viernes, 28 de noviembre de 2014

LA SEMILLA



Los de siempre volvieron a adueñarse de todo. Bastaron unos años de bonanza, seguidos de la relajación que conlleva todo éxito para que la gente volviera a sentirse confiada y segura tras el frágil escudo de la razón. Pensaban que por fin la historia no volvería a repetirse. Esta vez, su victoria era absoluta. La historia dejaría de dar rodeos sobre sí misma, sobre los rincones obscuros del hombre y caminaría por fin recta hacía el futuro, hacia la luz de las grandes ideas. Pero no fue así, volvieron los de siempre, que en realidad nunca se habían ido, pues no hay rincones en el mundo para esconderlos a todos. Habían permanecido entre nosotros, los buenos, los confiados, fingiendo sus sonrisas y arrancando del pecho sus insignias.  Y un buen día, lamidas sus heridas, arrojadas al suelo sus máscaras de derrota, salieron de sus santuarios, bajaron de sus áticos, resurgieron de sus cenizas doradas,  con la cara descubierta y mostrando orgullosos sus bocas rebosantes de bilis y baba. Y de nuevo, su victoria fue rápida y precisa. Con patadas en la puerta y culatazos en el estómago volvieron a torcer la historia y modelarla a su antojo. En un hábil vaivén, con una rápida zozobra, con un hábil engatusamiento de los espíritus, se apoderaron de los hogares, se apoderaron de las fábricas, derribaron los museos para rehacerlos en cuarteles y lo que es más importante, se hicieron dueños de todas las escuelas, ese fue, en este nuevo abordaje, su primer objetivo. Mascando su rabia, agazapados tras el relámpago de un cañonazo habían corregido los errores de su pasado. Cauterizaron la memoria, redujeron la palabra a las catacumbas. Prohibieron el pensamiento y todo lo que pudiese engendrarlo. Se criminalizaron la tertulia, la caricia, el baile y el beso.



Amordazaron la palabra, al fin y al cabo, ella era la culpable de todo. Reunieron todos los diccionarios del mundo, formaron con ellos una gran pila y les prendieron fuego. ¡A todos! Que no quedase ninguno. Esta vez iban a ser certeros en su oficio de verdugos. Con todo, en un gesto de soberbia, de la condescendencia que gusta lucir el intocable, al que se cree invencible, rescataron una palabra, una sola palabra de una hoja arrancada de entre todos los diccionarios del mundo. Una palabra a modo de ejemplo, una palabra a modo de recuerdo, una palabra a modo de capitulación, una palabra a modo de juego y de exhibición. Una palabra como una moneda para que los pobres pudiesen comprar pan duro y los catedráticos se entretuviesen con ella. Así, esa sola palabra, tan insuficiente para un mundo poblado con tanta inquietud, con tanto llanto, con tantos sueños, pronto resultó insuficiente. Una palabra inútil y manida que daba pena pronunciar. La mascábamos en la boca y tras mucho morderla, seguía sin saber a nada, seguía sin decirnos nada. Una palabra exprimida, una palabra famélica, una palabra siempre agonizante. Una palabra anzuelo, una palabra asustada, una palabra vacía.



Pero ese fue el gran error de los de siempre. Fue ese minúsculo hueco de benevolencia por dónde se coló nuestra victoria. Porque una palabra, una sola palabra, por ridícula que sea lleva en sus entrañas un amago de germen. Una palabra es siempre un eco de lo dicho, pero un eco sobretodo de lo que queda por decir. Esa palabra exhausta fue creciendo en cada uno de nosotros, se transformó en noche agitada, en sueño, en brillo en los ojos, en viento, en ola, en risa y por fin, esa una única palabra, fue el clavo ardiendo de nuestra desesperación. Esa única palabra prestada fue la semilla de nuestro grito. Y gritamos, y los vencimos. Nuestra victoria no fue tan rápida como la de ellos, ni tan limpia, ni tan ordenada. Fue eso sí, la victoria definitiva. O eso creíamos hasta que ellos, los de siempre, volvieron a salir de sus templos, bajaron de sus áticos y transformaron en lodo sus cenizas doradas. El ruego del último de nosotros, aquel que fue el último en rendirse, fue sencillo, ingenuo, modesto. “Me rindo sí, a vosotros me someto, reconozco vuestra fuerza y a ella me encadeno, pero dadme al menos una palabra, no para mí, una sola palabra como una pequeña naranja, con la que pueda entretener a mis hijos”.

