domingo, 31 de octubre de 2010

CARICIAS

Se llamaba A. La primera vez que lo vi no dudé y le dije:

- Que nombre tan bonito.

Él era extranjero y me gustaban mucho más sus ojos azules que se confundían con el cielo cada vez que volteaba verlo hacia arriba, En la segunda cita me besó. Fue bello aunque no mágico. Cuando se acercó y puso sus labios sobre los míos, cerré los ojos en silencio, rogando que fuera mi oportunidad de volver acariciar y ser acariciada. Entonces supe que ya no estaba sola pero, al mismo tiempo, me sentía más sola que nunca.

Por supuesto que la historia no duró demasiado. Aunque lo quería, era sólo eso. Un sano sentimiento.
Tome la decisión cuando me preguntó algo que no dejaba margen a la duda:
-¿Me vas a querer eternamente?
-¿Y que es eternamente?, interrogué.
-Que vas a quererme siempre.

Primero el silencio. Después los reclamos. Al final, el adiós.

Cómo prometerle amor cuando pensaba en otros labios. En el hombre de mis sueños. Cuando soñaba con que me acariciara los senos por encima de la camisa. Cuando pensaba en sus manos, grandes, que se amoldaban a la perfección a los pliegues de mi cuerpo. Como si hubieran sido hechas para eso.

Desde la primera vez que lo vi me estorbaron los kilómetros de ropa que nos distanciaban, también fue el momento en que supe que mis manos querían recorrer solo los kilómetros de su piel con caricias, oración del cuerpo, y con besos, ¿con besos qué?.

.

F. tenia 28 años, castaño y de ojos oscuros. Vivía en Granada a miles de kilómetros de mí, aun así coincidíamos todas las tardes- noches en el universo paralelo del internet, primero con platicas sutiles sobre los versos que se deshacen en el cuerpo, los gemidos porno-ortográficos que se salen del corazón al paso de la eyaculación premeditada de las letras. Y así fue como durante una hora, mientras sus padres no estaban, casi al terminar el día, sin ruido y con los últimos rayos de luz, F. acomodaba la palma de su mano sobre mi vientre que estaba mojado, y no eran sus manos precisamente, eran las mías.

Yo tocaba, pero él no, y entonces mi cuerpo se limitaba a ser el refugio de mis propios tentáculos, todas las caricias, las imaginables y las inimaginables se volvieron obligatorias, F. me acariciaba con el viento, con levedad, de forma inesperada y por todos lados usando mis dedos como instrumento. Besando una almohada aprendí a besarlo y acariciándome aprendí a sentir. Hasta que sus caricias a la distancia que me daba con mis manos se convirtieron en un sello indeleble dulce, amargo, inocente, apasionado y fugaz.

.

Desde entonces ninguna caricia paso sobre mi piel por que mi cuerpo se acostumbro a F., que me acariciaba con mis propias manos: ya antes me habían acariciado, con caricias de lengua, caricias de labios, caricias con ruido, caricias destinadas a estremecer, caricias por compromiso, caricias de despedida y caricias solo caricias, pero, caricias inolvidables solo las de F. amándome a lo lejos.

F. que tanto ha acariciado, F. que me ha enseñado, sabe mejor que yo que hasta los huesos, sólo calan las caricias, que aun no me ha dado.

Por qué a pesar del paso del tiempo y de las distancias, de mi vida y de su vida, es su beso y su caricia lo que yo sigo esperando.
                                                                      Un cuento de Nataly Benhumea.
Gracias desde el reino de Hamlet...

martes, 26 de octubre de 2010

MURMURAN QUE STENDHAL ES UNA DE ESAS CIGÜEÑAS...

