipa…una caja de galletas danesas… Satie…

Una llamada, los recuerdos vuelven… Ahora es primavera, la luz se filtra a través de aquellos ventanales… los niños juegan en el patio…el sol de la tarde hace de los cristales entremezclados con la gravilla un espectáculo caleidoscópico… los chiquillos juegan… la vida pasa como giran las manecillas del reloj… Merlot… el piano sigue sonando al fondo…

El invierno llegó sin previo aviso… el chiquillo es ahora un hombre… la primavera murió el mismo día que cumplía diez años… las manecillas siguen girando…

El verano fue corto y tórrido… el hombre es ahora un anciano de treinta años…Gnossienne nº1 suena… está cansado…la mesa tiene cartas sin abrir…

Es Otoño… pide un deseo… ya sólo suena Satie…


Robert Capa lo observa desde una estantería del madera…se acabó el Merlot… el gato sigue dando puñetazos…un puñetazo, un segundo…sesenta puñetazo, un minuto…

Enciende un cigarrillo y se da una tregua…la cabala no engaña… 2010… fin y principio…

Es noviembre, el mes de los recuerdos… una foto de Carol le recuerda esa ciudad que le debe tanto y que jamás se dejará querer… oh, Granada ¡ Jerusalem palidece ante tu misterio… la luz, mientras, desaparece lentamente y la noche nos muestra desde el Mirador de la Luna esa Granada que sin Kika… Brigitte…Betti… no hubiera sido nada… Es la hora… ya sólo suena Satie.






UN NUEVO DUELO



Bueno, duelistas, raudos preparados y desenfundar prestos vuestras plumas que aquí os dejo el nuevo tema sobre el que versará una nueva escaramuza de metáforas, lucha de verbos, abordaje de pleonasmos. En esta ocasión pretendía ser harto original y elegir para esta nueva aventurilla literaria, alguna de las frases que antaño decoraban las puertas de los aseos y letrinas de todas las tascas, bares y tabernas de la geografía patria. Pero oh, maldición, en estos tiempos de higiene, de europeismo, de civismo, y sobretodo de Internet, me ha resultado imposible encontrar un solo urinario en el que deleitarme con la sabiduría que en esos rincones derrama el populacho a la par que aligera sus vientres. ¿Qué fue de esos entrañables foros populares que eras las puertas de los servicios, qué fue de esos mensajes de amor, de esos dibujos obscenos, de esos desvaríos racistas, de esos números de teléfono anotados en incómoda postura, con cierta prisas, cierta apretura en el esfínter e incierta caligrafía?. En fin, en estos tiempos del cyberespacio, las nuevas generaciones prefieren los computadores para lanzar al aire tales joyas de repentina literatura … Son nuevos los rincones a los que asomarse para saber cuáles son las nuevas inquietudes que acongojan ahora a la raza humana. En fin, creo que las puertas impolutas de los aseos de bar es una prueba más de la decadencia social a la que irremisiblemente parecemos dirigirnos. Eso o que yo debería volver a frecuentar los baretos cutres, las tascas de mala muerte, las posadas de camino y huir de los starbucks y demás franquicias, a las que tanto acudo últimamente, en las que gasto sin demora las ingentes cantidades de dinero que ahora me llueven gracias a mi merecida fama literaria. Lo dicho, que me ha sido imposible encontrar la susodicha frase para el nuevo duelo semanal…Así que os propongo otra cosa, queridos Javi y Cris, aunque también lanzo el reto para todo aquel que desee participar. De nuevo recurro a las surrealistas frases de las canciones de EL NIÑO GUSANO, y os propongo escribir algo sobre la siguiente frase:


Hay luz en la casa del fabricante de alas de mariposa…”



La frasecita se las trae, ¿verdad? Espero que gracias a ella os acordéis de mí, y quizás de algunos miembros de mi familia, durante el tiempo que estéis escribiendo el cuento. Je je. Bueno, y sin más me despido… Deseándoos, eso sí mucha suerte, que os hará falta para si queréis batirme, sabiendo que mi pluma siempre será más diestra, rápida y locuaz que las vuestras, míseros mortales…


OTRO CUENTO DE DIAVOLACE

Sólo desde ese día me he sentido realmente libre
(Hans Conrad Schumann)

El pequeño Conrad estaba tumbado boca bajo en el salón, con los pies doblados hacia arriba, golpeando el sofá, mientras miraba las noticias, como cada tarde, en la nueva televisión en blanco y negro; y digo miraba porque no comprendía nada de lo que allí decían, solo era  un niño de 8 años, cosa que no entendían sus profesores, que con tanta dedicación intentaban llevarle por el buen camino del socialismo.

-¿Cuándo entrará en vigor?-Pregunto el periodista extranjero

El hombre de la tele dudó, de eso no le habían informado, así que para salir del aprieto, dijo lo primero que se le paso por la cabeza:

-En cuanto lo diga, inmediatamente

Conrad no sabia exactamente lo que eso significaba, entre sus deberes no estaba saber como era el mundo que lo rodeaba, intuía que era algo importante, algo que debería comunicar inmediatamente, así que corrió la pequeña distancia que separaba el salón del dormitorio de sus padres gritando no se que del muro por la tele

Peter estaba peleándose con el cableado de la vieja radio que se negaba a seguir funcionando, tenia medio culo sobre el taburete, el otro medio pegado a la cama y la barriga aprisionada a la mesa donde solía resucitar los pocos electrodomésticos que tenían. Llevaba concentrado dos horas, en una intensa pelea del hombre contra la maquina, y estaba a punto de arreglar el maldito cacharro, un ultimo paso, muy delicado y ya est......¡no se que del muro por la tele!, ¡no se que del muro por la tele!

Dos horas tiradas a la basura

-¿SE PUEDE SABER QUE COÑO TE PASA? ¡TE HE DICHO QUE SIEMPRE QUE ENTRES EN NUESTRO CUARTO, LLAMES PRIMERO A LA PUERTA!

-Es que han dicho por la tele no se que del muro que si se puede pasar al otro lado

Las centésimas de segundo mal diciendo las tonterías del crío, se convertían en décimas pensando en la nueva ocurrencia del gobierno para engañar a la gente, y terminaron siendo unos segundos de duda, de esperanza. Se levantó y fue hacia la televisión esperando encontrarse con una nueva desilusión. Pero en la tele, no se hablaba de otra cosa, no podía ser. Corrió a la cocina a decírselo a su mujer Katrin pero allí no había nadie, se acordó, reunión de madres de alumnos por el socialismo, como todos los jueves.

