lunes, 28 de octubre de 2013

Luz de invierno

 
 
 
 
 
 
 
En una mesa donde se mezclan una underwood desmontada en proceso de reparación, un destornillador, tres botellas vacías de cervezas ejerciendo de cenicero, papeles y más papeles, un abrecarta con forma de Tizona, un paquete de cigarrillos en vías de extinción, Gabirol y Spinoza comparten rascacielos de libros con Martín que vive en el ático.
Es un edificio bien avenido. De vez en cuando, Steinbeck sube a visitar a Martín y mantienen largas conversaciones sobre cualquier cosa menos de las imágenes polisèmicas de Alterman o Penn. Guri ya no se habla con estos dos desde que dejaron de pagar la cuota de la comunidad hace tiempo...
Una baraja de cartas del Luxor de Las Vegas sigue tentándome a ver si me animo a cambiar la rotativa de prensa por un programa nocturno para engañar a desesperados por la Crisis...
El pequeño diccionario de inglés de tapas “verde alemán” comparte VPO con uno de lengua española... se llevan bien... nadie los molesta... Un sentido a la Vida de Saint Exupèry saluda todas las mañanas a su vecino del 1º Andric, empeñado que el Drina no se desborde y se lleve por delante el Puente...demasiado tarde Ivo... ya se lo cargaron en los noventa...
Es otoño y su luz menguante hace que la lámpara de pie del Ikea ayude a iluminar las miles de palabras que se resguardan de mi indiferencia en cada apartamento. Miro por el RETROVISOR y reflexiono... quizás no sea otoño... quizás en la habitación donde sobreviven mis vecinos haya demasiada luz, demasiada intensidad... quizás haya luz de invierno... quizás todos estos años mi memoria no haya conseguido interpretarles adecuadamente, otorgándoles la luminosidad precisa...
Unamuno me hace señas desde su sentimiento trágico de la vida. Le observo por unos instantes, y le digo Adiós con la mano... demasiada cultura judeo-cristiana para estas alturas de la vida. Termino un cigarrillo y mi última cerveza fría.
Pongo un disco.... Euforia...me abro una guinness...selecciono Oxalà y brindo por mi vecino Martín y sonrío... sonrío como lo haría él desde su ático a miles de kilómetros de distancia si escuchara cualquier canción que le recordara... pensándolo bien... quizás... hubiera preferido A Naifa... y vuelvo a sonreir.

jueves, 29 de agosto de 2013

DE VIAJE POR LATINOAMÉRICA

Soy de Ámerica Latina, un pueblo sin piernas, pero que camina. "Calle 13"

Para este viaje volví a cargar mi maleta de libros. Todos de autores latinoamericanos. Monterroso, Belli, mi entrañable Girondo, los inevitables Cortázar, Borges y Neruda, un largo etcétera, aunque  teniendo siempre en lo más alto a Benedetti y su compatriota Galeano. Viajaría en esta ocasión por Ecuador, Perú, y Bolivia, aunque quizás el tiempo, el dinero, las carambolas, la suspensión de vuelos o las huelgas de transportes, me llevasen también a Chile, Brasil o Argentina... Pretendía que estos escritores, también Pizarnik, Echenique, Quiroga, Vallejo, Martí, Futuranski y otro largo etcétera, fueran mi guía durante este viaje. Que ellos me hablasen antes de llegar yo a las sorpresas, que ellos me desvelasen los misterios de estas tierras tan plagadas de rincones. Pero una vez emprendido el camino apenas pude dedicarles tiempo. Muy pronto, en mi maleta, sus libros fueron sólo un peso muerto. El constante cansancio me impedía escuchar sus voces y entre ciudad y ciudad, la tensión de la espera lo ocupaba todo. Además, enseguida descubrí que lo que ellos me enseñaban apenas se parecía a la latinoamérica que iba recorriendo. La mayoría de las personas con las que me cruzaba en los inicios del viaje desconocían los nombres de estos autores.

La latinoamérica real ha resultado ser mucho más directa, más agresiva, cómo sólo puede serlo un continente habitado por supervivientes. Es una isla infinita en la que apenas tienen cabida las ensoñaciones. Su aroma es fuerte, a ratos amenazante, huele a restos de mercado, a sudor rancio, a arroz y choclo hervidos, a chancho frito, a grasa y gasolina, a frutas maduras, a chicha, a jugos y cerveza. Sus sonidos son enérgicos, su música irritante, cansina, sus ritmos a ratos ancestrales, a ratos delirantes. Para mí, con un espíritu tan ajeno al baile, resulta simplemente agotador, quizás hasta prescindible este son son lastimoso y repetitivo que lo envuelve todo. La función de esta banda sonora total es como la de un aniversario diario, como una fiesta de pueblo que se celebrase a cada rato, me advierte, me atonta, me recuerda, no lo olvido, que estoy en latinoamérica. Latinoamérica entera me empuja cuando voy andando por la calle, me obliga a caminar con prisa, a desprenderme de mis pensamientos, los que traje a modo de coraza desde España, a desprenderme incluso de mis gestos, afuera mis certezas, cada esquina me hace evocar a mil fantasmas, y me juego la vida cada vez que cambio de acera. Dentro del gran viaje que estoy realizando, cada día realizo miles de viajes minúsculos y puedo acabar charlando con los incas si compro tabaco en un puesto. Los colores de latinoamérica son los colores de un millón de winphalas agitadas por los vientos que bajan de las cumbres de los Andes. Todo me estalla en los ojos, llevo siempre el sol desparramado sobre mi piel y un eco anciano en las entrañas. Su tacto es el tacto de las piedras talladas con el sudor de otras piedras. Y el tacto de sus minerales ya no es un tacto, es sólo el recuerdo de un tacto robado. Al pasear por sus ruinas, sus venas abiertas, comprendo al momento todos sus fracasos: sus ruinas no me muestran lo que fue latinoamérica, sino lo que no la han dejado ser. Sólo queda certero, cargado de remordimientos, de tacto cargado de auxilio y reproche, el tacto de la tierra seca, o el tacto apabullante de la tierra húmeda, hinchada por sus ríos que pretenden ser mares. Es también incontable el tacto del millón de hojas de todas sus selvas.   ¿Y a qué sabe latinoamérica? Sus sabores no puedo describirlos, necesitaría una nueva lengua sólo para enumerar sus árboles y los frutos que revientan cada día en sus ramas.

Latinoamérica es tan grande que no cabe en ella misma. No cabe en sus libros, no cabe en las gentes que la habitan. No cabe siquiera en sus ruinas ni en los sueños que de ellas surgen. No cabe en sus mapas ni cabe en su historia. No cabrá, por supuesto, en este cuento. Latinoamérica es como una gran Anaconda rabiosa. Así, tan imprevisible e inmutable mi única certeza de este viaje será que latinoamérica es inviajable. Me iré de aquí deslumbrado, agotado, cargado de asombros pero sin comprender apenas nada. Imposible llegar al final de los caminos que he emprendido, que no dejan de culebrear delante de los pasos que voy dando. Porque en latinoamérica serán siempre más los caminos por recorrer que los ya recorridos.
 (Dedicado a Isabel Montojo, Gema, Francisco, Sonia, Yolanda, Pilar, Isa Pelaz, Miriam, Vanesa Arroyo, Arrate, Vanesa Salazar, Elena, Bea, Alba, Vero, Beatriz Rubio, Ana, Itxaso y Shandu, grandes cooperantes de Macará, Ecuador)
(Escrito con el móvil, después pasado a mi diario, en Santa Cruz, Bolivia, 28 de agosto del 2013)

lunes, 22 de julio de 2013

El Árbol de la Vida








Pues no. El título no tiene nada que ver ni con la Cábala, ni el esoterismo judáico ni con la denostada película de Terrence Malick... sino con el arte de vivir...