lunes, 18 de agosto de 2014

CABO DE GATA

Cada persona un mar,
cada corazón un puerto,
cada caricia un canto de sirena,
una orilla en mis manos, una cala en mis labios,
y en cada poema,
un faro.
           
 Soy una playa y con cada ola
atraca en mí todo un mar, y otro mar, y otro…
Algunos esconden tesoros,
o eso cuentan las leyendas marineras,
aunque desde hace tiempo,
sólo fondean en mis litorales
robinsones,
corsarios
o restos de naufragios.
           
     Desde los tiempos de los barcos de vela
soy un galeón desarbolado cabotando Atlántidas,
la brújula perversa del holandés errante,
la infructuosa carta de navegación
del Mar de los Sargazos: 
     Soy una isla buscando encallar en otras islas.

 

viernes, 8 de agosto de 2014

CAPERUCITA NEGRA



-         Me gustan tus manos. Con esos dedos tan largos serás capaz de hacer muchas cosas ¿verdad? – Mientras dice eso el hombre se imagina ya siendo recorrido por esos dedos y se estremece de placer.

Él no lo sabe, pero la mujer a quién le está hablando, mientras acaricia sus manos de largos dedos es una gran virtuosa de la música. El mundo lleva años sorprendido por la facilidad y originalidad con la que toca cualquier instrumento e interpreta a los mejores compositores. Todos creen que el secreto de su talento son sus largos, larguísimos dedos. Y es cierto, con dedos tan interminables como caminos sin recorrer no hay para Vera partitura que se le resista. Lo que el mundo ignora es que Vera odia sus manos, y en particular, esos dedos tan largos.



-         Ojalá pudiese cortármelas… - responde, interrumpiendo la caricia – las odio, ¿sabes? Odio estas manos con dedos como látigos. Y odio que todo el mundo me esté siempre preguntando por ellas.
-         ¿Por qué dices eso? Tus dedos son increíbles…
-         ¿Mis dedos dices? Estos dedos son un calvario, tan largos sólo sirven para hacerlo todo tarde, cuando ya no es necesario.
-         No te comprendo.
-         Con unos dedos así, por ejemplo, cuando acaricio el pétalo de una flor, tarda tanto en llegarme su sensación que cuando siento esa flor, solo siento ya la flor marchita… Es algo así como mirar a las estrellas, de las que solo vemos su luz de hace mucho tiempo…
-         Como hacer el amor y sentir el orgasmo horas después… - inquiere el hombre con cierta picardía
-         Sí algo así, me llegan las sensaciones cuando ya no las estoy buscando. Y mucho peor con las personas. Sólo logro palpar decadencias, arrugas, pieles yermas… El tacto que yo recibo son sólo ecos de la pieles que ansío.
-         ¿No quieres tocarme a mí?
-         ¿Para qué? Para saber en qué te vas a convertir… Seguro que no me gustará lo que sentiré… De hecho ni siquiera me gustas ahora.
-         ¿Quieres que me vaya?
-         Sí, mejor será…

            Ese es el dolor de Vera. Es tanta la distancia que crean sus dedos entre ella y el mundo que Vera se siente muy sola. Sus dedos, sus malditos dedos que ya no considera suyos, por mucho que unos y otras se empeñen en mostrarles sorpresa y admiración. Esos dedos son una condena para ella, un reproche que siempre llega puntual para recordarle todos sus errores, aquello que ya no podrá ser. Para ella es imposible ser feliz sabiendo que todo acabará languideciendo. Verá entonces se levanta del sofá y se dirige a su habitación, con el gesto triste, los brazos caídos y arrastrando sus dedos por la moqueta. Sabe que mañana se despertará con la incómoda sensación de estar cubierta de polvo. Así es la vida de Vera, condenada a llegar sólo a las ruinas.