Conforme me acerco a la ciudad, son más y más las personas que me hablan de ella. De hecho, me atrevería a decir que en cada hospedería o posada en la que voy pernoctando no se habla de otra cosa. Y así, mi curiosidad, azuzada por tantos y tan variados elogios va creciendo en mi interior. Devoro entonces las leguas con ansia, espoleando al jaco al límite de sus fuerzas. Apenas me detengo ya en las fondas, solo lo justo para beber un poco de vino, comer algo de queso y refrescar mi quebrantada montura. Por supuesto, continúo escuchando con avidez todo cuanto me cuentan sobre ella. Da igual que quién se dirija a mí sea un hidalgo, un tabernero o un simple labriego. Me sorprende cómo la sola mención de su imagen los transforma a todos en ilustres poetas, convirtiendo sus toscas y rudas palabras, en una furiosa avalancha de adjetivos, suspiros y grandilocuente castellano.”¿Pero de verdad es tan hermosa?”, pregunto a todo aquel que me platica sobre ella de manera tan desatada. Y todos me responden con la misma mirada perdida y las mismas palabras encendidas. Desde hace días no tengo ya dudas sobre las historias de esos extraños. En verdad ha de ser sublime aquella de quién murmuran, por cuando encuentro en mi trayecto que todo aquel que la ha contemplado tiene ahora el alma partida y la mente disminuida. He de reconocer, que yo mismo, sin haberla avistado todavía, empiezo a notar como crece dentro de mí,cierto barrunto de deseo, cierto mariposeo de tripas que casi me atrevo a llamar amor. 

Tras varias jornadas impelido por unas prisas repentinas y rozando la angustia, llego a la villa donde sé que he de encontrar mi dicha: Palencia, año del señor de 1481. Venía aquí por humanos temas terrenales; disputas de tierras, reconocimiento de títulos y el regateo con algunos comerciantes judíos a la espera de recuperar ciertos reales de a ocho que de un tiempo a esta parte venían faltando de mi maltrecha saca. Pero ahora, a las puertas de esta ciudad, apenas puedo pensar ya en eso. Ahora sólo quiero verla a ella. A la dueña de los sueños y los anhelos que han ido creciendo en mí a lo largo del viaje. A ese pedazo de paraíso erigido sobre la tierra. Dejo atada mi montura, que hasta de mi jamelgo tengo celos, y nada más cruzar el puente que sortea el río Carrión me pongo a buscarla como un poseso. No me atrevo a preguntar a alguien, no vaya a ser que note mi ansiedad y se ofrezca acompañarme en la búsqueda. La quiero para mí solo. Atravieso con el alma en vilo estrechas callejuelas, espero el impacto de su presencia al doblar cada esquina. “Sabrás que es ella nada más verla”, me han dicho todos, y esas palabras son mi única guía en esta demanda desesperada.

¡Y por fin la encuentro! Al salir del corral de Gil Fuentes casi caigo de rodillas a sus pies. Es la hora punta de mercadeo en la plaza Inmaculada, bullicio tremendo de comerciantes y mercaderes, de compradores, vagabundos y tunantes, pero entre tanto ajetreo, allí esta ella, plantada en medio de todos, ajena al vocerío y al intercambio de miserias humanas. Sobrevuela impávida la marabunta de medianías con una hermosura divina, con una mirada altiva, alzando al cielo su beldad blanca, fría e inalterable. Es tremendo el pasmo que siento al tenerla por fin tan cerca. Me escabullo dentro de una cancela e intento allí recuperar la vida que parece quiere escurrírseme por la boca. De repente me falta el aliento y me flojean las piernas. Las gentes que me hablaron de ella no mentían. Realmente es muy hermosa. Casi me duele la multitud que discurre alrededor de ella sin reparar en tamaño milagro. No sé cuantas horas permanezco escondido en la cancela, al resguardo de las sombras, temblando de amor y de deseo. Oscurece el cielo, las gentes del mercado ya se han esfumado, cuando me atrevo otra vez a asomar la cabeza por la puerta. Y por supuesto, allí sigue ella todavía. Son las horas de la tarde y la quietud, cuando comienza su perfil a imperar y a engrandecerse, a apoderarse con su presencia de toda la plaza, y casi me atrevería a decir que de toda la ciudad. Descubro también con una mirada fugaz que hay otras sombras al acecho. Intuyo que otros amantes están apostados tras los portones, armándose de valor y esperando el mejor momento para acercarse a ella. Es inevitable la lucha. Tan divino premio exigirá grandes dotes de valor e ingenio para obtenerlo. También me contaron durante el viaje, que han sido muchos los jóvenes que se han batido en duelo por ella, muchas las espadas que se han quebrado por conquistar su atención, cientos las dagas que se han enfrentado al ansía rival. A su vez, me han relatado que nadie aún ha sido capaz de obtener de ella el más mínimo de los guiños. Su talle frágil nunca se ha torcido en señal de respeto ante quiénes la han pretendido. Esa es mi esperanza, y la de todos los que la acechan desde los rincones de la plaza. Pero he de ser yo quién consiga quebrar su altivez y conquiste por fin una señal de su consentimiento, aunque no haya sido el primero de los amantes que han pretendido a la “bella desconocida”...