Forrest Gump afirmaba que la vida era como un caja de bombones, Groucho Marx que una fiesta llena de idiotas cuya máxima preocupación era tener la copa llena, Jesucristo que la vida perfecta era ser huérfano( para el padre que le había tocado) y tener un buen abogado como el de Barrabás y Schopenhauer, que era una pompa de jabón que conservamos y seguimos inflando tanto tiempo como podemos, aunque sepamos con certeza que explotará... este último no tenerlo en cuenta, Schopenhauer era un cenizo de mucho cuidado... no leerlo os evitará acabar como él... viejo y atormentado... creo que ya nació viejo...

Una vez, un buen amigo en un momento de lucidez premortem, me dijo que la vida era más sencilla de lo que parecía y que nos la complicábamos estúpidamente, que si volviera atrás... bla, bla, bla... pobre chaval para una vez que se ponía a pensar... Todo el mundo habla y habla, yo creo, yo pienso... yo, yo...que si , un YOYO... al contrario que el juego infantil, nuestra existencia sólo tiene un recorrido y una vez que llega abajo no tiene retroceso... Para algunos, la vida es la bolsa que llevan al mercado y la llenan con esto, con aquello, amor, familia, trabajo, sueños, esperanzas y la siguen llenando y llenando... luego, a la hora de volver a casa la bolsa pesa demasiado... pero les merece la pena porque su intención es buena, llenar su alacena con todo eso y consumirlo después, sin saber que quizás habría que pensar menos en el futuro y comérselo en el momento, no vaya a ser que se pudriera por el camino... y ahí llega nuestro juez en comisión de servicios TIEMPO... dicen que es Suizo y pertenece a la familia de los Omega... aunque la malas lenguas dicen que es de una familia pobre y proviene de una miserable fábrica china...

De la Israel europea o de la tumultuosa China, el Tiempo dicta la importancia o la banalidad de nuestras vidas. Georges Brassens, que era un gran tipo de los que piensan sin necesidad de ver la muerte junto al cabecero de la cama, cantaba una canción : “El tiempo no tiene nada que ver”... si él lo cantaba... por algo sería... Sea como fuere, ayer tiré mi reloj a la basura( pero de una familia proletaria suiza...un swatch). Quizás no entendí bien la letra de Brassens, pero tras intentar reanimar a un tío en la calle y ver que por mucho que llenes la bolsa de amor, familia, trabajo, sueños y esperanza... La Vida no entiende de relojes y El Tiempo quizás... si tiene algo que ver... sobretodo para una ambulancia...




lunes, 6 de mayo de 2013

PRELUDIO A LA SIESTA DE UN FAUNO



 
 
Abrió las ventanas y la luz dejó entrever la decadencia de meses de polvo sobre aquellos montones de libros y papeles. El aire limpio barrió el olor a viejo de la estancia.
El sol radiante firmó de un plumazo su nuevo contrato con la vida, la novela había sido terminada, su calvario también. Chicas en bicicleta paseaban junto al río sin la menor preocupación, conversaban entre pedaleo y pedaleo, reían y sentían la brisa del Miljacka en sus sonrojadas mejillas. En una esquina un músico cantaba Moscanice Vodo Plemenita al son de una vieja guitarra . Profunda y melancólica, llegaba gracias a la brisa con un tono aún más triste a los oídos del viejo escritor. Apoyado en el alfeizar de la ventana, observaba todo sin perder detalle, era su reencuentro con una vida tapiada durante meses por aquellas pesadas cortinas burdeos. El agua bajaba limpia y cristalina lentamente entre los escalones artificiales del nuevo río.
Dejó unos momentos la ventana para prepararse una buena taza de té. De vuelta, sorbo a sorbo acompañaba su mirada hacia esa vida que había seguido con y sin él. En el edificio de enfrente, su viejo amigo Mehmed regaba con mimo sus plantas de la terraza, inmensa como el Amazonas, acogedora como el paraíso. A su izquierda, la joven Anna pintaba desde su estudio sin descanso con los grandes ventanales abierto de par en par y la luz entraba como su invitada de honor. De piedra ennegrecida por el paso del tiempo, aquel edificio podía desprender un halo de pureza que ni siquiera el más blanco de las almas puede tener. En la guardilla, observaba como el joven Talic intentaba componer su gran obra maestra y las notas se le esfumaban como el humo de su eterno cigarrillo encendido…
La señora Snomjci paseaba su pequeño perro por el parque frente al edificio. Ese era el límite de su existencia tras la muerte de su marido hacía ya demasiado tiempo, levantó la mirada de su querido can y sonriendo saludó al francotirador de miradas, que respondió alzando su taza de té. Estaba feliz, todo seguía girando, la luz resaltaba la belleza del mundo, ese que se podía sentir a través de una ventana abierta.
Sin embargo, las ventanas del fabricante de alas de mariposas estaban cerradas a cal y canto. Recordó con una sonrisa en los labios las horas interminables de ajedrez, brandy y discusiones políticas con aquel hombrecillo cuya sabiduría era inversa a su estatura circense. Volvió en sí y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. De repente, cayó en la cuenta que el mundo no se paró para el resto durante sus tres meses de reclusión… Él no era el Mundo, era sólo una ínfima parte de él…¿Qué habrá sido del fabricante de alas de mariposas?. Su mirada se posó en Anna pero ahora, le parecía que la luz no tenía la misma intensidad que antes. Se dio la vuelta y sus ojos quedaron clavados en el manuscrito. ¿Tres meses de vida?-pensó.
Llegó el atardecer y el astro rey se fue escondiendo poco a poco por entre las montañas que rodean la ciudad. Antes del azul marino que antecede la dulce noche, el sol le regaló una paleta anaranjada decreciente hacia un transparente cían. Inmóvil en la ventana, respiró profundamente…“Hay luz en la casa del fabricante de alas de mariposas…”. Soltó la pétrea taza y salió a la calle, el mundo volvió a girar de nuevo…


jueves, 25 de abril de 2013

ENCUENTRO CON ALUMNOS DEL INSTITUTO "VIRGEN DE LA CABEZA" DE ANDÚJAR

 El viernes 19 de abril tuve la oportunidad de compartir unas horas con algunos alumnos del Instituto "Virgen de la Cabeza" de Andújar, en las que hablamos sobre algunos cuentos del libro "Cuentos hechos con retales". En especial charlamos en torno al relato "El héroe". Entre todos intentámos averiguar el porqué de la actitud tan vengativa del protagonista. Con respecto a este tema, había respondido antes a unas cartas que me enviaron, en las cuáles aconsejaban a dicho personaje qué debía hacer para dejar a un lado su actitud tan vengativa y rencorosa. Os dejo a continuación algunos de los extractos.

“Ya que en la vida hay cosas muy bonitas, por las que ser felices y no tener que hacer daño a nadie” 
Loli García Gómez

“Luché por lo que quise, fui saltando cada obstáculo que me fui encontrando  y así me hice más fuerte”  Ana María Pastor Lara

“Podríamos ir de copas o al cine para que no te sintieras  tan mal y comenzarás a disfrutar de las cosas buenas de la vida”  Juan Manuel Herrera Expósito

“Debes salir de tu casa, intentar relacionarte con las personas y abrirte a esas personas contando lo que te pasa, que seguro que te ayudan.” Alejandro Boiso

“La pistola que cogiste no te hace más feliz porque la lleves en las manos, porque sientas frío en las manos…”  Paco

“Todo el mundo tiene problemas, unos más, otros menos pero nunca se debe encerrar en ellos, todo lo contrario. Hay que buscar algo que nos aporte felicidad, conocer gente y si crees en el amor ¡búscalo!"  María del Carmen Martínez

“No hagas tonterías como esa e intenta relacionarte más, de esa manera conocerás a más gente y empezarás a salir con los amigos y disfrutar de la vida” Francisco Verdejo Zambrano

“Tras plantarle cara a la persona que le estaba apuntando con la pistola, pienso que se dio cuenta que el tenía que ser más fuerte y afrontar las cosas pasara lo que pasara.”  Jonhattan Expósito Martínez

“Si te llenas de ira y tristeza, haces cosas de las que luego te arrepentirás” Guillermo Quintero

Hay algunas de las cartas que aún no me han llegado, aunque espero que lo hagan pronto, y las responderé lo antes posible. Espero que pronto pueda repetir esta experiencia tan gratificante y que además podamos entre todos concluir ese cuento que quedó pendiente por escribir entre todos.