(Un cuentecillo que se me ocurrió al ver esta pegatina en la puerta de un servicio. Dedicado a todas las personas de manos largas)
San José, Almería.

domingo, 13 de julio de 2014

BAGATELAS



     Se acumulan los ramos de flores y cajas de bombones junto con otros regalos más suntuosos, algunos incluso extravagantes, en el mostrador de recepción de la residencia de ancianos. Son todos presentes de amantes despechados cuyo amor no ha logrado aplacar el paso del tiempo. Y todos van destinados para la misma persona, una anciana recluida allí que sin embargo nunca ha aceptado ninguno de ellos. Lleva muchos años en la residencia y las monjas que la atienden no acaban de comprender esa actitud de desprecio hacía todos esos detalles de cariño. Escribiendo en un pizarrín le preguntan porqué nunca acepta al menos uno, pues es una pena que flores, bombones y demás bagatelas se echen a perder. Y la respuesta de ella siempre es la misma: “Recibí hace mucho tiempo el mejor de los regalos que un hombre puede hacer a una mujer”. La anciana se llama Therese Malfatti  y por culpa de una infección sufrida en su juventud está completamente sorda.

martes, 24 de junio de 2014

Una habitación sin vistas








Todo está en calma. En la calle, la luz del mediodía es cegadora. Apenas nadie transita salvo algún gato que con paso lento se resguarda del intenso calor colándose por alguna rendija abierta. Como párpados cerrados por una siesta obligada, las esterillas de esparto caen pesadamente por ventanas y balcones protegiendo las blancas casas del ambiente inflamado del verano meridional. Dentro, la vida baja los latidos de seres sudorosos y lánguidos. Todo está en calma. La oscuridad artificial de tupidas cortinas y persianas arriadas es rota por respiraciones acompasadas, por pequeños rayos de luz blanquecina que se cuelan por debajo de puertas y el leve movimiento de una brisa ardiente que mece el contoneo sensual de suaves visillos. Silencio. Todo está en calma.



lunes, 23 de junio de 2014

El espejo



 
 
Cuando viajamos dejamos de ser nosotros mismos para convertirnos en un extraño que conocemos bien. Cada viaje es el encuentro con ese “otro” que en nuestra vida diaria no dejamos que salga. Utilizamos una lengua distinta a la que usamos para pedir un café antes de entrar al trabajo. Nuestros oídos escuchan idiomas que tratamos de traducir y que nuestra mente intenta hacer inteligible con una familiaridad inexacta.
Cuando viajamos solos, observamos y reflexionamos más que en nuestra cotidianidad. Nos sentamos en un café, pedimos un refrigerio mientras nos convertimos en una cámara que capta cada gesto de los transeúntes, cada detalle de los edificios, la tonalidad de la luz que se refleja en las aceras... y nuestra mente , va traduciendo esas sensaciones que nos genera abstractos pensamientos sobre la vida que pasa antes nosotros, sin llegar a conclusión alguna. Nos sentimos distintos, somos distintos.
Volvemos a casa. Todo sigue igual pero algo ha cambiado. Regresamos a un mundo que reconocemos pero ahora sentimos que nos pertenece menos. Los amigos, compañeros de trabajo o la familia los vemos distintos. Nuestra forma de mirar a cambiado. No sabemos poner un adjetivo, un substantivo o quizás un verbo para explicar todo ello pero... no somos los mismos.

Cuando viajamos... los espejos se deforman.


viernes, 20 de junio de 2014

Hoy es un día histórico y yo con estos pelos

 
 
 
 
 
 



Para un mundo sin esperanza hasta el más imbécil puede ser el Mesías” Goran Zelic


La caída del muro de Berlín me cogió escuchando la radio por la noche cuando preparaba un examen de filosofía de 3º de BUP mientras me ponía hasta arriba de café instantáneo... lo suspendí. Unos años más tarde, el bombardeo de Bagdad en 1991 , también de noche, preparando uno de matemáticas, sólo recuerdo a Hermida moviendo la cabeza... sobra decir que... lo suspendí. Lo de las Torres Gemelas, recién levantado de una siesta cuando hacía los exámenes de septiembre en la Universidad... los aprobé... pero eso fue porque el nivel de la educación en España había caído tanto como para aprobar a un tipo como yo... La muerte de Lola Flores en el descanso de un curso de fabricación de calzados y hoy , la proclamación de Felipe nº 6, cortándome las uñas de los pies que las tenía como cáscaras de mejillones.