Fuera, se oía ruido en la escalera, abrió la puerta y los vecinos desfilaban inmersos entre la seriedad y la alegría contenida, esperada durante años de opresión. La señora Fechter, la vieja arpía, amargada y agria Señora Fechter, le agarro del cuello de la camisa y como si ese día hubiera inyectado lo mismo que la campeona nacional de halterofilia, lo saco del umbral de la puerta al descansillo, le dio un sonoro beso en la mejilla, y dijo entre lágrimas:

-¡Por fin!, ¡por fin!, ¡el muro!, ¡se acabo!.

Estaba sucediendo. Esa misma mañana, cuando se fue a trabajar, asqueado por ese café tan malo, tan caro y tan escaso, no podía imaginar, ni por asomo, lo que esa misma tarde iba a suceder. No puede ser, seguro que cuendo lleguen al paso fronterizo, les dirán que no. Asi tan rapido, tan de repente, estas cosas no pasan, y menos con estos ¿y esta a que coño espera para venir de la reunión?. Capaz de haberse ido ella sola al otro lado y haberse ligado ya, a un occidental que tenga un Mercedes, fiate tu de las del partido. Por si acaso se vistió con la ropa que no se ponía desde la boda de su hermano e hizo que su hijo hiciera lo mismo, Katrin podría llegar en cualquier momento

Oyó el ruido de las llaves, y salto del sofá hacia su esposa. Se miraron, no hacia falta decir nada mas, no obstante ella decidió terminar con ese momento histórico-familiar:

-Nos hemos enterado durante la reunión, estábamos discutiendo  como recaudar fondos para un nuevo busto de Karl Marx cuando nos han dado la noticia. Hemos suspendido la reunión inmediatamente para ir al muro, Es increíble todo el mundo va hacia el muro, las calles están llenas de gente, ¡es como en año nuevo!

Bajaron las escaleras sin darse cuenta, navegando por los pensamientos de la nueva vida que se abría ante ellos, ni si quiera se acordaban si habían cerrado la puerta de casa, pero que importaba eso ante la historia.

Cuando empezaron a aproximarse al muro,  la gente estaba empezando a treparlo; los menos osados, estaban pasando hacia el otro lado por el paso aduanero. No pudiendo avanzar mas entre la gente, Peter decidió cumplir una de sus antiguas fantasías de adolescente rebelde, subirse al muro. Si esperaba unos días, lo mismo no quedaba nada de este. Su mujer escapo un suspiro de reprimenda, haber si te vas a caer, pero que mas dá.

Cuando consiguió poner los pies encima del muro y enderezarse se dio cuenta que todavía tenia la mano dada al hombre que le había ayudado a subir. Bienvenido al oeste le dijo y ambos se fundieron en un abrazo. Peter se había casado con una guapa e inteligente enfermera, y en sus años adolescentes había follado con la tía mas buena de su instituto y tenia un hijo sano, sin embargo, abrazado a aquel desconocido de bigotes con hombros de ex luchador y barriga de camionero, estaba teniendo el momento de mayor alegría en su vida.

Desde arriba se veía el otro lado, calles llenas de gente, de fiesta, cervecerías abiertas, coches pitando, banderas, pensó en subir a su familia, pero casi que mejor que no, por la cara que ponía Katrin.

Así que bajó y se dirigieron al ahora menos congestionado paso fronterizo. Un par de personas delante y ya estarían al otro lado

Y su hijo tendría mas o menos la edad que ellos cuando construyeron el muro, entonces no sabían tampoco lo que eso iba a significar en su vida, pero Conrad podría tener todo aquello que ellos en su adolescencia no vivieron, ir a una universidad del oeste, salir por discotecas, tomar drogas, escuchar musica Rock, en fin, todo eso que los jóvenes de occidente deberían de hacer.

No se sabe muy bien como, su documentación llegó a manos del policía, pasado este momento interminable, el agente les diría, ¡No! ustedes no pueden pasar o ya han pasado demasiados por hoy, intentenlo mañana , pero simplemente dijo, Pasen

Y llevados por la marea humana, terminaron en la improvisada terraza de verano en pleno noviembre berlinés donde con solo contestar, si, somos del este un desconocido te ponía una jarra de cerveza en la mano, te daba un abrazo y brindaba por que las cosas no volvieran a ser como antes. Katrin pensó en el día siguiente, tendrían una resaca monstruosa y habría que añadir una tremenda falta de sueño, ni siquiera habían cenado, pero que importaba todo eso esa noche.

sábado, 21 de noviembre de 2009

LA LUZ QUE NO CESA




El café no era bueno, en realidad era malísimo. La costumbre hace al hombre y al final, pasó a ser un simple café. La mesa, un poco alejada del resto, tenía ante ella toda la ciudad de Roma para sí y ello, compensaba cualquier expresso de cicuta que sirvieran. El agua “frizzante” facilitaba el transito por la garganta y aliviaba al torturado paladar. Mientras, el tiempo y la luz se aliaban para mostrar un espectáculo único de luces, sombras y colores… del anaranjado atardecer avainillado hasta un cian amagentando por cielo…

Las pupilas inexpertas quedaban abrumadas con el rápido giro de colores y el tiempo, en un rincón, se reía del espectador.

Los lugares no son nada sin la luz, el tiempo…el tiempo…la luz…

Cuando la noche llega, el espectro de luz transforma a la ciudad. Una pequeña plazuela, escondida entre los callejones del Albaycin, resulta el Alfa del amor entre tú y yo… un andén de tren de madrugada, nuestro particular Omega…

Lugares, Luz, Tiempo… Tiempo…Luz… Lugares…

Llega el amanecer… la Luz nos desvela el engaño… los Lugares desaparecen…y el Tiempo nos confirmará  la luz que no cesa…






sábado, 14 de noviembre de 2009

Va, pensiero!




                                                     ¡Vuela pensamiento, con alas doradas,
                                                     pósate en las praderas y en las cimas
                                                     donde exhala su suave fragancia
                                                     el aire dulce de la tierra natal!
                                                    ¡Saluda a las orillas del Jordán
                                                     y a las destruidas torres de Sión!
                                                    ¡Oh, mi patria, tan bella y abandonada!