 Como todos en la vida hemos sido alguna vez alumnos, y de hecho durante toda nuestra vida no dejamos de hacer cosas, le dedico esta entrada a todos los alumnos (y alumnas) con los que compartí esa charla tan enriquecedora y por supuesto, también a Rocío, ¡gran profesora y futura mamá¡
 ¡Espero que nos volvamos a ver pronto!.

Primera parte de "El héroe"
Segunda parte de "El héroe" 

viernes, 19 de abril de 2013

De mayor quiero ser Charles Aznavour...









Francia es Francia... Sus vinos... sus paisanos comiendo quesos y bebiendo vino...ahi ¡¡¡ como se me ve el plumero... borracho ¡... En fin, a pesar de su chovinismo asimilado...que quede claro, sólo los de Paris... que como los de capital se creen el centro del mundo....los de pueblo son como de cualquier pueblo de Albacete... gracias a Dios... Francia es Francia... No se les puede echar en cara nada... Hicieron hace más de dos siglo y medio la revolución que a día de hoy los españoles no hemos tenidos Cojones de hacer... Francia es Francia... A pesar de que Leon Blum llorando dijera eso de que no podía hacer nada por la España Republicana....la España Republicana hizo La Resistencia que muchos franceses no tuvieron Huevos de hacer... Después... a pesar de los pesares... muchos tuvieron en Francia el hogar que La España Sempiterna que no les permitió tener... abuelitos que desde Perpignan o Toulouse narraban sus amargas inquietudes en documentales de su exilio de  la España de Monjas , Curas y herederos de Rajoy y sus “ nuestros votantes prefieren dejar de comer a dejar de pagar sus hipotecas”... surrealista... Francia es Francia … Camus, Sartre ( como envidiabas a mi Albert.... cabrón... con el pedazo de mujer que te tocó...impotente...) Picasso ( que no era francés pero para el caso más francés que español...seguro...) Aznavour ( que tampoco es francés de pura cepa que para el caso... más quisieran muchos franceses...) Francia es Francia... Ahora se pasean por sus calles apaleando a otros franceses que aman a franceses de sus mismo sexo.... ¿ Cuándo olvidasteis aquello de la Libertad, Igualdad y Fraternidad?... No... vosotros No... No podéis... Tenéis los defectos de cualquier sociedad... pero Cuando la cosa se ponía mal siempre supisteis recordarnos el espíritu de 1789... porque...Francia es Francia...
Ahora que todos estamos perdidos...Miro a Francia... porque Francia es Francia... Miro a Francia... porque... Francia es Francia...


Dedicado a Charles Aznavour... y al espíritu francés... en el cual...todos podemos ser franceses...


domingo, 24 de marzo de 2013

Adios Nonino

 
 
 



Decía un amigo que “los buenos relatos han de ser leídos como quién se fuma un habano. Lentamente, dejando que la nicotina y el veneno entre poco a poco en tu mente y luego cuando terminas, tirarlo como una colilla. El relato será entonces un recuerdo efímero como el humo del tabaco pero el veneno quedará en ti mucho tiempo después de haberlo consumido...” Este buen amigo desapareció como lo hace todo el mundo, un día cualquiera y por unas de las miles de causas por la que un ser vivo deja de serlo. Hablaba y hablaba... fumaba y bebía como si la vida fuera una carrera de velocidad... jamás fue un deportista de fondo, nació para galgo (incluso tenía algún parecido físico) y no para mastín del Pirineo... Hoy la lluvia quiere acompañar, como no podía ser de otro modo, este día sin mi amigo. De vez en cuando, entre la nubes, aparece un rayo de sol de eso que te dejan ciego de la claridad que transmite y todos sonreímos alzando las copas con el alcohol más fuerte que hemos encontrado. Nadie llora, la madre naturaleza lo hace por nosotros...



Mañana será otro día, el mundo seguirá girando y la Vida seguirá con o sin nosotros... pero el veneno del amigo aún permanecerá por mucho tiempo en nosotros...



sábado, 23 de marzo de 2013

MI MUNDO EFÍMERO



Una vez que terminó de fregar, el suelo de linóleo empezó a secarse y, mientras lo hacía, el agua que iba quedando formó algo así como un archipiélago de islas[...]

Mapa de mi Atlántica particular.
Leyendo este poema de Manuel Moyano, “Mundo efímero”, me ha venido a la mente un recuerdo de la infancia. A mí, cómo al autor, cuando era un niño, también me gustaba inventarme islas. En mi caso, las islas no surgían de rastros de agua mal secados, sino de las manchas de humedad que surgían en el cemento del suelo del patio de mi casa. Esas manchas iban definiendo sus formas con los  remiendos que mi padre iba haciendo conforme ese suelo se iba deteriorando por las lluvias o por el constante pisoteo. Picaba, levantaba el cemento más desgastado y cubría el hueco con una mezcla más compacta. Esta mezcla, inevitablemente, tenía un color diferente. Surgieron así unas manchas con unas curvas retorcidas, como fiordos, como golfos o como deltas que destacaban de manera clara, al menos para mí,  en uno de los rincones del patio. Pues bien, esas manchas, pronto me imaginé que eran islas, y el resto del suelo, de un color más apagado, por supuesto era el mar, que aunque de apenas unos metros cuadrados, mi imaginación infantil lo hizo infinito. Como infinitas fueron las veces que arribaron a esas manchas convertidas en destinos mis barcos primero de papel, luego de cartón y al final de metal o plástico, cargados de todo tipo de muñecos aventureros. Pasé muchas horas sentado en el suelo del patio. Empujando de un lado para otro barcos que yo mismo me construía, haciendo ruidos con la boca que simulaban desde un oleaje bravío hasta los cañonazos de un abordaje. También pasé muchas horas trazando sobre papel las arqueadas costas de esas islas surgidas de la chapuza y el remiendo. Les inventé ciudades, ríos, montañas, una geografía completa que fue surgiendo conforme mis muñecos se adentraban en esas islas. Y alrededor de ellas, además de mares, añadí nuevas islas, nuevas tierras, continentes enteros. Me inventé al final un país,  alrededor del cuál fueron girando todos mis juegos de la infancia. Tomé, por decirlo de algún modo, posesión de esas tierras. Todo a lo que jugaba debía tener lugar dentro de esas escuetas fronteras. Mis batallitas fueron guerras contra países que querían invadir mis islas de cemento. Todos y cada uno de mis juguetes, que nunca fueron muchos porque los destrozaba con rapidez, tuvieron una función muy importante en este país inventado. Así un cochecito cualquiera, podía llegar a ser el coche oficial del presidente, o cuatro mondadientes pegados con pegamento “Imedio”, el Santísima Trinidad, buque insignia de toda mi Armada.