Nunca sé como actuar en un día histórico. En mi comunión, me calzaron unos zapatos pequeños y jamás he llorado de dolor como aquel día y encima me hicieron leer no sé que de un libro gordo... tartamudeé tanto que parecía que estaba hablando desde un móvil sin cobertura, supongo que la tecnología en micrófonos de entonces me ayudó a no parecer tan retrasado mental como era... y para rematar el pantalón que me “fabricaron” (porque estaba gordo como el Piraña de Verano Azul) me quedaba pequeño y apenas podía respirar. En la fotografía de la orla que tenía que perpetuar mi paso por las “altas instancias del conocimiento” resulta que la noche antes me pasé con el ribeiro en una fiesta de gallegos... me levantaron y casi en volandas, me llevaron a hacerme una foto para la posteridad. Tal acto humanitario escondía egoísmo puro por parte de mis compis porque era el que tenía “la camisa blanca” que nos fuimos encasquetando uno a uno para la foto... las ojeras de resaca y una perilla a lo “ángel del infierno” me ayudo mucho en el futuro para conseguir un empleo nocturno en condiciones de semi-esclavitud.

Viendo las imágenes de la recepción de Felipe nº 6 ( si pusiera VI , parecería que hablo de una botella de brandy) me recuerda la vez que me tocó ir a una recepción el 12 de octubre a la embajada de España en Roma. Por falta de costumbre o ignorancia en estos menesteres, mi vestuario consistía en varios pantalones vaqueros con agujeros por el uso (no por moda), tres camisas de la cuales dos parecían que se las había robado a un hawaino y la tercera en discordia tenía una enorme mancha de lejía. Un compi de entonces , cuyas cualidades no entraban el gusto por la ropa, me dejó una chaqueta de color verde radiactivo y unos pantalones marrones que me estaban enorme y cuya posición era más bien sobaquera , a lo Julián Muñoz ... parecía un kiwi a medio comer... Así, aquel kiwi desconociendo a que iba se encontró con una cola como la del metro para dar la mano a veintes personas. Mis nervios se transformó en un guiño de colega cada vez que estrechaba la mano, hasta que llegué al último de la fila que se suponía que era el embajador pero parecía un clik de Famobil. El resto es historia... los honorables del lugar se abalanzaron al jamón, a la tortilla y al vino... el kiwi se dedicó a beber gintonic y dulces que fue lo que dejaron las altas instancias institucionales después de arrasar con las cosas buenas.

Otro día os contaré la incompatibilidad de beber demasiado limoncelo casero y presentar una entrega de premios.



jueves, 15 de mayo de 2014

EN LA PUNTA DEL MEDITERRÁNEO...






I
 Aferrada a un litoral azul en el que la historia se vierte,
Andalucía de casas blancas
y hombres grises.
La luz del día cayendo a raudales como una hilera de recuerdos,
con sus mismos titubeos cada madrugada,
¿es este el pueblo que me ha llamado?
¿no será este un pedazo de tierra equivocada?

A la orilla del mar azul,
Andalucía con casas de cal y légamo
y mujeres como estuarios de sombra y aceite,
Andalucía de bruces contra unas olas incapaces de limpiar
los embustes que no se fueron con la noche,
los amores furtivos con sus besos caídos por la arena,
¿fue la grana y el oro quiénes gobernaron este pueblo?

Andalucía fue hace años trinchera,
grito de furia ¡detente fuga!,
de sal fueron sus casas cuando las miró Paco en su partida,
pescadores, jornaleros, cantaores, todos se fueron con él,
murió con él toda Andalucía,
se llevaron con ellos sus espaldas y sus ojos
labrantíos de sueños y requiebros,
volvieron a quedarse solas tus manos…
Pero la huída no era huída si era Camarón quién la cantaba.
Pero la muerte sí es más muerte si es tu silencio el que queda.