…Y su pensamiento voló grácil como el vuelo de un águila imperial… hacía la inmensidad del cielo… azul como el mar, claro como la luna llena… Las palabras entonces, adquirieron todo el significado que jamás tuvieron sin alas… La palabra sólo es palabra, limitada por tantas cosas que cansa enumerarlas… Se acabó el tiempo de la palabra… signos y sonidos que en conjunto representan… que representan?... tu Azul será más claro u oscuro que mi Azul… y eso que es un color…no hablemos de conceptos abstractos… Cada individuo gira en su propio universo, compartiendo el mismo Sol, separados quizás por Galaxias de distancias…

Somos extraños condenados a coexistir y a entendernos, pero Entender obliga a Pensar. Expresiones del tipo “es que tu te comes demasiado el coco” o “ venga, no pienses demasiado”, “no te comas la olla”…acabas comprándote el mayor plasma de la tienda y tu mujer compitiendo con su cuñada o hermana por hacer más obras en casa… No es malo pensar un poco, otra cosa es ser obsesivo, pero no confundamos enfermedad mental con reflexión.

Escuchaba a José Luís Sanpedro y decidí escribir esta reflexión, algunos la llamará metafísica pero que en realidad se nutre de algo tan físico como ser conciente de estar en el mundo.

Verdi, es autor de la letra del inicio. Se trata de la ópera Nabucco. Es el canto de los esclavos hebreos que recuerdan mientras son expulsados de su devastada tierra… sin comentarios de sus actuales descendientes de su “devastada tierra”…

Y esto venía a cuento de que vuelvo a los relatos extravagantes y dejaré de torturaros con Reflexiones…más extravagantes…

Mientras tanto, no dejar de pensar de vez en cuando.


Shalom ¡

…como dirían los que cantaban al principio…

martes, 10 de noviembre de 2009

LA RULETA RUSA


Indalecio, juerguista, putero y guardia civil, se nos casaba. ¡El randa de Inda!. Quién lo diría. Al principio, cuando soltó la bomba en el bar, nadie lo creyó. “¿Pero Inda, y ese aberrunto que ta dao? .¿Pa qué?, si ya te follas a la Frasca cuando te echan del puti“Venga nos seas capullo y tómate otra, pa que te se pase la tontería”. Pues no, no se le pasó. Y una semana después estábamos toa la cuadrilla de despedida de soltero en su queli. Bueno, en realidad, estábamos echando la partía de cuatrolas de los jueves, sólo que como al día siguiente el Inda se nos casaba, pues consideramos esa timba como una despedida. Y como siempre, el Inda borracho hasta las trancas no dejaba de soltar más y más cuartos con unas manos de puta pena.  De repente, se quedó mu callao, tos pensámos que el alcohol por fin le había tumbao. ¡Mierda!, ya no podríamos seguir sisándole billetes. Si es que el Inda cuando bebía y tenía una baraja en las manos era como una puta ong. Pero no, se puso en pie tambaleante, y comenzó a vocearnos a todos. ¡Cagónlaputa, esto es una despedida de soltero o un puto velatorio¡ ¡Vamos a hacer algo, coño!”. “¿Pero Inda, ya tas cansao de que te sableemos, ja ja?¿Se tocurre algo mejó?”. Y el  Inda, colorao por la rabia y sudoroso por los cubatas, echó mano de su cartuchera, sacó su pipa, y dando con ella un fuerte golpe en la mesa nos soltó: “¡¡La ruleta rusa, cojones!!”. Joder Inda, mamonazo, vaya susto que nos diste. Nos quedamos tos blancos. To la puta noche bebiendo para que tú de un sopapo nos quitases la cogorza a todos. Con lo que cuesta pillar una buena a base de güisquis de garrafón. Tos miramos la pistola con cierto estupor, disimulo y paque negarlo, también algo de cangelo. ¿La ruleta rusa, Inda, que coño te sacurrio ahora?”. “Pos coño, vámonos pa la ruleta rusa. Que mañana me caso. Vamos a tirarnos a las rusas, pandamaricones” ¡¡Ostia claro, la ruleta rusa!!, ¿en qué estaríamos pensando? La bendita ruleta rusa era un garito que habían abierto hace ná a las afueras del pueblo. No tenía nombre, era solo una casucha con una barra improvisá, y unas cuantas rubias que ya se habían trajinao a medio pueblo. Creo que el Inda ya las había catao a toas, pero aun así, el mu putero no se cansaba de ir. Las putas no hablaban ná de español, pero ¡cómo follaban las mu guarronas!. Suponíamos que eran rusas, o de algún sitio de por ahí. Cuando nos metíamos en el garito sabíamos a lo que íbamos, pero no que tía nos iba a tocar. Por eso le llamábamos la ruleta rusa. Así que ná, tos pa los coches y a ver quién nos tocaba esa noche. Mucha fanfarronería, borrachos como cubas y a cientoypico por la autopista, total, el único picoleto que nos podía multar venía con nosotros y era el que más borracho estaba  Unos y otros, tanteábamos nuestros bolsillos y comprobábamos cuando dinero le habíamos birlao al bueno del Inda, mientras hacíamos cábalas de a cuantas rusas nos podríamos levantar. Al final, to hay que decirlo, la noche no fue pa tanto. Como otras veces, se nos fue la fuerza por la boca, y en menos de una hora estábamos tos en la calle, con cara de alelaos y sin el dinero del Inda sonando ya en nuestros bolsillos. Tos menos el Inda claro, ese cabrón si que tenía aguante. Le esperamos un buen rato, echándonos los últimos  cigarros, en el aparcamiento del puticlub. Al final nos fuimos sin él para casa, seguro que se las apañaba muy bien sin nosotros. Que por la mañana había que madrugá y estar presentables pa la boda. Aunque, ¡qué cojones! ni presentables ni pollas, a la mañana siguiente estábamos tos en la puerta la iglesia dando más pena que otra cosa. Pa mí que más de uno y más de dos habían continuado de farra después de irnos del puticlú. Y a to esto, el mamón del Inda sin aparecer. En fin, que nos metimos pa dentro de la iglesia. La caras de La Frasca y la del cura que eran un poema y tos mirándonos unos a otros sin saber qué decir. Y por fin apareció el joio, derrapando por la plaza con el coche patrulla y haciendo un ruido de mil demonios con la sirena. Se bajó del  Patrol con una cara de alegría que ya la quisiera yo pa mí, entró en la iglesia y se colocó al lao de la Frasca como si no pasase ná. Aguantó como un campeón tos los sermones de la ceremonia, las canciocillas del coro de chiquillos, y toa la parafernalia esa de los curas, pero cuando llegó el momento cumbre, ese en el que tienen que darse los morreos y los anillos, el Inda, empezó a rebuscarse por tos los bolsillos del traje, que por cierto, vaya traje se había agenciao el mamón, estaba hecho un figurín, se volvió hacia  la Frasca, le arreó un buen cachete en el pandero y le dijo: Mira Frasca, que no nos podemos casar. Que la guarra de la Ivana ma robao el anillo”.  Nos hizo un gesto con la mano y tos salimos de allí echando leches, con los cuellos encogíos por si la  Frasca  nos atizaba… Y es que en el puticlub, aparte de no saber que rusa le tocaría a uno en suerte, tampoco tenía uno muy claro que cosa te robarían durante le juerga… ¡Joias rusas y qué cojones tenía el Inda!


domingo, 8 de noviembre de 2009

Noviembre



Ayer compré en el kiosco un periódico cutre pero que como traía un libro de Trosky hice el esfuerzo de llevármelo. Pero la mejor compra fue que junto a él estaba el calendario zaragozano, que jamás acierta en sus predicciones meteorológicas pero es como ir a un zoo y poder ver un dinosaurio.