No sé cuántos años pasé jugando a estos juegos, cuántas fueron las guerras, algunas de ellas incluso perdidas, cuántas las conquistas, cuántos los nuevos territorios descubiertos. Supongo que no fueron tantos; la infancia, aunque el recuerdo nos la haga eterna, apenas dura unos años. Acabé prefiriendo salir a jugar con mis amigos, a pasas las horas de la tarde jugando a fútbol en el parque. Era inevitable. Los atlas, los mapas, las improvisadas cartas marítimas dibujadas a lápiz con trazo infantil, se fueron perdiendo, barridas por lentos expolios. Y al final, como un tremendo maremoto que todo lo asoló, mi padre acabó haciendo una obra definitiva. Un buen día se acabaron los parches de argamasa: en unas semanas alicató todo el patio. Quedó precioso, decían las vecinas, con esos azulejos estilo moruno, y ese arriate plagado de geranios y jazmines. Ya no hubo manera de descubrir nuevas formas en esa dictadura cuadriculada que cubría todo el suelo. Tuve que resignarme, yo que sin saberlo, había sido dueño de toda una Atlántida. Además, mi imaginación daba muestras de agotamiento. Empezaban a surgir nuevas inquietudes, empezaba a descubrir que tras mi mundo imaginado, había otro, que quizás no fuese tan grande, pero que avanzaba implacable.

Dedicado a Alicia,
que un día me regaló un pedacito de su infancia, 
y a mi hermana Sheila,
que fue sin saberlo, alcaldesa de una de mis ciudades inventadas.

domingo, 23 de diciembre de 2012

...





La madrugada se presenta muy fría. Sobre un universo limpio y claro las estrellas no paran de guiñar sus diminutos ojillos. Al respirar, el gélido aire nos insufla la serenidad que da sentirse vivo. El café se ha enfriado y el cigarrillo en el cenicero ha dejado de exhalar su azulino humo. Silencio. Todos duermen. Una tenue brisa mece las hojas del limonero y un gato se mueve lentamente como si no quisiera interrumpir los sueños que en todos y cada uno de los durmientes se proyectan a modo de cortometrajes surrealistas. Giro la cabeza y me veo veinte años menos, enmarcado con una sonrisa y un clavel, quedo pensativo y doy un sorbo de café. Enciendo otro cigarrillo y cierro los ojos. Intento recordar la última vez que reí y no me acuerdo. Todos duermen. Silencio... y sonrío...

viernes, 21 de diciembre de 2012

Hoy se acaba el mundo y yo ya me he peinado...



Tic-tac, tic-tac, tic-tac... y nada, que el meteorito no cae... eso sí, la prima de riesgo está por debajo de los 400 puntos, ya puedo tener mi momento all bran esta mañana más tranquilo. En Madrid ponerse enfermo es políticamente incorrecto... venirse al Sur, aquí ya tenemos esparatrapo y gasas en urgencias... En Valencia hacen colas de hora y media el populacho para comprar barras de pan a veinte céntimos... y es que los pobres os quejáis de vicio... Mi querida Ana Mato, la que decía que no entendía a los niños andaluces cuando hablaban... pues si me escuchara a mí...*), logrará el milagro de Lázaro... hará que los cojos anden sin muletas y los inválidos leviten sin sillas de ruedas... Tu Putamadre ¡( en andaluz significa que linda eres ¡)... El PSOE hará casi veinte ruedas de prensa hoy para exponer los desastres de Rajoy en su primer año de mandato... en el fondo los socialistas son unos derrochadores... con una es suficiente chavales...
Sigo mirando al cielo y nada... ni pedrisco... vaya mierda los Mayas...


* Er chavó de la cová, er que sale arrejuntao con toa lá jarca médica, no paga muletas.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Mañana se acaba el Mundo y yo con estos pelos...





El otro día vi un cartel que rezaba algo parecido a esto : “ No tengo miedo a que el mundo se acabe en 2012, tengo pánico a que siga igual en 2013” (más o menos).
Legiones de anormales (con y sin estudios universitarios), marujas y landistas, norteamericanos amantes de las armas o ibéricos amigos de las albaceteñas, del norte, del sur, hipotecados y desahuciados, gilipollas y doctores cum laude... todos esperan en lo más profundo de sus corazones y con el culito algo apretado que pase el 21 de diciembre... El fin del mundo...

Lo triste es que el fin del mundo ya empezó hace unos cinco años, en verano del 2007 y nosotros sin enterarnos... En menos de cinco años, el mundo como lo habíamos conocido ha desaparecido. La escuela pública ya es sólo un refugio para los hijos “del populacho”, la sanidad... el otro día estuve presente como la jefa de enfermería solicitaba gasas y esparatrapo para urgencias ( eso sin contar que la mayoría de las cosas enviaban al familiar del enfermo a la farmacia para comprarlo... tremendo). Las pensiones... hasta los 70 nos dicen ahora nuestros amigos europeos, y lo irónico es que si te quedas sin trabajo con 40 ya no vuelves a trabajar en tu vida en España... 1/3 de los niños españoles pasan hambre... Si Hambre. Caminaba hace justamente dos años, diciembre de 2010 por Madrid con Martín, y al dar la vuelta a una esquina observé, sin dejar de seguir la conversación de este, una cola inmensa de personas que portaban carritos de compra y con un factor en común : La mayoría miraban al suelo. De eso han pasado dos largos e interminables años para todos y cada uno de aquella cola más lo que se les han ido agregando. Los políticos ríen, miran a otro lado y envían a la policía a machacar a la gente... La democracia... de eso ya ni hablo...


Así, mientras nos preparamos para el “fin de los tiempos” me peinaré con la raya al lado como un inocente párvulo y me fumaré un habano como mi ídolo Rajoy e intentaré descubrir quién ganará la liga este año... si no se acaba antes el mundo... claro...

lunes, 26 de noviembre de 2012

LOS FALSOS MITOS (Última parte)



"No es mi obligación entregar a los demás lo objetivamente mejor, sino lo mío, tan pura y sinceramente como sea posible"
Hermann Hesse. Cartas. 

Así unos y otros vamos acumulando unos reflejos propios que vamos estandarizando y convirtiendo en nuestra carta de presentación allá dónde vamos. Algo por lo que se nos reconoce de manera rápida. Algo que hemos ido extrayendo de nuestras vivencias y haciendo por lo tanto nuestro. Algo que remodelamos, algo que adaptamos a nosotros. Algo que tallamos como quién talla un trozo de madera. Algo que vamos acaparando y archivando a diversos niveles. Porqué en realidad no somos uno sino varios los que somos. Modificará en gran media quiénes estamos siendo factores tales como dónde o con quién estamos siendo.  No seremos la misma persona sentados en un bar y viendo un partido del Athletik, que hablando pausadamente y con ilusión con la mujer con la que hemos hecho el amor hace un rato. Yo al menos, siento que lo uno puede ser como un simple chinato en un zapato y lo otro como la cordillera de los Alpes que me retase a cruzarla.

         Para uno y otro momento tenemos innumerables opciones de ser. Y serán varios los mitos que surgirán de nosotros, varios los rastros de camino que dejemos  a los que vengan detrás de nosotros por los mismo derroteros. Ahora bien, y este sí es quizás por fin, el motivo más importante, el tema principal de esta reflexión. Tenemos que ser en todo momento, sin importar la profundidad o trascendencia de dicho momento, lo más sinceros posible con nosotros mismos. Escribía en un párrafo anterior que cualquier tipo de vida, con sus opciones propias, es siempre válida. Pero en realidad no, esto no es del todo cierto. Aunque no haya una proporción muy definida para esto, una vida será más o menos acertada en la medida en la que somos sinceros y vamos “sorteando” con sinceridad las situaciones que nos vayan surgiendo a lo largo de la vida. Y la sinceridad se mide a su vez en el grado de integridad que hemos logrado entre el nivel de lo que creemos que es la solución para un determinada “piedra o caramelo” y el nivel que hemos aportado de nosotros mismos para “vivir” dicha “piedra o caramelo”.