continuará... aunque no sé cómo... 
Cuento dedicado a la ciudad de Palencia y a su bella desconocida...


MURMURAN QUE STENDHAL ES UNA DE ESAS CIGÜEÑAS…

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sábado, 23 de octubre de 2010




A veces el Silencio dice más que las palabras.

A veces la Música más que el Silencio.

Palabras, Silencio y Música.

Falta la imagen... la Imagen...

Imagen, Palabra, Silencio y Música... los cuatro elementos que durante dos años hemos utilizado con mayor o menor acierto en este rincón del Universo. Hoy los cuatro variopintos personajes están en Silencio, la Palabra escondida, la Imagen en la sombra y la Música... esa nunca deja de sonar...

Pronto, muy pronto los Corazones volverán a latir y las palabras surgirán con esa necesidad que dá estar Vivos.

Como el ave Fenix, de las cenizas de corazones rotos nacerá la Palabra, la Imagen y el Silencio descansará... la Música... esa nunca deja de sonar...

martes, 5 de octubre de 2010

ES SENCILLO PARTICIPAR EN LOS DUELOS

¿Qué quieres colaborar con nosotros? Por supuesto, uno de los propósitos de este rinconcito literario es que cuántos más seamos mejor, así, entre mucha gente, nuestra mediocridad pasará desapercibida, je je. La idea es continuar con los duelos literarios; a saber, cada semana, que alguien proponga un tema (una frase, una imagen, una palabra, un objeto, cualquier locura) y sobre esa idea, escribir un cuento siguiendo unas normas muy sencillas: debe ser escrito en una semana, y con una extensión no superior a un folio, y por supuesto, en algún momento, debe aparecer el tema propuesto... Sencillo ¿no? Por el mero hecho de crear nuevos cuentos, de disfurtar del ancestral y profundo acto de escribir, y de compartir entre unos y otros esas vivencias. Y repito, cualquier persona está invitada a dejar en este rinconcito sus cuentos, relatos, poemas, pensamientos, lo que sea... los temas son abiertos, se respetan todas las opiniones, no vamos a ser nosotros los que le pongan verjas a la literatura, todo lo contrario...

Si quieres enviarnos algo, lo que sea, puedes dejarlo en esta dirección de correo:
tresmasqueperros@hotmail.com

O puedes ponerte en contacto con alguna de las cabezas malapensantes Cris, Javi, Goran o Julián, dejando algún comentario en alguno de los textos o en el foro del mismo blog....

Y os dejamos ya, que esto de dar explicaciones se nos da muy mal. Escribir por escribir, que es lo que importa... Venga agarrar fuerte vuestras plumas y atreveros a participar en estos duelos...

Un saludo a todos lo malditos escribanos...

martes, 7 de septiembre de 2010

PODWÓJNE ZYCIE WERONIKI. (La doble vida de Weronika)

Golpea con sus tibios nudillos en la madera carcomida y después echa a correr. Es tan rápido su instinto que nunca le da tiempo de comprobar sí desde el otro lado de la puerta la bruja ha respondido a su llamada. Durante unos segundos sólo escuchará el eco de sus pasos alejándose del viejo caserón abandonado, y el rumor de las risas nerviosas y cómplices de sus amigos, que empiezan a asomar sus cabezas por las esquinas, por las cancelas, de detrás de las tapias, y que pasados unos segundos echan a correr tras ella, arropando su huida diaria. Para Weronika y el resto de los chiquillos, ese enorme caserón, con el techo hundido a punto de venirse abajo por el peso del tiempo, sin ventanas y con sus paredes recubiertas en igual proporción de pintadas y de esconchones, es en realidad el edificio más enigmático y a la vez cautivador de cuantos se levantan en el pueblo. Sobre la puerta, fijado con remaches, en una placa metálica, aparece dibujada una tétrica calavera. Y debajo de ella, un aviso: NO PASAR. PELIGRO DE DERRUMBE.