Si Mayo es el mes de las flores y los católicos se lo dedican a María, Noviembre es el mes de los árboles caducos y está dedicado a los no vivos. El Corte Inglés presenta su moda de otoño y la ropa adquiere esa tonalidad que te recuerda un paseo por esos bosques de Filadelfia, un pueblecito entre montañas donde te sirven sidra tibia con un poco de queso del lugar. Al fondo entre un río y más bosques, siempre pasa un interminable tren de mercancías de marcha lenta pero constante y algún enmohecido cartel anunciando el nombre de un pueblo y la población que tiene, o les queda… Welcome to …

Donde actualmente vivo exiliado, sólo hay invierno y verano. Entre ambos, algunos matices meteorológicos pero la primavera desapareció y del otoño sólo quedó la visita a los cementerios el día de difuntos. De chico recuerdo que en todas las casas, las mujeres en este mes encendían una palometa, una lámpara de fabricación casera que consistía en un recipiente con agua y aceite, una torcida de algodón y una chapita para que se mantuviera a flote encendida… el recuerdo a los no vivos…

Os recomiendo la última película de Woody Allen, se titula “Si la cosa funciona”. Larry David hace una buena interpretación y su papel está bien escrito. No tiene nada que ver con Noviembre pero tenía ganas de contarlo.

Esta mañana he estado localizando sustitutos ibéricos a Butan (otro día os lo explico esto de Butan y Asia Central). Desde Zamora, pasando por Soria y aterrizando en Teruel, hay centenares de pueblos abandonados esperando que algún quemao de ciudad esté dispuesto a residir allí. Obviando climas algo fríos y secos, que la población más joven de los alrededores supera los 70 y que tienes que ir con un buen fajo de billetes para levantar casas cuyo aspecto se asemejan más a un bombardeo que a los estragos del tiempo, tienes el lugar perfecto para estar en armonía con tu cuerpo y alma…si el invierno no te mata antes…

Tras estos argumentos poderosos, en google encontrareis toda la información sobre estos divinos lugares…abandonados…no sé porque… ah¡ abstenerse bibliotecarios y gente de mal vivir, de eso ya sobran por todos lados.

viernes, 6 de noviembre de 2009

La Vida es un Caravasar. Tiene dos puertas, por una entré, por la otra salí…*


Escuchar a Caruso o a Pavarotti es siempre un placer comparable con el sabor de un oporto servido en una copa de cuello largo y de cristal, lo suficientemente grueso para no llegar a ser vulgar ni tan fino, que su delicadeza nos desvíe nuestro paladar la atención hacia la fragilidad del vidrio… Nuestro Leandro, que visita este fin de semana la Alhambra, no debe olvidar que más allá del marketing a lo Mac Donald que se ha convertido el monumento nazarí, hacer el esfuerzo de quedarse con lo sutil del conjunto. Como el oporto, el continente es tan importante como el contenido. El paseo de los tristes, no sé como estará ahora, de noche con el continuo rumor del exiguo Darro y el verdor de la ladera de la Alhambra, seres extravagantes y el ir y venir de guiris perdidos con guías en mano te convierte en invisible. Esa invisibilidad te hace como la buena copa de oporto, apreciar con mayor sensibilidad lo mágico del lugar. Julián, como el mejor poeta que he conocido en esta vida, podrá narrarte mejor que yo un paseo por el Albaycin y la puesta de sol desde el mirador de San Nicolás.

Escuchar a Manuel de Falla es siempre estar entre el universo de Debussy y el extraño cosmos del Surrealismo, que mirando desde su carmen del Albaycin creó las melodías más maravillosa que ningún cadavérico billete de 100 ptas. pudo pagar.

Cuando la palmemos, entenderemos que una melodía, una pintura o la simple escritura puede descubrirnos el alma del sujeto que lo compuso. Como yo ya estuve muerto una buena temporada, os puedo asegurar que la figura exigua, vida humilde y castidad de Falla engañaba. En su obra refleja fuerza, virilidad y un mundo dionisiaco que ni el más golfo de los genios pudo expresar en corcheas… Eso sí, eligió una vida, que hoy denominaría los new ages budista. Y esto venía a colación por el viaje de Leandro a Granada.

Ni toda la tecnología ni la realidad virtual que nos venden podrá sustituir un vino tinto de garrafón servido en una taberna de Granada, donde la amabilidad brilla por su ausencia pero que nos demuestra una vez más, que los lugares sobreviven al efímero humano que los habita.


*Emine Sevgi Özdamar. La Vida es un Caravasar (tiene dos puertas, por una entré, por la otra salí.

jueves, 5 de noviembre de 2009

VIERNES



Siento haber sustituido los relatos con nombres balcánicos (otro día os explicaré mi relación con la ex-yugoslavia) por reflexiones de andar por casa…mejor dicho, de chabola.
Llevo una larga temporada que la realidad me entretiene más que la ficción. Goran Zelic volverá a estrellar su máquina a vapor en otro momento en Sarajevo y los viejos Zoran y Popovic me dejarán su artritis como herencia…a mi pesar.

El insomnio es una putada porque acabas sonámbulo todo el día/noche y la mente no trabaja como debería. A veces, excepcionalmente, te encuentras con una lucidez que te asustas porque no dormir y estar bien no es normal, pero la naturaleza tiene esas paradojas como la mejoría antes de la muerte…pero eso os lo explicaré otro día.
Escribo desde la cama y son las 11.02 de la mañana, escucho el piano de Yann Tiersen y la luz amarillenta entra por entre las cortinas color vainilla de mi habitación o mejor dicho, mi madriguera… es broma, hice limpieza hace tres meses…

Tomo un té earl grey con un toque de leche y el cigarrillo me sabe a frutos secos con un ligero toque de romero…no penséis mal…no es un porro…quería ser poético.