         Una vez dado nuestro primer beso o una vez sufrida la muerte de un familiar nuestro, hablaremos de ello, unos más que otros, algunos buscarán consuelo en los amigos cercanos, otros buscarán algo de comprensión en los aparentes expertos en la materia. Algunos leerán libros, otros escribirán poemas o pintarán cuadros, algunos de esos poemas o cuadros se harán muy famosos y llegarán a ser obras de arte, (no ya camino sino verdaderas autopistas para seguir), muchos simplemente permanecerán en silencio. Pero todos, al fin y al cabo, estarán creando sus propios mitos. Nadie comprenderá enteramente qué es lo que le ha ocurrido, en que modo le ha afectado y qué nuevas personas son después de vivido ese momento. Pero que es sino el mito la respuesta a algo que no se comprende. Ahora bien, el mito debe asentarse en una relativa certeza y sobre todo en la sinceridad y la honradez. Actuar en la medida de lo posible lo más cercanos a lo que creemos que es ser sincero, y expresar las conclusiones del modo que igualmente creamos más honesto. El añadirle más o menos filigranas, el querer adornar nuestros mitos, es algo aleatorio y prescindible. Una mera cuestión estética y de modas. Además la belleza extra puede resultar redundante, porque un mito, una expresión nuestra que surja de una necesidad o inquietud sincera, usando unas palabras sinceras será siempre hermoso. Resultará siempre constructivo. Así que, cuando estemos ante una persona, y seamos conscientes de que está persona se está dirigiendo a nosotros de una manera franca y honesta, prestémosle nuestra máxima atención, porque en esos momentos estamos ante algo muy parecido a una obra de arte. Del mismo modo, en cada momento que estemos siendo nosotros mismos, en cada momento que estemos proyectando algo de nosotros, intentemos ser lo más sinceros posible, para hacer así de nosotros mismos algo parecido a otra obra de arte. Aunque la infalibilidad no está en nuestra mano, debemos intentar al menos, dejar un “rastro” lo más claro y consecuente. Y siempre, siempre, desechemos los grandes mitos, los falsos mitos de las grandes naciones y las grandes religiones, que no nacen de una duda o una sorpresa primordial.  Centrémonos en las historias, las dudas, los milagros, los mitos mundanos que día a día nos asaltan y son las verdaderas piedras y caramelos de nuestros caminos: nuestra vida al fin y al cabo.


“las religiones y los mitos son, al igual que la poesía, un intento de la Humanidad de expresar, por medio de imágenes, precisamente esa indecibilidad que vosotros tratáis inútilmente de traducir a llanas expresiones racionales”
                                                                                                                            Hermann Hesse, Cartas.

LOS FALSOS MITOS (2ª parte)


              Yo no pretendo en este “cuento” ofrecer ninguna solución, ya lo he dicho: la vida es insondable  y cualquiera de los caminos que elijamos para transitarla podrá ser o no, igual de acertado. Yo sigo en estos momentos mi camino propio, ante la “piedra” de un domingo que amenazaba ser muy aburrido, he optado por la opción de rellenar el tedio escribiendo esto (que está resultando a su vez algo tedioso). Esto que escribo es así la expresión de mi “mito particular”. Lo que sí voy a intentar reflejar es qué surge cada vez que damos un nuevo giro, cada vez que bordeamos algún obstáculo, cada vez que ese nuevo requiebro en la vida nos hacer ser un poco más la persona que somos. Puede que una intención de este cuento, sea el dar algo así como una definición prosaica de lo que es el arte: la necesidad de expresar de un modo más o menos artístico, el vértigo que hemos sentido al dar un nuevo giro en nuestras vidas. Del mismo modo que las naciones fundan ciudades, las religiones dan forma a su fe con mezquitas, sinagogas, catedrales o simples monolitos de piedra y  los llamados artistas pintan cuadros o escriben epopeyas, las personas más sencillas, aparentemente las menos creativas, hablan en el bar, en la tienda, van a casa del vecino y vuelcan de un modo más artesanal las pequeñas sorpresas que les va ofreciendo el día a día. Aparentemente este grupo mayoritario de personas pasan por la vida sin encontrar “piedras” en su camino y siguiendo un camino ya definido. Pero todos, sin quererlo, le vamos dando una forma a nuestra vida, a nuestra historia, nos vamos labrando un recuerdo: todo aquello que se encalla de un modo más fuerte en nosotros se va transformando en nuestros mitos. Quizás no los labramos en piedra, quizás no los plasmamos en papel y seguramente no sobrevivan mucho tiempo a nuestra memoria. Pero unos y otros nos aferramos a ellos con desesperación, pues son estos, esos mitos, el reflejo más próximo de lo que somos, de lo que ya hemos sido y de lo que estamos siendo. ¿A quién no le han dicho alguna vez, “para, no me hables de eso que ya me lo has contado”? ¿Quién no se ha sorprendido alguna vez recordando de manera espontánea algún amor del pasado?¿Quién no acumula de una manera aleatoria, canciones, libros, historias, rincones de ciudad, bancos de parque, personas que ha amado, equipos de fútbol o miradas o gestos profundos, que considera como favoritos y con los que se siente muy identificado? Nos encanta hablar sobre estos, son temas con los que nos sentimos muy cómodos, es más, casi nos consideramos expertos. Es normal, es nuestra propia vida, estamos hablando de nosotros mismos. A mí personalmente, me encantan los Conciertos de Brandenburgo, adoro a Franz Kafka, (incluso en mi adolescencia quería ser cómo él, lo mismo que otros querían ser bomberos, futbolistas o el de en medio de los Chichos), me encanta pasear por Granada y sentarme en los bancos solitarios de cualquier pueblo, veo algún que otro partido del Athletik y me emborracho cuando gana algún título (en realidad nunca, que yo recuerde, me he emborracho por este motivo, aunque ha sido fácil encontrar otros), ah, y cuando me pongo meditabundo me suelo rascar con el meñique el colmillo superior izquierdo (de hecho lo acabo de hacer ahora mismo). Estos son, a modo de ejemplo, mis mitos o mis leyendas personales. No son catedrales, ni monumentos al soldado desconocido y por supuesto, nunca acudirán miles de turistas a visitarme, a verme rascándome un diente o vomitando en una esquina con una bufanda rojiblanca anudada al cuello… Aunque quién sabe, si llego a ser famoso y me montan en algún pueblo una casa-museo… 

(Fin de la segunda parte.)

LOS FALSOS MITOS (1ª parte)



"El mito es la parte oculta de cada historia, la parte sepultada,
la región que todavía está sin explorar porque todavía no hay palabras
que nos permitan llegar allí...El mito se alimenta del silencio
 tanto como de las palabras"

Italo Calvino (Italia/Cuba, 1923-1985)