         A la orilla del mar quedó Algeciras baldía,
huera huerta de hijos huérfanos.
Detrás de Andalucía, montañas, y tras
las montañas, ecos de montañas aún más altas,
cuajadas de misterios moros.

         Andalucía tan cerca de ese otro mar de zanjas secas,
pretende la meseta ser ola en cada latifundio,  
se arriman sus viñedos a escuchar tus coplas,
disparates, gigantes, molinos, lidias y ocasos, 
todos quedan callados:
Entre mar y mar, Andalucía.
Entre silencio y silencio, tu guitarra.

         Pero son imparables los naufrágios 
que cada mañana llegan a los pies de Andalucía,
la capitulación de la locura castellana.
Así cada mañana vence el oleaje de arados y surcos
a este mar que separa gitanos de turcos.
Cada mañana…
vence la encina al olivo,
                   vence la niebla al rocío,
                            vence la cruz a la luna nueva,
                                      vence el ancla al viento,
                                               vence el silencio a la fuente,
                                                        vence dios al Hombre,
                                                                  vence la pena a la guitarra
                                                         
II

Andalucía, siempre tan cerca de las más bellas huidas,
clavada como un dolor en mitad de estos mares,
siempre cuna de sorpresas, siempre refugio de guitarras y poetas.

         Son tus sones ecos romanos y moros,
pueblo andaluz barbecho de naciones enteras,
secarral de esfuerzos,
páramo de conquistas y canciones.

Es tu guitarra, Paco, la única que sabe escribir en esta orilla
a orillas del verbo que se hizo arcilla,
llegó a este pueblo el compás a horcajadas del barro,
minúsculas muescas de fango que se convirtieron en astillas
clavadas en el corazón de los señores
brasas en la conciencia de los hombres.

         Aunque de ese primer incendio ya nadie se acuerda.
La voz de tu guitarra encalló en la belleza excesiva de tu caligrafía.
Es el ojo de tu guitarra pozo en el que Andalucía con gusto
se anega, lanza en él sus despojos,
promesas de vida nueva.
Unas se las lleva la mentira
otras quieren recuperar ese eco ancestral
de pozo como boca abierta, de pozo como ojo que mira.
¡Andalucía que ya a nadie vences,
Andalucía que ya nadie venera,
recuerda al menos lo que eras!
Una tierra en la que vencía el olivo a la cepa,
         en la que vencía el rocío a la arena,
                   en la que vencía la luna a la misa,
                            en la que vencían los andaluces a los dioses,
                                      en la que vencía la fuente a las cadenas,
                                               en la que vencía Paco de Lucía al silencio.

          III
          A la orilla del Mediterráneo,
apoyada tu espalda en la meseta,
¡sigue siempre Paco tocando tu guitarra!,
será siempre tu cuna Algeciras,
con todo un pueblo de andaluces 
que junto a ti caminan y te escuchan y respiran,
¡Cuándo deje de sonar tu guitarra,
no será Andalucía quién enmudezca,
será el Mundo entero quién se calle!

martes, 13 de mayo de 2014

MI PRIMER CUENTO...