Antes que la Maruja de la vecina ponga a Camela a todo trapo, disfruto de una paz impagable… que he dicho que no era un porro¡

Bromas a parte, la última vez que me sentí así, en paz, vino una tormenta y acabé en medio del desierto observando el atardecer anaranjado reflejado en las salinas aguas del Mar Muerto…la anterior fue el Camino de Santiago y no os cuento la harta de andar que me pegué. No os preocupéis sufridos seguidores de este Blog, Bhutan queda a demasiadas horas de avión para escaparme.
Más allá de mi cara de pan de pueblo, la mancha genética de la cabeza y unos ojos que parecen salidos de un largo sueño, mis antepasados no eran precisamente de Asturias, se podía decir que vinieron a caballo arrasando media Europa desde el corazón de las estepas de Asia…de ahí viene eso de “Roba, mata y vete a Utrera”, pero eso no es importante.

De pequeño, los libros que había en casa y los clic de playmobil me retenían el tiempo suficiente para no saber usar un tirachinas o probar el sabor de la sangre tras un balonazo en la boca.

Cansado de montar guerras con mis clik, los atlas me fascinaban. Imaginaba como tenían que ser esos países que apenas podía pronunciar. Mongolia, se llamaba entonces Mongolia Exterior, cosas de la guerra fría, los soviéticos y la media guerra que tuvieron China y la URSS a finales de los sesenta. Escondida, estaba Bhutan, que aún se llama así y no precisamente por sus yacimientos de gas…tranquilos este año el cupo de extranjeros está completo.

Pero esta larga introducción sólo tenía la intención de esbozar una sonrisa mañanera que a veces es necesaria antes de enfrentarse al subnormal del jefe o al compañero coñazo, el vecino estúpido o la caca que pisamos a la salida del portal… luego te llevas arrastrando el pié por la acera a ver si cuando llegas al curro no huele demasiado… perro malo¡ dueño Cabrón¡…

La excusa de esto era el libro de Émile Zola , YO ACUSO (la verdad en marcha), que no tiene nada que ver con Bhutan ni con los clic de playmobil ni con Camela… ni con lo siguiente…

El tiempo pasa demasiado rápido, leed menos e intentar sentir más, la filosofía y el pensamiento queda muy decorativo en las conversaciones y fiestas pero si no sentid la brisa de una noche de primavera bajo la mirada centenaria de la Alhambra o los dulces labios de vuestro Amor, seréis unos estúpidos versados en palabras vacías y acabaréis como yo en Bhutan… o escribiendo estas estupideces…



Buen Fin de Semana ¡¡¡¡


miércoles, 4 de noviembre de 2009

SONETO PERFECTO




El domingo, en la sección de obituario del diario El País, leí un panegírico sobre un ser humano que se fue con 47 años. No suelo leer esta sección pues, además de cobarde, soy muy supersticioso y la muerte es algo que aún no la llevo demasiado bien, sobretodo la mía.


Me llamó tanto la atención la fotografía que sentí la necesidad de saber quién era. En blanco y negro, un hombre gordito con barba sostenía con cariño un gatito, y en su cara reflejaba esa humanidad que muy poco habitantes de este planeta tendrán jamás.

Las palabras del amigo no eran las tópicas y típicas en una elegía cargada de palabras resabidas sobre las virtudes de su desaparecido compañero. Era un poeta, sabio, ajedrecista, filósofo, etc…como lo denominó el autor, que se ganaba la vida en el monte, unas veces de leñador, otra en la construcción. Viajero incansable de vuelos charter ( es lo que tiene ser un obrero), podría vérsele en cualquier parte del mundo cargado con su mochila raída llena de libros y conversando con un homeless de Nueva York o con el genio de Battiato.

Murió, como no podía ser de otra manera, trabajando con un Dumper en medio del monte. Atrás dejó huérfano de su humanidad, sabiduría y poesía, a quién con cariño quiso compartir con todos nosotros la pérdida de su amigo. Fernando Arrabal firmaba estas letras que escapaban algunas lágrimas furtivas.



Se llamaba Martín y no sólo será recordado en su pueblecito de Burgos.


Soneto perfecto

El soneto perfecto estoy buscando
Como si fuera lágrimas del cielo,
Como ímpetu pueril de mi desvelo,
Paso abstraído el tiempo cavilando.
Vivo sereno pero estoy temblando,
Tiembla mi cuerpo altivo sin consuelo
Tiembla mi alma longeva sin vuelo,
La vida en su vivir se va acabando.
¿Porqué vendrá esta sombra seductora
A negarme la luz que tanto ardía,
A dejarme la noche sin aurora?
Oíd al corazón su melodía
Que libre canta, sueña y enamora
¡Oídle como late su poesía!


Martín Marcos, 30-12-2007


lunes, 2 de noviembre de 2009

RIDI PAGLIACCIO




Toda la vida me engañé pensando que la época más propicia para enamorase era la primavera. A lo largo de los años fue cambiando hasta llegar al otoño pero tras una vida amorosa Titánica (me refiero al barco no a la mitología griega), llegué a la conclusión que cualquier época era igual de fatídica para caer en manos de un estado de retraso metal denominado enamoramiento. A esta altura, no expondré los síntomas a nuestros escasos y mudos lectores que ya los habrán experimentado cuando leen estos delirantes relatos surrealistas. Prosigo. El caso es que esto no va ni del amor ni de las estaciones del año ni tan siquiera de ópera (es por el título), la razón de ser de estas sartas de estupideces es el Insomnio… es broma, es la causa de mi afección mental pero no el eje central… es El Tiempo.


De pequeño me gustaban los relojes. Un objeto que marcaba cada segundo sin pausa para conformar minutos y horas, etc…era algo mágico. Pasó el tiempo y algunas lecturas, pasó la infancia, la pubertad, la juventud… y el reloj ya no era un objeto mágico sino sádico.

En casa ya no tengo relojes, sólo un gato chino que gira el brazo con el puño cerrado y cuyo sonido es básicamente un segundero, cada puñetazo…un segundo…sesenta puñetazos…un minuto. El gato es horroroso pero junto a él tengo una foto de Robert Capa que compensa la horterada.