         Las personas, como los países, tenemos nuestros propios mitos, nuestras leyendas, nuestras genuinas historias personales. Del mismo modo que se labra la historia de las naciones, a una escala mucho más reducida pero igual de intensa, se forja nuestro carácter. A unos y otros nos van surgiendo los obstáculos que deberemos ir superando de una u otra forma. Viviremos durante nuestra vida multitud de enfrentamientos, que darán pie a victorias, derrotas o resultados incomprensibles.  Surgirán alianzas con otros países, surgirán nuevos encuentros con alianzas ajenas, que darán igualmente pie a otras victorias, derrotas o sorpresas compartidas. Será el modo de superar estas “dificultades”, el camino que hemos escogido para bordearlo y el sitio al que nos encontramos tras esa lucha, lo que va haciendo de nosotros las personas que estamos siendo. El río no elige ser río, no elige siquiera ni el lugar ni el momento de salir a la superficie, simplemente brota y comienza a fluir pendiente abajo. En su camino surgen piedras, vados, senderos, montañas enteras, que deberá bordear para seguir su curso, para seguir siendo río. Hasta el obstáculo más pequeño puede alterar el curso de un arroyo incipiente.  Lo mismo ocurre con nosotros, o al menos algo parecido. Porque nosotros, poco a poco vamos tomando conciencia de las personas que estamos siendo, de los enigmas que acarrea la existencia y de las conclusiones que hemos esta nos aporta. Algunos de esos “enigmas” lo hemos solventado por pura inercia, (“intuición” la llaman algunos), para otros misterios hemos recurrido a respuestas ya dadas optando por la opción más razonable, (“aprendizaje”), la más sencilla y la más lógica. También habrá ocasiones que recurriremos a soluciones ya aprendidas de situaciones similares, (“experiencia”). Pero habrá incluso algunas personas que inventarán nuevas respuestas, crearán nuevos caminos de manera casi milagrosa. Para algunos serán visionarios y genios, para otros simplemente inconscientes y locos: en esto nunca nos pondremos de acuerdo.  El caso es que las piedras en el camino se irán acumulando y las opciones para sortearles serán muy pronto ilimitadas, mostrándose así la existencia como algo infinito: inescrutable, pero adictivo a ratos, a ratos también angustioso. El solventar con éxito unas u otras piedras te llevará inevitablemente a nuevas piedras. Cuando me refiero a “piedras”, no lo hago en un sentido estrictamente negativo. He elegido la palabra piedra por puro azar, por cierta afinidad a esa palabra, quizás por la sólida connotación que conlleva, aunque podía haber elegido, por ejemplo, la palabra “caramelo”, para intentar explicar lo mismo. Y el verbo “solventar” o “superar” quizás tampoco sea el que debería usar en este razonamiento. Se me ocurre que quizás, el más apropiado para lo que quiero decir sea simple y llanamente un verbo como “vivir”. Uno supera con más o menos éxito la muerte de un familiar, pero no creo que sea correcto decir supera su primer beso. Ambas son experiencias que todos “viviremos” y que nos harán tomar determinadas aptitudes y caminos en la vida, pero está claro que una circunstancia será una “piedra” en el camino, y lo otro un “caramelo”. (Perdón por esta aclaración, pero lamentablemente yo no sé alemán, idioma muy poco dado a las ambigüedades y que se supone es el idioma ideal para los juegos filosóficos. Es muy aparente para eso y para sacarles los cuartos a los griegos, ¡qué ironía!, creadores a su vez de la filosofía).

miércoles, 7 de noviembre de 2012

ESTO NO ES UN CUENTO...



Arte

Cuando el
Espíritu
Se desvanece
Aparece
La
Forma.

(Bukowski)


No, esto no es un cuento, tampoco una excusa, ni siquiera llega a meditación. Tampoco pretende ser una justificación de porqué no hay cuentos en este blog durante tanto tiempo. Es quizás un pequeño intento de rellenar ese vacío, hablando de ese mismo vacío, intentando encontrar una justificación a ese vacío, simplemente para que quién pase por aquí, vea algo, aunque sólo sea este amago de desvarío. Quizás sea simplemente, escribir por escribir. Estamos vivos, sí, aunque algo perdidos.

Algunas veces he comentado con Javi y con Cris, con quiénes comparto la mayoría de los cuentos de este blog, lo sorprendente que resulta el sencillo gesto de escribir. Cómo de manera casi milagrosa han ido surgiendo los cuentos en los duelos que nos hemos ido proponiendo. Es agradable también, el sentir cómo pasan los días y mientras paseo por la calle, o estoy trabajando, o a punto de que me venza el sueño, una parte de mi cerebro se desprende de los pensamientos rutinarios y se afana en encontrar una historia. ¿Escribir un cuento sobre una silla, sobre un ventilador, sobre la fotografía de una mujer desnuda? ¿Cómo la haré, qué se puede contar teniendo como base una primera premisa? Es sobretodo muy agradable sentir el cosquilleo del esfuerzo en mi cabeza, como las ideas van girando, arremolinándose unas con otras hasta tomar una forma definitiva. Puede que no sea una forma perfecta, pero eso es para mí, y creo que también para el resto de mis compañeros, el sentirse vivo.

¿Qué ocurre ahora,  cuándo de repente esas ideas han dejado de bullir? Pasan los días y no se logra dar forma a nada. Este estado de impotencia creativa tampoco significa la muerte. Puede que algo próximo y a la vez muy lejano. En fin, es un vaivén muy incómodo, angustioso, que cada uno intenta solucionar a su modo. Todos pretendemos estar vivos, pero estar vivos supone mucho esfuerzo. De hecho, es bueno apearse a veces de la vida misma, darse un respiro, emborracharse, hacer algo subversivo, no quemar un cajero (aunque sería una manera acertada de hacer un paréntesis), simplemente hacer algo a lo que no se esté acostumbrado… Pero también ocurre que a veces cuesta volver a reengancharse a la vida misma. Y llegan las prisas y uno se da cuenta de que no disfruta igual de las buenas canciones que tanto te gustan, ni se engancha a las buenas novelas con la facilidad de antaño y también, el corazón parece que se ha vuelto de piedra ante cualquier buen verso. En nuestro caso, en mi caso, ¡joder!, lo que cuesta poder volver a escribir algo. Lo que cuesta volver a sentir el run run de los pensamientos, de las ideas latiendo en mi cabeza. Entonces, mi táctica para abandonar estos barbechos creativos es sencilla: consiste en dar palos de ciegos. Y esto es al fin y al cabo lo que son estas palabras, palos de ciego. Ante la rabia por no encontrar la imagen, la palabra, el verso que haga saltar algún resorte dentro de mi cerebro, me lanzo al pequeño infinito de un folio en blanco, le robo palabras a mi diario, y las descargo a ciegas en este blog. Después, como niño en una playa, juguetearé con ellas, las amasaré con mis dedos, haré castillos de palabras de arena, los destruiré a patadas y volveré a labrar esas ruinas con mis manos en busca de algún milagro.

En fin, os muestro mi vacío y mi manera de pelear contra él. No es gran cosa. Y le dedico esta “paja mental”, como la definiría mi amigo Lolo, a todas aquellas personas que tanto me ayudan en estos momentos, a los que con tanta fuerza suelo aferrarme en busca de un trampolín.  ¡Tened paciencia, os pido! Porque crear a través y gracias a vosotros, es la mejor de mis maneras de sentirme vivo. Porque una persona, y no las imágenes, las palabras y los versos, es el mejor de los motivos con los que llenar un vacío. Acabo ya, cumpliendo la ancestral regla de este blog: no superar el folio en todo aquello que se escriba, en Times New Roman, 12, aunque haya tardado dos meses en escribir esto...