                 ¡Vaya sorpresa! Mi madre ha aparecido hoy una carta que le escribí a mi tía Carmen en la que había fotocopiado este cuento, que apareció en una revista (junto a un anuncio de la ya desaparecida confitería La Cordobesa) que solía publicarse en mi pueblo por los años 80 . Me ha hecho mucha ilusión recuperar esta historia, porque aunque como veréis a continuación es de una calidad, en fin, digamos que algo surrealista, fue el primer cuento que me publicaron, cuando tenía unos tiernos 13 añitos. Recuerdo que fue un concurso propuesto por mi entrañable profesor de historia, Don Jerónimo, con el que todavía mantengo una gran amistad. El premio era la publicación del cuento. Ahora que caigo, ¿cómo serían los otros cuentos? Las bases del concurso eran peculiares. Había que escribir una historia que no ocupase más de medio folio en la que apareciesen tres elementos: un libro, un sombrero de copa y un krobell.  ¿Que qué es eso de un krobell? Pues lo que leeréis a continuación fue lo que a mí se me ocurrió. Leer este cuento puede resultar una dura prueba para los amantes de la buena literatura, pero a la vez puede resultar una caja de sorpresas para mis amigas psicólogas y mis amigos amantes de lo paranormal. En fin, mirar esto con buenos ojos, sed comprensibles.  Tampoco seáis muy halagüeños, porque como me anime, copio aquí enterita mi primera novela, escrita creo que un par de añitos antes. “Aventura inexperada”  sí, sí con “x”.
Imagen muy parecida que se publicó junto al cuento ¿¿¿??? 


Krobell 007: Licencia para cobrar.


¿Krobell? ¿Qué es un Krobell? Un Krobell es la tierna imagen de un cobrador de impuestos. Sí. sí… los krobells se dedican a cobrar impuestos. Son los doce apótoles de Solchaga que van predicando la doctrina del Ministro de Hacienda. Su lema es “Si no cobra, Hacienda mata”. Sí, los krobells tienen “007 licencia para cobrar”.

Son bajos, 1,20 metros es lo máximo que llegan a alcanzar. Gordos, aunque esto no les impide volar con relativa facilidad, con una cabeza grande que ocupa un tercio de su altura y una cara en la que brillan unos ojos amarillos y saltones a los lados de una nariz de cerdo. ¡Ah!, olvidadaza sus orejas grandes y empinadas entre las que colocan sus grandes sombreros.

Tienen unos brazos muy largos y unas manos verdes con tres dedos. No tienen piernas, pero sí unos pies-muelles que les permiten desplazarse a saltos.

Los krobell visten elegantemente, por eso de que la primera impresión es lo que cuenta. Llevan una corbata roja que les llega a los pies y que arrastran por el suelo. Un traje de etiqueta negro y el inevitable sombrero de copa.

Dentro de su atuendo se pueden incluir varios de sus elementos de trabajo, algunos de ellos indispensables a la hora de cobrar a los pobres españoles, como son una cartera marrón con letras amarillas que por una cara dice “Vino Don Simón” y por la otra “007: licencia para cobrar” en su mano derecha y en la izquierda el libro “El terror de los cobradores” con dos partes: una hueca dotada del más sofisticado instrumental para facilitar su trabajo como son una fusta, una escopeta de cañones recortados, un spray paralizante, bombas lacrimógenas, esposas y un mini transmisor. En la otra, páginas repletas de nombres y direcciones, de declaraciones cruzadas: son las víctimas.

Cuando aparecen por el barrio se hace el más absoluto silencio. Sólo resuenan sus pasos por la calzada y tras la visita a los infortunados sólo queda un reguero de lamentos y las cuentas de los bancos en espantosos números rojos. Dicen que cuando un krobell se retira, satisfecho tras su faena, va tarareando una cancioncilla que habla de no se qué, Hacienda somos todos…



Revista sierra Sierra Nueva, diciembre 1989.

martes, 8 de abril de 2014

¿QUÉ FUE ESO DEL 22M?

Para todos aquellos que no se enteraron, se enteraron mal o no quieren enterarse.
        