Todos sabemos lo rápido que se dispara la imaginación de los niños, y los caminos tan retorcidos y sorprendentes que esa imaginación puede tomar; aunque de igual modo, esa fantasía desatada suele tener un pie en la tierra, una base mundana que sus mentes incipientes comienzan rápido a remodelar. Para los niños del pueblo, esa calavera sombría, es el aviso, es la rúbrica, de que en ese caserío se esconde una bruja. Unos a otros se contagian su ilusión y sus temores, pronto entre la chiquillería arraiga la convicción de que tras esa puerta apuntalada, tras ese letrero fronterizo, tras esa advertencia de las madres “niñanoteacerquesahí” esa bruja juega en su marmita con el espacio y el tiempo, coge pedazos de lo uno y de lo otro, los troncha, los desmiga, los desmenuza y los mezcla bien con un enorme cucharón. Se puebla ese caldo al momento con los seres más extraordinarios, surgiendo así, casi al instante, los mundos más increíbles. Unos mundos que a los chiquillos les gustaría corretear.

Por eso, todas las mañanas los niños al salir de la escuela, dan un largo rodeo para rondar por el vetusto caserón. Quieren vigilar también esta tarde, si será Weronika de nuevo capaz de llegar hasta la puerta y llamar para comprobar si está la bruja dentro.

*                                  *                            *                                *

Vemos a Weronika muchos años después, una Weronika ya mujer, una mujer hermosa, de larga melena rubia y ojos claros, como nuevos pórticos, que esconden renovados mundos prodigiosos. Reposa su cabeza en este momento sobre el cuerpo de Alexandre. Acaban de hacer el amor, y Weronika, relajada, abatida nuevamente por el placer, deja mecer su rostro por la ligera cadencia de la respiración de él. Comprobamos que Weronika nada tiene que ver con la niña que antaño llamaba a una puerta, todos su rasgos a medio terminar, todas sus curvas infantiles, todos los rincones cándidos y latentes de su cuerpo, se han alargado y se han ido abultando de madurez y deseo. Sin embargo le ha quedado a Weronika un poso, una rémora, un hábito de esos primeros años vividos en el pueblo. Weronika acerca su mano al torso de su amante, alza su mirada buscando su complicidad, y tamborilea con sus dedos varias veces sobre el pecho de él. Es un gesto tenue, ligero, cariñoso, casi imperceptible, que siempre repite y al que Alexandre ya se ha acostumbrado pero que sigue sin comprender. No escucha Alexandre, no se percata, que Weronika está llamando a las puertas de su corazón. Quiere Weronika ver qué se esconde detrás de su piel, de esa piel que tanto le gusta recorrer y que ya se ha aprendido de memoria, pero que sigue resultando, en cierto modo, recóndita e infranqueable. Se imagina Weronika nuevamente mundos maravillosos a escasos centímetros bajo su mejilla y sus dedos.

Aunque nuevamente deberá huir tras su llamada, sin tiempo para esperar la respuesta. Deben vestirse rápido, deshacer su encuentro, porque dentro de pocas horas, será otro el cuerpo que ocupe esa cama, otro el torso sobre el que Weronika apoyará su rostro saciado, será también otro el corazón al que Weronika estará llamando, y otra piel la que estará sobrevolando.