Son las 9.06 de la mañana del día de los difuntos, he llegado de currar ( no de trabajar) hará unas horas y las pastillas para el insomnio no hacen efecto…me tomaré una copita de Ouzo para ayudar a Morfeo y de camino terminar este relato ,suponiendo que alguien lo siga leyendo. Ahora vengo.

Ya he vuelto, como rasca este aguardiente griego. Bueno, iba por los relojes.

Más allá del mecanismo humano del reloj, el tiempo no es ni lineal, ni secuencial ni tan siquiera existe ( Sorpresa General ¡¡¡ , filósofos muertos hace miles de años se remueven en sus tumbas con esta afirmación). Existen segundos que son una eternidad en sí y años que transcurren como segundos, hagan memoria cada lector de lo expuesto desde su experiencia.

En el amor sucede lo mismo (lo siento, también iba del Amor), una mirada, aquel beso, el abrazo que jamás supimos que fue el último duraron unos segundos pero para algunos toda una eternidad.

El Otoño (lo siento, también iba de las estaciones del año) es la mejor época para ese Amor que dura una eternidad (otro día lo explico) frente a mi querida primavera que su amor parece ser eterno y acaba tan pronto en el aire como el olor de las rosas en flor.

Y para que este relato acabe con menos comentarios que los Puentes de Calatrava, mi último engaño final…escuchad si queréis la aria de Pagliacci ( Ridi Pagliaccio) interpretado por Caruso o Pavarotti…también iba de ópera.


Buenos Días o quizás Buenas Noches.



TIC-TAC… TIC-TAC…


miércoles, 28 de octubre de 2009

Campesinos ¡ La tierra es vuestra ¡


Llegaron de madrugada y el amanecer descubrió la imagen de un pueblo empapelado con este lema. Entre el asombro y el miedo, las miradas curiosas fueron desvelando poco a poco una frase en la que nadie creía. La tierra era una madrastra que había encadenado a generaciones con una azada como grillete y la caprichosa naturaleza como condena. A pesar de los reiterados eslóganes, el bracero no sentía la tierra como suya sino como el lugar donde gota a gota de sangre y sudor, apenas les daba para sobrevivir. El status quo estaba claro y como Espartaco, los esclavos del campo no pretendían subvertir el orden ancestralmente establecido, sino poder vivir con dignidad. De la ciudad llegaban comisarios políticos e intelectuales de lentes redondas arengando volver a los campos para trabajar con más ahínco, si cabía, una tierra que sólo podía germinar dolor y desesperación. En contraposición a los campesinos, estos luchadores de la libertad tenían las manos blancas e impolutas, todos los dientes y fumaban cigarrillos manufacturados. Fueran estos o sus ahora desaparecidos señoritos, les pedían lo mismo, volver a las galeras de la tierra. No había diferencia entre los de la hoz y el martillo y sus hermanos del yugo y la flecha, en esta batalla de aperos de la tierra, España sufrió un barbecho que duró 39 años y una matanza de 838 días.




Llegaron de madrugada y el amanecer descubrió la imagen de un pueblo empapelado con este lema:



 


domingo, 25 de octubre de 2009

Ruleta Rusa



Se desconoce el origen de la ruleta rusa. Algunos sostienen que se debe al aburrimiento y un exceso de vodka en un acuartelamiento cercano de Kiev. Una noche, como no podía ser de otra manera, unos oficiales se enfrascaron en una disputa sobre sus hazañas bélicas, que en esos momentos se reducían a participar en pogroms donde el número de víctimas hebreas era el listón de su valentía. El factor etílico hizo que la discusión quedara en tablas y no hubo mayor prueba de valor para el desempate que colocar una bala en el tambor de un revolver con cuatro recámaras vacías. El resto ya saben como funciona, véase la película “El cazador” con Robert de Niro y Stephen Walken.


Los años pasaron y aparecieron muchas versiones, algunas muy imaginativas y cuyo fin era pasar un buen rato a costa de algún idiota que desconocía el verdadero desenlace. Sentados a una mesa, se presentaban varios frascos con pastillas. Una de ella provocaba una muerte muy dolorosa, el resto eran placebos. Sin embargo, la fatídica era un potente laxante que cuyo primeros síntomas provocaban unos retortijones de barriga que el incauto asociaba con el veneno. Los sudores fríos y la cara descompuesta ayudaban a recrear los instantes previos a una muerte agónica. Cuando la verdadera naturaleza del compuesto hacía efecto, el protagonista de la escatológica broma saltaba de la mesa hacia el baño, en la mayoría de las veces sin éxito a la hora de depositar toda su humanidad en el habitáculo blanco con forma ovoide. En este caso, el maloliente más que nacer de nuevo se sentía que se quería morir.


Afortunadamente la ruleta rusa no se puso de moda entre la sociedad en general, y la muerte prematura se dejó en manos del tabaco americano, los conservantes de los alimentos, el estrés y los accidentes de tráfico.


La ruleta rusa es un juego estúpido que crea rechazo inmediato pero es la demostración más sincera de la imbecilidad humana. Todas las semanas, decenas de individuos mueren en la particular ruleta rusa que supone conducir como un gilipollas y no origina el estupor de un resolver en la sien de un individuo. Cruzar con el semáforo en rojo, comer mierda envasada con vivos colores, respirar el contaminado aire de ciudades donde la hacinación impide al ser humano vivir con dignidad… somos partícipes de más ruletas rusas de lo que pensamos.


Para finalizar, la original ruleta rusa.


En cada giro, el miedo recorre todo tu cuerpo y el aire desaparece de tus pulmones. El ritmo cardiaco se acelera y las palpitaciones te oprimen la aorta de manera que una mano invisible te ahogara poco a poco. En apenas 2 segundos, el tambor gira una vez y tu destino está escrito. Extiendes la mano abierta y tu existencia es colocada con la empuñadura hacia tu pulgar. Es la hora. La mano no puede temblar, la muerte se merece un poco de gallardía.


Colocas el cañón en la sien y lentamente aprietas el gatillo. El martillo retrocede con suavidad para luego en un instante abalanzarse a la velocidad del rayo. Durante una milésima de segundo tu cuerpo deja de existir. De repente, el mundo regresa con una larga y estertórica inspiración. Has nacido de nuevo y la realidad te parece distinta, apenas reconoces lo que te rodea pero te sientes verdaderamente vivo.

miércoles, 14 de octubre de 2009

UN NUEVO DUELO A TRES BANDAS...




  
      Caballeros míos:


      Me toca proponer tema. Ante mi escasez de ingenio, pedí ayuda a diversos personajes, pero fue J. el que supo resolver de manera más satisfactoria el entuerto.
Los relatos de este duelo versarán sobre la ruleta rusa. Que cada uno utilice su inventiva para darle el matiz más extravagante y hamletesco.