Escribo esta carta lleno de indignación y estupor por cómo se intentó y en cierto modo se consiguió, cubrir de silencio y mentiras la manifestación del 22 de marzo y las marchas de la dignidad que la precedieron. Escribo esta carta con la idea de responder a algunas de las personas que después de dicha manifestación me preguntaban qué era eso del 22M, quiénes lo integraban, qué es lo que reivindicaba o si éramos tan “malos” como se empeñaron en mostrarnos rápidamente muchos medios de comunicación. Todos los que estuvimos allí, y los muchos que no pudieron ir, preveían en cierto modo cuál sería la respuesta del gobierno y los medios ante lo que ha sido sin duda LA MAYOR MANIFESTACIÓN en
la historia de España, aunque en mi caso, pecando quizás de ingenuidad no podía imaginar que esta respuesta iba a ser tan ruin y servil. Sabía el silencio con el que habían sido castigadas las marchas de la dignidad, germen de esta manifestación, y creía que este silencio sería el arma más mezquina al que recurriría el gobierno y los grupos de poder que asolan este país. Pero repito, ingenuo de mí no tenía ni idea de las muchas mentiras, mucho más dolorosas que el silencio, que este gobierno tenía guardadas en su manga para protegerse. Con todo, la manifestación fue un rotundo éxito y será imposible cubrirla con mentiras. Me gustaría con esta carta hablar sobre algunos de los aspectos más importantes del 22M, resumir la información que he ido recopilando entre los huecos que han dejado los medios tradicionales, rompiendo su cerco de silencio, o intentando colaborar con alguno de los grupos que participan en este movimiento. También comentar qué fue lo que vi y sentí en la manifestación del 22M e intentar responder a todos los que después siguieron preguntándome o incluso reprochándome que hubiese participado en ella.


Si quieres seguir leyendo pulsa aquí.

jueves, 13 de marzo de 2014

Otoño en Pekín








Si amiguitos... soy de lo que aún dicen Pekin en vez de Beijing... Birmania en vez de Myanmar y cualquier día diré Hispania en vez de Vertedero, perdón , quería decir ¡ España ¡ ( el signo de aclamación entiéndase de manera patriótica...) Aún resuena en mis oídos aquella frase de “como en España, en ningún sitio”... que tiempos...Eso era cuando irse de caña por Madrid molaba, las calles no olían a pipi y "La Botella" aún tenía puesto el tapón de señora de José María Alfredo Aznar López ( el primer presidente español con acento tejano...lo de Alfredo no es coña... es verdad... en una telenovela venezolana su nombre haría furor “ Ay José María Alfredo...mi aamoorr...) Malasaña no estaba invadida por “jóvenes rebeldes” y la miseria no hacía cola en las puertas de CARITAS... Mientras escribo esto, un brandy de la edad de Abraham Gragera ( por cierto, Felicidades ¡... por el cumpleaños y libro incluido ) me mira de reojo tentándome a su cata... luego, Carlos y Javier de Terry S. A. ( 1973)… El metro tenía menos caras tristes y los músicos con amplificadores en carritos de compra no entraban en los vagones... Los habitantes de Madrid ( extrapolable al resto del “territorio nacional”) parecían menos cobayas de laboratorio que ahora y la venta de ansiolíticos se circunscribía a Carmenes Mauras en “¿Qué he hecho yo para merecerme esto? “ y algún estresado de turno...

Hoy el Sol ha salido de nuevo, haya o no haya Crisis.... Radío Clásica sigue ( por ahora) con su programación habitual y seguro que la zorra del FMI ha desayunado un cruasán con mantequilla de verdad junto con un amante veinte años más joven que ella...creo que a él no le devaluado su sueldo...

Volví a releer a Boris Vian la semana pasada y me dí cuenta que Exopotamia existe y creo que el ferrocarril lo están construyendo en Alta Velocidad ,no para que el viaje sea más rápido sino para pillar más comisión.

Si Vian la palmó con 39, yo ya voy tarde. En apenas de una semana cumpliré 41 con mostacho incluido y algo más tonto que cuando tenía 40 y barba..

Queridos amiguitos : Ahora venía escribiros un alegato contra la desmoralización social que vivimos... pero prefiero dar ejemplo terminando una novela interminable sobre personas que no se resignan, abrazando a los amigos que están lejos cuando estén más cerca, en reírme y hacer reir, en ser quién soy y en no rendirme a pesar de los pesares... y catarme un poquito de 1973... 