viernes, 26 de octubre de 2012

EN BUSCA DE LAS PALABRAS PERDIDAS


En un rincón perdido de Albacete
Bufff, lo que cuesta a veces ponerse a escribir. Yo, como otros muchos españoles, he sido despedido del trabajo y viendo que las opciones de reengancharme a algo interesante en la ciudad en la que vivía eran mínimas, he hecho lo que otro gran puñado de españoles ha hecho en circunstancias parecidas: volver a la casita de mis padres. Allí he sido muy bien acogido, todo hay que decirlo, pero entre caóticas mudanzas y volver a adaptarse al cuarto de mis adolescencia, pues que se ve que la inspiración me la he dejado en alguna de las cajas, bolsas o maletas que aún no he abierto, porque no sé muy bien dónde meter tanto trasto. Poco a poco me voy apretando como puedo, y en breve, por supuesto, prometo ponerme a garabatear algún que otro folio en blanco... Si alguien se ha pasado por aquí últimamente y ve que lleva algo tiempo abandonado, que no se engañe ni se preocupe...¡No estamos muertos! ¿Verdad Javi, Goran y demás colaboradores?  Un par de encuentros en alguna tasca de mala muerte allá por el sur de España o el centro de Sarajevo, unas cuantas copas de vino, otro puñado de rasgeos de guitarra, de golpeteo de botellas y volveremos a estar como nuevos. ¡Lo prometemos! Mientras tanto, dejo como señuelo para que acudan las palabras, unas fotos. Las últimas que he hecho, en uno de mis últimos paseos por la región que me ha acogido durante estos últimos cinco años. Me voy de allí y todavía no sé muy bien que parte en Mancha, cuál Manchuela y vete tú a saber, cuál es Alcarria. El caso es que son parajes preciosos a los que les debo más de un cuento o poema. No sé tampoco si hacer fotos es más fácil que escribir, al menos creo que es más rápido... En estas semanas de vaivén y zozobra laboral, y cierto encogimiento de estómago ante la nueva etapa que se abre ante mí, se me ha agarratoda la muñeca que sostenía el bolígrafo, aunque el dedo que aprieta el obturador aun parece que funciona. Estas son las fotos... a ver si surge algún cuento de ellas, al menos unas palabras. Goran, Javi, Cristina, y cuánta gente pase por ahí, os vuelvo a animar a escribir sobre estas imágenes o sobre cualquier otras que se os ocurran.

 ¡SALUD Y LARGA VIDA A LA CULTURA!

sábado, 20 de octubre de 2012





Misery bear... Misery bear... jamás un osito de peluche reflejó tan bien la miseria humana... Misery bear... jack daniels y cigarrillos para aplacar la desolación de un corazón solitario... Dustin O' Halloran toca al piano Variazione Di Un Tango y tu corazón vuela a otras tierras... a otros tiempos... con la última nota vuelves a esa miserable realidad de contenedores y hambre, de politicos sonrientes y ciudadanos narcotizados por la droga más fuerte...  El Miedo... No Future... No Way... pero todo ha sido un sueño... las calles vuelven a estar llenas de gente paseando, sonriendo, hablando plácidamente... unos niños juegan en el cesped y al fondo algunos ciclistas saludan con la mano... es primavera... el sol nos acaricia y las rosas perfuman una brisa que mecen los árboles a ritmo de nana... sueña...sueña... y no despiertes jamás... misery bear... misery bear...



miércoles, 18 de julio de 2012

MALDITAS LLAVES (Capítulo final) Un drama real, diario y mortal para los gatos.

Así que me acomodo en la primera terraza que veo, ya no me avergüenzan la camiseta llena de lamparones, los pantalones roídos, mi pelo despeinado, mi cara de sueño y mi pan bajo el brazo. Tengo dinero en el bolsillo, y puedo comprarme lo que quisiera. Café con leche y una tostada de tomate para celebrar el Ulises de pacotilla en que el destino me ha visto obligado a transformarme esta mañana, capaz de superar cualquier situación adversa que me saliese al paso.

Apurado mi desayuno, y leídos todos los periódicos del bar, económicos, deportivos y hasta los del cotilleo, cae sobre mí como una losa la hora que marca el reloj de mahon que hay justo al lado de la máquina tragaperras. ¡Las doce y cuarto! Joder, porqué me habré levantado tan temprano esta mañana… Sólo han pasado dos horas y media desde que he descubierto que había salido sin llaves. Estoy tentado de volver a sentarme y pedir otro café con leche y otra tostada, pero en ese bar ya no tengo nada que hacer, así que mejor voy a seguir dando tumbos por el barrio, aunque ahora con el capital económico bastante más menguado, pero el estómago lleno: 2, 02 euros. Creo que lo guardaré para una última cervecita después de otro largo paseo para hacer tiempo. Hacer tiempo, curiosa expresión. Y es casi cierta, pues cada hora que pasa parece estar hecha con miles de ladrillos que voy colocando uno a uno.

Vuelvo entonces a caminar erráticamente por las calles. Es curioso comprobar como mi atención se aferra a con tanta ansia a cualquier cosas con tal de distraerme. Me demoro minutos que me parecen horas mirando cualquier escaparate, espero pacientemente a la orilla de los pasos de cebra, me fijo minuciosamente en los rostros de las personas que pasan a mi lado, vuelvo a demorarme en los escaparates, los kioskos de prensa resultan todo un oasis, puedo entretenerme leyendo y releyendo las cabeceras de la prensa y las portadas de las revistas, hasta que el dueño de turno empieza a mirarme con aire osco y me lanza indirectas del tipo “¿Alguien va a comprar algo” o “Si quieres leer gratis, vete a una biblioteca”. No en una biblioteca, que siempre me han dado un poco de grima esos sitios con tanto viejo leyendo periódicos y tanto chiquillo voceando entre las estanterías, pero si acabo metiéndome en una librería de segunda mano donde puedo pasar más tiempo ojeando libros sin despertar demasiados recelos. Es más, incluso puede que sacrifique los dos euros para la cervecilla y acabe comprando

Pero nada, en la librería, me percato inmediatamente de que no hay mucho en lo que entretenerme. Además, sacando algunos libros a voleo, con bonitas encuadernaciones y muy bien apiladitos, compruebo que el precio de todos ellos es más que prohibitivo para el par de monedas que no dejo de manosear nervioso en mi bolsillo. Aún así, antes de abandonar el local, me acerco a una caja algo apartada en la que hay una buena montonera de volúmenes y extraigo uno de ellos al azar. “Técnicas de primeros auxilios para gatos”. Ja, ja, ¡obra maestra! Lo primero que pienso es que "¿qué técnicas podrían necesitar esos bichos del diablo?" Y lo segundo "¿quién llevaba una vida tan aburrida como para escribir un manual sobre primeros auxilios gatunos?" En fin, lo volteo entre mis manos y ¡coño!, sólo cuesta dos euros…Pues mira, con lo aburrido que estoy, me servirá para reírme un rato. El dependiente me mira con cierta sorna al cobrarme el ejemplar, seguro que piensa que tengo más pinta de comerme los gatos que de cuidarlos cual Francisco de Asís… En fin, abandono la tienda más ancho que pancho, enarbolando mi flamante adquisición y cuando veo un banco vacío, con sombrita y relativamente cerca del sitio dónde me reuniré con mi casero, me siento y me dispongo a disfrutar de un apacible rato de lectura…

Quiénes me vean en este momentos encorvado de ese modo sobre el libro, tan atento, seguro que se imaginarán que estoy leyendo algo así como la mejor novela de todos los tiempos, o algún raro manuscrito del que sólo yo tengo una copia. El caso es que tan amena lectura me engancha de un modo que no creía posible. Además viene con unos gráficos muy interesantes, con felinos ejecutando los escorzos más increíbles y señoras vestidas de blanco otorgándoles atenciones dignas de los guerreros vikingos en el warhala. Pero sobretodo, ¡que carajo!, estoy tremendamente aburrido. En estos momentos me leería con la misma atención un folleto del Mercadona o un prospecto de crema para las almorranas. Y así, en mi siguiente par de horas aprendo a entablillar patas tras caídas de árbol, a identificar las distintas causas de envenenamiento, ya por una clematide, un eléboro negro o fíjate tú, por muérdago, (si es que estos bichos se comen cualquier cosa sin pan y sin preguntar), también a extraer cuanta pelusa ingieran, a curar la manía de correr detrás de las pelotas de lana, a tratar escaldaduras, incluso a realizar el boca a morro, en caso de paro respiratorio del bicho en cuestión… A punto estoy de empezar a leer el fascinante episodio dedicado a hipotermias y enfriamientos cuando escucho una voz que me grita “¿Eh, Julián, qué haces ahí?”. Y es Manuel, mi casero, que me llama desde la otra punta de la calle. Y antes de darme las llaves me suelta un “Vaya pinta que me traes. Buena juerga te pegaste anoche” Y añade, “Espero que no fuese en el piso, sin avisarme a mí, gambitero”.