      A hacer sangrar vuestras plumas.

      Se despide vuestra servidora, no sin antes mandar un cálido abrazo al ilustre judío sefardí Xavier, y al no tan ilustre Ibn Quzmán, musulman converso, otro cordial saludo de esta misma guisa.

     
      Cris.

miércoles, 7 de octubre de 2009




        Como a la mayoría de los que estamos aquí, esta guerra no me atañe. Me vi involucrado en ella de manera casi imperceptible. Ni siquiera recuerdo lo que me impulsó a participar en lo inhumano de esta revolución. Quizá un arrebato de coraje o quizá algo peor y bastante menos honorable.



        Aunque en otros tiempos fui un hombre de palabra, hoy me encuentro capaz de traicionar a cualquiera. Es por lo que aquí se respira. En este estado de embriaguez mental no hay lugar para el mínimo ápice de camaradería.


        Mis compañeros, como último intento para ganarse el cielo, se entregan a sus ídolos y crucifijos. Yo, que me gané el infierno hace mucho, debo ser el único sin una sola imagen por la que ser valiente. Valiente idiota.


        Y así, con el corazón en una mano y el fusil en la otra, nos dirigimos a un futuro lleno de honor y victoria que otros han ideado por y para nosotros.


        Esto es la revolución y nosotros sus ejecutores.

 
                                                                         *   *   *

        -Me toca mover- dijo sin poder ocultar el brillo orgulloso de sus ojos- Jaque mate.


        -Mierda- contestó el perdedor. -¿A qué jugamos ahora?

El Hombre Absurdo


Desde que entré en el paraíso tecnológico con mi portátil, es la primera vez que escribo algo de puño y letra, en papel y a tinta, el crimen perfecto para los ecologistas. Después, una vez finalizado tan atroz delito, lo he pasado al ordenador…”que malgasto de recursos”-dirían otros ecologistas.


Pero esto no va ni de ecologistas, ni ordenadores ni tan siquiera de algo lógico, va de Lo Absurdo, concretamente del Hombre Absurdo… o algo así.

El otro día, estaba tan aburrido que empecé, bueno para ser preciso logré terminar, un ensayo de Albert Camus que rondaba por casa hacía algunos años. Recuerdo que lo compré para intentar ligar con la chica de la librería pero nada, le iba el rollo Kierkegaard… pringá.

Ya me he perdido…ah, si¡ el ensayo de Camus. Bueno al llegar al mito de Sísifo –“…enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas”-Que sí, que sí, que enseña todo lo que quiera pero está condenado toda la eternidad a subir un pedrusco a la cima de una montaña…. Absurdo. Pero eso no queda ahí, de los presentes no creo que les interese la mitología griega salvo que se quiera ligar a una chica en la librería…pringá.. Perdón, he vuelto a perder el hilo. Ah, sí¡ el pedrusco.

Si algo nos enseña este mito es que coño hacemos con nuestras vidas. Casi un 1/3 la pasamos estudiando y siendo becarios para intentar currar las 2/3 en algo que seguro acabamos asqueados de tanto subnormal…”el partido de ayer…ay Mari¡ como se a puesto la serie de interesante…el informe González, donde está el informe… esta noche no, cariño…etc”, y encima el final es acabar en una caja de pino en un sórdido y aséptico tanatorio… Absurdo.

Reflexión :

¿ Qué sentido tiene empujar la roca ? es decir, ¿Qué sentido tiene la Vida?.

Obviando las tonterías sostenidas por los filósofos en los últimos 2500 años, la respuesta es Ninguna. La Vida es Absurda y por ende el Hombre es Absurdo. Si alguien sigue leyendo esto hasta este punto, que no se deprima, hay más y peor.

Volvemos al mito de Sísifo. Una vez llegaba la roca a la cima, retrocedía y volvía al punto de partida, imagínense la cara del protagonista.

La segunda respuesta a la reflexión es esa: El instante en el que bajaba para volver a empezar, ese tiempo que no estaba empujando el pedrusco era el único de libertad. Cada victoria era una derrota, pero ese pequeño instante que yacía en la cima, era la verdadera victoria contra los dioses.



La nuestra quizás sea conseguir aprobar unas oposiciones, la pareja soñada o quizás publicar este Absurdo en Hamlet se toca pensando en ti… o algo así…

martes, 6 de octubre de 2009

UN MUCHACHO EN BERLÍN


Para el joven Vania todo ocurrió muy deprisa. No entendía bien qué hacían esos hombres uniformados en la puerta del granero. Tampoco comprendió qué querían decirle con eso de la madre patria, que había que defenderla del fascismo, que el socialismo esperaba de él que diese su sangre. Le hablaban con gesto afable, sonrisas confiadas, con gestos amables intentaban que Vania se acercase a ellos. Estaba aturdido, y empezó a asustarse cuando escuchó disparos al otro lado de la granja, cuando vio a su padre rodeado de soldados, que le increpaban, y a su madre, de rodillas, llorando, implorando a otro de esos hombres uniformados. Uno de esos hombres le señaló, y le agarraron por los hombros y lo llevaron casi en volandas hasta un corrillo donde estaban reunidos otros jóvenes del pueblo. Unos y otros se miraban con ojos asustados intentando comprender qué es lo que estaba pasando. Qué querían de ellos, porque los empujaban hacía los camiones y les obligaban a subirse a los remolques. Pero todos permanecían en silencio, incapaces de articular palabra, mínimamente conscientes de que cualquier acto de rebeldía podría complicar su situación. Los camiones arrancaron y el joven Vania pudo ver entre los pliegues del toldo que los cubría, a su padre gritando con el puño en alto y a su madre, aun de rodillas, llorando y dándose golpes en el pecho. Aún no lo sabía, pero Vania estaba siendo en esos momentos, reclutado para el glorioso ejército rojo, que necesitaba en esos días de todos los brazos rusos, en su lucha contra el fascismo.