Como dijo en su lecho de muerte Frida Khalo : ¡ VIVA LA VIDA ¡! *

* este signo de aclamación no tiene nada que ver con el de ¡ España¡



lunes, 3 de marzo de 2014

LA CASA DEL ESCRIBANO



https://drive.google.com/file/d/0B3vN_RVORH_WTnVhaHE3d20ySEE/edit?usp=sharing
"La casa del escribano" de Paqui Fages
La casa del escribano es un lugar gris, como no puede ser de otro modo. Su dueño, el escribano, es también un hombre gris, y esto igualmente no puede ser de otro modo. En la casa del escribano el aroma a derrota madruga eterno, irreprochable, de tan enquistado que está en todos los rincones, en todas las grietas del pasillo de madera de olivo, en cada una de las tejas, en todos los huecos de esa casa que hace tiempo dejó de ser un hogar. La casa del escribano es sólo un embuste de oro y polvo justo al lado de donde la sal comienza a derramarse por la historia. El escribano es vecino de un pequeño pueblo blanco que pone todo su empeño en ser gris, un pueblo achacoso a la orilla de un Mediterráneo que viene todos los días, piadoso, a lamer sus heridas. Un pueblo que fue primero parapeto, después camino de paso y por último, rincón de refugiados cuyos cuerpos lacerados eran campos de labranza para el escarmiento y los sueños quebrados. Detrás del pueblo,  montañas, y tras las montañas, montañas aún más altas, y tras estas altas montañas cuajadas de tesoros moros,  surge la meseta como un mar de tierra seca, con viñedos soberbios en vez de olas que susurran añejas coplas de locura, de guerra y de ocaso. Así, cada amanecer, a la espalda del pueblo, se desata una lucha entre el mar confiado y la vetusta tierra castellana. Y cada mañana vence el oleaje de surcos a esta  mar que separa gitanos de turcos. Cada mañana…

Vence la vid al olivo
vence la pena a la guitarra,
vence la niebla al rocío,
vence la cruz a la luna nueva,
vence el ancla al viento,
vence dios al Hombre,
vence el silencio a la fuente…



               Si quieres continuar leyendo, pulsa aqui
 

miércoles, 29 de enero de 2014

UN INSOMNIO EN CADA OLA


La historia es sencilla. Camino de Madrid me paré en un bar de carretera a desayunar. Como no tenían periódicos a mano me puse a leer la antología de Cernuda que llevaba en mi macuto. La camarera, cuándo lo vió, le llamó la atención. Era estudiante de filología hispánica y amante de este y otros poetas. Entre bromas, me pidió escribir un poema a cambio del desayuno. Este es el poema, que tiene por lo tanto, un valor de 2,70 euros.
 
Aquella noche, el mar no tuvo sueño.
Cansado de contar, siempre de contar a tantas olas…
Luis Cernuda, (Un río, un amor)


El mar aquella noche,
como no tenía sueño,
intentó dormirse contando sus propias olas.
Olas como chiquillos que sin embargo,
ignoraron esta vez su cadencia de rebaño,
siendo sólo asombros,
escombros de estupor volcados sobre la playa,
uno tras otro,
uno tras otro,
uno tras otro,
amago de emboscadas que anunciaban su sorpresa
con susurros que encadenaban al susurro de las olas venideras
y golpeaban con su rostros de espuma el estertor
de la olas que fallecían
una tras otra,
una tras otra.
una tras otra.

El mar esa noche,
se durmió al fin,
aunque sus olas siguieron alerta,
contando los besos que nos dábamos sobre la arena.
Esas  olas despiertas,
como chiquillos malcriados,
enredaban sus desfallecimientos
en el deseo que hacía temblar nuestras piernas.

El mar esa noche
se durmió al fin,
sin ser testigo de nuestros besos.
Por la mañana, olas con ojeras
fueron a anunciarle lo descubierto,
ese tesoro ardiendo que fuimos nosotros, sobre la arena.

Con un bostezo en cada ola
el mar desde entonces, ya no es el mismo.
Acuna bañistas con pereza,
trabaja de sol a sol,
pretende ser domingo en todas sus mareas,
pero en realidad,
el mar ya sólo espera la llegada de la noche,
quiere comprobar si es realidad
o es sólo leyenda,
esa historia de los besos que nos dimos
y que repiten los insomnios de sus olas,
una tras otra,
una tras otra,
una tras otra…


Camino de Madrid,
bar “El reposo del viajero”
23 de enero.