“Joder Manuel, las cuatro y cuarto. Me iba a volver loco esperando… Mira lo que estaba leyendo para pasar el rato. Y mira con que pinta. A pique de que me metan en la cárcel por vagabundeo”. “Si es que mira que te he dicho que dejes una copia de las llaves a la vecina, que es buena gente y siempre está en el piso” Malditas llaves, pienso, vaya mañanita me han hecho pasar “Ya ya, pero como llevo poco tiempo, siempre se me olvida. Pero cuando llegue a casa se las paso a la vecina, y le pido perdón por destrozarle la radiografía”. Por fin nos despedimos y yo salgo disparado para casa. Subo hasta mi piso y abro la puerta con la misma sensación de reconquista que debieron sentir los Reyes Católicos al entrar en Granada. Ya estoy dentro de casa, suspiro, me palpo el bolsillo y pienso “malditas llaves”. Justo en ese momento me llaman por teléfono. “¿Quillo, dónde tasmetío?” “Buff, si yo te contase” “Llevamos un rato en el bar, ¿te vienes o qué?” Y sin pensarlo respondo ”Vale me ducho y bajo en un momento. Qué ganas de una caña fresquita” Y que le den por culo a la vida formal. Por cierto, la barra de pan, todavía la llevo debajo del sobaco.


FIN DE ESTA INCREÍBLE SAGA...

martes, 17 de julio de 2012

MALDITAS LLAVES (2ª parte). Un drama real y diario.

Un subidón de adrenalina agita mi cuerpo cuando tanteo con la radiografía las ranuras del marco de la puerta. Me siento como el Lute, Al Capone, el Dioni y Rodrigo Rato juntos, aunque sólo esté intentando abrir la puerta de mi propio piso. Pienso que llevo una vida demasiado aburrida cuando algo así me hace sentir tan malvado. ¡Yo, ladrón de bancos, señor del crimen!, pero si cuando voy a comprar a la frutería se me cuelan todas las viejas, ¡vaya mangui de mierda que estoy hecho!. De todos modos, la sensación me dura muy poco. Doblo la radiografía, se arruga por unas esquinas, se resquebraja por otras, se me deshace al fin entre mis manos, pero no he conseguido abrir la maldita puerta. Tantos años de educación cristiana han hecho de mí un ser completamente inútil para cualquier tipo de maldad. Desisto cuando la casera me golpea el hombro y me dice que Manuel, mi casero, podrá dejarme otra copia de la llave, pero que no podrá ser hasta las cuatro de la tarde, cuando salga del trabajo. “¡A las cuatro de la tarde! ¿Qué hago en todo ese tiempo? “Resignado, le devuelvo a la vecina la radiografía hecha pedazos, le doy las gracias y vuelvo a bajar a la calle.
 
Tengo unas cinco horas por delante, sin saber muy bien que hacer, luciendo mis ropas de pordiosero, con sólo dos céntimos en el bolsillo y una barra de pan en el sobaco. A la espera de que el ejercicio me inspire alguna idea genial, empiezo a caminar sin rumbo fijo. Después de una media hora de vagar erráticamente, llego hasta la estación de tren, justo en el momento que desde el estómago empiezan a llegarme los primeros amagos de protesta. Algo normal, ya que hace una hora más o menos le había prometido un suculento desayuno y sin embargo me estoy dedicando a callejear y hacer ejercicio “como las personas formales”. En cierto modo, pienso que ya estoy haciendo un poco de deporte antes de desayunar, ¿no?, aunque no era esto lo que había pensado para mi primer día de “cambio radical”. “¿Qué hago?” Puedo acercarme a casa de algún amigo, pero sin móvil, me será imposible contactar con alguien y avisarle de mi improvisada visita. Además, casi prefiero que nadie conocido me vea en este lamentable estado, para evitar así ser la comidilla en las próximas fiestas. Uff, ¡pero es que realmente tengo mucha hambre! Tanto ir y venir me ha abierto el apetito. Hambriento, sin dinero, frente a la estación de ferrocarril la solución casi me viene sola… Asaltaré a la primera persona con la que me cruce y le explicaré mi atípica situación, seguro que se apiadaba de mí y me ayuda con alguna aportación económica. Es una tarea con larga tradición, seguro que cientos de años de acoso al transeúnte y de la búsqueda de su piedad, dan sus frutos, sino, el oficio hubiese desaparecido hace mucho tiempo… Pues nada, frente a una ventana ensayo algún que otro gesto compungido, afortunadamente mis ropas hacen el resto, me armo de valor, me guardo la vergüenza en un bolsillo, le susurro unas palabras de aliento a mi barriga y cuando veo salir al primer viajero con cara de cansancio y despiste por el hall de la estación, le suelto de sopetón toda una retahíla de lamentos, quejas y peticiones. “Miréustedbuenhombrenecesitoalgodedinero
paradesayunarporquehastalascuatronopodrévolveraentraramicasa,blablabla…” Poco le falta al abordado coger la maleta entre sus manos y salir corriendo. Por su cara de repulsa noto casi al instante que no voy a sacar nada de él, si acaso un guantazo, así que le dejo ejecutar su finta y que se largue con viento fresco. Pero no me desanimo, porque no sabré qué decirle a mi estómago sino le consigo comida en media hora, además, no tengo otra cosa que hacer…Dos, tres, cuatro viajeros, un par de transeúntes esperando el bus urbano, y todos reculeando y defendiéndose con el mismo gesto torcido, hasta que ¡bingo!, al séptimo intento, mi pequeña tragedia griega, hábilmente ejecutada, (sólo me falta un coro de plañideras a mis espaldas haciéndose eco de mis desgracias), da resultado y tengo por fin en mi mano mi primera moneda de ¡50 céntimos! Dios mío, nunca esta pequeña moneda dorada luciendo en mi palma me pareció tan hermosa. Ni jamás nómina alguna me pareció tan bien ganada. Este primer éxito me envalentona sobremanera y así, acosa que te acosa, lamenta que te lamenta, de nuevo, por un extraño guiño de la estadística, el séptimo acorralado, vuelve a darme otra monedita, y en esta ocasión es…¡un flamante euro! Ya tengo para un café, que estirándolo al máximo, saboreándolo largamente en cada sorbo, sentadito en una terraza con un periódico, podré hacerme rebañar una buena horita de la espera hasta que llegue el casero. Aunque yo, mente emprendedora y preclara dónde las haya, me pongo enseguida a hacer cabalas. La regla no puede ser más sencilla. Cada siete personas, un premio, y este además, este parece doblarse conforme avanzo en mi acoso. La proyección es matemática, de seguir así, si consigo acorralar a unas treintaycinco personas, podré sacar casi unos diez eurillos. Tras tan rotundo éxito financiero, ya empiezo a plantearme:

- Primero: prescindir del desayuno y pensar seriamente en una gran comida en un restaurante lujoso de la ciudad.

- Segundo: ir mañana al trabajo y decirle al jefe que me iba, pues estaba claro que este nuevo oficio estaba mucho mejor remunerado.

Redoblo entonces mis esfuerzos aunque, de repente, la estadística y mis sueños de potentado, empiezan a irse al garete. Ya no hay tal “proyección aritmética”. Conforme avanzan los minutos, y pese a perfeccionar en cada intento mi pequeña retahíla pedigüeña, de las siguientes personas que asalto, que me parecen miles, apenas les puedo sisar otros tres eurillos. Con todo, aunque estoy agotado de ir de un sablazo a otro, tintinea en mi bolsillo la cuasi astronómica cantidad de 4,52 euros… ¡Voy entonces a por el desayuno! No es una plenitud absoluta, pero casi puedo decir que estoy contento por cómo he conseguido enderezar la jornada.

Continuará...