*                        *                           *                               *

Quisiera a su vez, y ahora volvemos al pasado, la niña Weronika de tres años, en su impaciencia y primera intuición de bruma, que la mujer futura que será, viniese algún día desde sus logros y le cogiese de la mano, le llevase a pasear por las calles del pueblo, la colocase delante de las puertas adecuadas y le explicase qué puede encontrar detrás de ellas, ante cuáles merece la pena detenerse y ante cuáles no. Anhela la niña Weronika comenzar a vivir sin miedos y no errar nunca en los pasos que vaya dando.

Nunca llegó, sin embargo, la intuición o la visita de la mujer que será, y nunca esperó la chiquilla Weronika a que la bruja le abriese la puerta. Está por eso, Weronika adulta, Weronika mujer, Weronika abocada a la búsqueda y la huida, determinada a llamar siempre a las puertas de todos los corazones con los que se cruce, a escrutar minuciosamente las pieles, los gemidos y los sollozos con los que se vaya encontrando para adivinar qué hombres los habitan.

lunes, 30 de agosto de 2010

EL FORJADOR DE OASIS

Goran, natural de Sarajevo y sietemesino, piensa un día que lleva toda su vida huyendo. Su nacimiento prematuro: una primera fuga del vientre materno, el cual nada más abandonar de nalgas, ya estaba echando de menos. Por eso lloró, como lloramos todos, nada más nacer. Y así continuó el resto de su vida. Goran, culo inquieto, abandonaba sin llegar a conocerlas, las ciudades por las que pasaba, para transcurrido un tiempo, desde la distancia, recordarlas como rincones exóticos, místicos, perfectos, a los que se cree está condenado a no volver. Goran, enjuto, pasilargo y con perfil de viento, nunca supo de que iba huyendo. A ratos se creyó cobarde, agachaba las orejas y saltaba por la ventana a la más mínima señal de contienda. Pero no, Goran sabía que no era un pusilánime. Por momentos se sintió Goran asediado por los remordimientos. ¿Remordimientos de qué? Si en su prisa, Goran, nunca tuvo tiempo de cometer errores, de quebrar corazones o de sembrar querellas.

Nadie en realidad supo quién fue Goran. Acaso lo recuerdan como una sombra fugaz que apenas levantó una nube de polvo al salir corriendo. Que fue Goran pura humareda.

Pasaron los años y la espalda de Goran se curvó, como queriendo su cuerpo doblarse en una última y agónica búsqueda de sí mismo, abrumado sin saber por qué. Todo lo que le rodeó, fue para él puro lastre, puro cerco, puro desconcierto. Los caminos por los que transitaba se hicieron infinitos, las personas con las que se cruzó, insondables, los pensamientos que todo esto le acarreó, volátiles. A todo lo que Goran osaba acercarse, de repente aumentaba de tamaño, se hacía inabarcable. Se desesperaba al recordar las calles de su Sarajevo natal. Mil mañanas las recorrió y nunca fue capaz de atraparlas en su memoria. Cada mañana se inventaban esas calles nuevas aceras que transitar, nuevos escaparates en los que reflejarse, nuevas farolas que alargaban las sombras, y sobretodo, nuevos transeúntes con rostros austeros y enfermizos. Rememoró también Goran las mujeres que amó a lo largo de su vida. Las volvió a materializar entre sus manos, volvió a acariciarlas, y volvió a sentir como sus pieles se tornaron elásticas, el tacto cambiante y huidizo al encontrarse con su búsqueda. En cada mujer que amó, no encontró Goran uno, sino miles de cuerpos ajenos que eran como mil mundos que no dejaban de crecer entre sus brazos, de inventarse una nueva orografía de senos, caderas, labios y miradas. Nuevos milagros que a su vez se esforzó en amar, pero que se fueron diluyendo entre sus labios y le dejaron el corazón exhausto.

Goran fue en sus primeros días pura ansia, pura inquietud, pura búsqueda. Goran nunca huía, Goran indagaba.

Goran está sentado ahora a la orilla del mar. Cuestiona un abordaje de utopías. Se siente cansado pero no puede evitar el asedio de los sueños. Quisiera ser un hombre sencillo, carente de todo misterio, pero no sabe cómo serlo. No sabe Goran porqué nació con la maldición de poseer un espíritu presuroso y zozobrante, ajeno a una patria voluble de días raquíticos y noches miserables. Agotado, en la orilla del mar, todavía se pregunta Goran cómo atrapar con sus manos toda la arena de la playa, o cuántas son las olas que se desprenden a cada instante de este mar Adriático.