Estuvo durante varios días, yendo y viniendo, junto con otros muchachos, de cuartel en cuartel y de campamento en campamento. En todos esos lugares, siempre las mismas arengas, siempre los mismos discursos, siempre los mismos improperios de los que apenas comprendía nada. Vania era sólo un granjero,  había pasado su corta vida trabajando en las tierras de la familia, ajeno al resto del mundo, ajeno a guerras mundiales o a planes quinquenales. Sus manos estaban curtidas para llevar azadones, rastrillos o palas, no para enarbolar banderas rojas o sostener un fusil. No sabía nada de lucha de clases, de juegos políticos, incluso desconocía el significado de nombres como Stalin, Hitler o Zukov. Recibió el joven Vania una somera instrucción militar: se le hizo formar durante horas con el resto de sus compañeros, se le obligó a arrastarse por el fango, se le vistió con un raído uniforme y se le dio, aun sin saber muy bien para qué servía ni cómo se usaba, un fusil. Así, en apenas una semana, sin pronunciar palabra, sin poder comunicarse con sus padres, asustado, con el alma encogida, el joven Vania pasó a formar parte del trigésimo cuarto regimiento de zapadores, de la décimo segunda división de infantería, que en breve partiría para tierras alemanas.

No fue, sin embargo, muy dura la guerra para Vania. Nunca llegó a disparar su fusil. Marchaban y marchaban, algunas veces montados en camiones, la mayoría de las ocasiones, pisoteando caminos embarrados: largas caminatas en las cuáles iba tomando una leve conciencia de en qué consistía eso de la guerra. Allá por donde pasaban, tierras baldías, agujereadas, asoladas. Al borde de los caminos, cientos de cuerpos en descomposición, animales y hombres formando un mismo amasijo, vehículos destrozados, árboles arrancados de raíz. Todo cubierto de ceniza, barro y sangre. Al llegar la noche, acampaban a las afueras de los pueblos, se emborrachaban alrededor de improvisadas hogueras y poco a poco se iban quedando dormidos, acurrucados en sus mantas y envueltos en los vapores del vodka. Algunos soldados, sin embargo, se escabullían del grupo y se encaminaban al pueblo. Desde allí, llegaban al rato, gritos de mujeres, estruendo de tiros y risotadas. Así fueron las primeras semanas del joven soldado Vania.

Dada su juventud, los soldados de su regimiento, le cogieron cariño, casi se podría decir que le trataban con cierto mimo. Intuían cuál era su procedencia, el trauma que debió suponerle el ser arrancado de forma tan drástica de su familia. Todos trataban a Vania con afecto, le daban parte de sus raciones, le hacían partícipe de sus fiestas nocturnas. Incluso en más de una ocasión, algún soldado de rostro encendido por el alcohol le invitaba a acompañarle en sus correrías por el pueblo. Pero siempre sacudía Vania la cabeza diciendo que no, se limitaba a permanecer en silencio, a dejarse llevar por unos y otros en sus jaranas alrededor de la hoguera, aunque sin alejarse mucho del corrillo.


Y así llegaron a Berlín. Casi sin darse cuenta, sin disparar un solo tiro, viendo de la guerra nada más que sus restos, llegando a los sitios sólo para certificar su rastro de calamidad y desolación. Esa noche, al igual que las anteriores, acamparon en uno de los barrios derruidos y pronto asomaron de los bolsillos de los abrigos y de los pliegues de las mantas las botellas de vodka. En esas horas, las canciones que sonaron más fuerte que nunca, había cierta euforia desatada que Vania no alcanzaba a comprender. Se mencionaba constantemente la palabra victoria. De todo ese barullo, Vania sólo entresacó que quizás muy pronto volvería a casa.

Por la mañana, poco a poco los soldados fueron surgiendo de sus petates: figuras torcidas, tambaleantes y quejumbrosas. Se fueron desperdigando por entre los montones de escombros, para orinar, vomitar o simplemente desperezarse. Alguien levantó a Vania de su camastro y le ordenó explorar un pequeño refugio que asomaba entre los restos de un edificio. Cuando se asomó a la puerta, se topó Vania con decenas de caras que se giraron hacía él y adquirieron un gesto expectante. Les empezó a gritar que saliesen de allí, que se dirigiesen hacía donde estaban acampados sus compañeros. Uno a uno, fueron saliendo por la puerta, en silencio, sumisos  y atentos a lo que Vania les indicaba. “¡¡Vaya, mirad lo que nuestro muchacho ha encontrado!!”. “Qué buena cacería has hecho, camarada”. “Por esto te van a dar una medalla, chico”. Bromeaban unos y otros al ver flanquear al muchacho esa imprevista comitiva de grises fantasmas.

El caos que se desató después, no sabría Vania muy bien cómo explicarlo. Cómo en breves segundos, los que habían sido durante semanas sus guías y compañeros de peregrinación, trasmutaron de soldados aturdidos en lobos sedientos de sangre. Se abalanzaron como fieras sobre las mujeres, recrearon nuevamente, sin saberlo, un miserable rapto de sabinas. Las agarraban por los hombros y las arrojaban al suelo, algunos las cogían en brazos o las arrastraban por los pelos tras los muros que había junto al refugio. Vania, en medio de ese repentino alud humano, simplemente se dejó llevar, empujado tanto por las carreras de sus camaradas, como por las mujeres que huían de ellos. Tardó unos segundos en salir de su aturdimiento inicial. Siendo un chiquillo como todavía era, no acababa de entender los motivos por los que se había desatado tan rápidamente ese histerismo. Echó a correr sin rumbo, buscando únicamente una salida entre el gentío. Pero en su carrera tropezó con alguien. Era una de las mujeres alemanas que huía. Cayó sobre ella, y esta le miró con ojos asustados. Vania no sabía que hacer, en un primer gesto, intentó enderezarse, desprenderse de la mujer, pedirle incluso perdón por su torpeza. Alguien, entonces, le palmeó la espalda y le gritó. “¡¡Venga Vania, demuestra a esa zorra que ya eres un hombre!!”. La mujer seguía mirando al chico con miedo, seguía agitándose bajo el cuerpo del muchacho pero poco a poco fue cediendo en su resistencia… Casi sin saber cómo, empujado por una inercia ancestral Vania se notó dentro de ella. Todo a su alrededor se difuminó en una espiral de voces y estallidos de luz. Aún así, entre tanta demencia, Vania pudo escuchar las voces de la mujer que le increpaban…"¡¡¡товарищ!!! ¿Qué estás haciendo? ¿Es esta la revolución que me traes?¿Eres tú quién ha venido a liberarme?". Durante unos segundos Vania surgió de entre la locura, pero volvió a dejarse caer, a ceder a las voces de su compañero que jaleaba sus embestidas, a entrar en esa mujer que se agitaba levemente debajo de él. No, Vania no sabía nada. No sabía lo que era la guerra, tampoco sabía lo que eran la libertad, y por supuesto, Vania, no sabía lo que era revolución…

Dedicado a todos los que leen este blog...