No sabe Goran cómo comprender la vida y todo lo que hay en ella.

jueves, 19 de agosto de 2010

hey ho let's go



Siguiendo la estela de mi querido y borracho amigo Goran hago un homenaje a los Ramones, ah ¡ por cierto Goran , no vayas a Canada… el tabaco es carísimo…23€, aunque con lo mafioso que eres el dinero nunca será un problema para ti.


Se puede ser un gilipollas al estilo Goran Zelic o un gilipollas al estilo Zelic Goran… conocí a mi beodo amigo cuando colgó los hábitos de bibliotecario (bueno no todos, siguió conservando su amor por la botella y cierto retraso mental), luego desapareció… lo volví a encontrar años después en calidad de maestro Jedi. Se había dejado la barba y una barriga de 20 kilos, por motivos de salud había cambiado “el Celta sin boquilla” por la marihuana ecológica… reciclaba antes de tirar la basura metiéndolo todo en la misma bolsa… creo que no había entendido bien el concepto…

Su conversión mística sucedió a través de una silla (eso decía él ) un día cuando estaba intoxicado por unos medicamentos caducados (nota: revisen sus botiquines cada seis meses, por favor)… vio la luz (más bien el recibo de la compañía eléctrica) y encontró el verdadero significado de la Vida…como maestro Jedi, su misión era la de sermonear a cualquier que le dirigiera la palabra, bien para preguntarle la hora o la localización de una dirección… Sus extrañas teorías podían oscilar desde la creación del Universo hasta como hacer una tortilla española de 18 huevos sin dejarla cruda por dentro. Un día, cuando se le pasó el efecto de aquellos medicamentos caducados, pasó de nuevo por el lugar donde encontró el significado de la vida y zas…¡ aquella desvencijada casa había desaparecido en pos de un gran centro comercial… pobre Zelic… tras la primera conmoción, empleó su técnica Jedi y logró sacar una conclusión vital : La vida era como una caja de bombones…(perdón, eso es de la película Forrest Gump)…La Vida era como una silla solitaria en una casa medio derruida, nunca se sabe cuando vá a desaparecer…o algo así.

 
Dedicado a Cris.

viernes, 13 de agosto de 2010

LA SILLA




Ni toda la filosofía leída, pensada o asumida me hace sentir tan vivo como las canciones de Los Ramones… no tiene nada que ver con lo que os contaré a continuación pero me apetecía decirlo…Viva Los Ramones ¡¡¡¡¡¡



Cuando tuve la crisis de los cuarentas a los doce años, llegué a la conclusión de que había leído demasiado y que nada de lo aprendido servía para algo. Siguiendo mi estela de brillantez, a los veintitrés decidí marchar a la Universidad para tener un futuro prometedor… me hice bibliotecario…(Se permiten las Carcajadas). En un país donde aún te preguntan para qué sirve un bibliotecario me hizo sospechar que había elegido una profesión demasiado exótica…lo peor era que los bibliotecarios también se lo preguntaban… Tras aguantar al gremio (alcohólicos, frustradas sexuales y retrasados mentales), yo entraba en la primera y la tercera categoría, creí cumplido mi periodo de prueba..

Sopesando el momento histórico que vivía, la llegada del Apocalipsis, decidí probar suerte en la Legión Extranjera. Tras las primeras palizas y novatas( eso sí con clase, te gritaban en francés), elegí el Pacífico Sur para servir a mi nueva patria y me enviaron al Sahara, aún creo que no rellené bien los formularios…

Yo creía que eso eran cosas de las películas donde los valientes legionarios eran atacados por hordas de nativos montados en camellos con los dientes picados por el exceso de azúcar en el té y el tabaco…si, si…tabaco… Ahora, tenían los mismos dientes pero iban montados en 4x4 y te lanzaban bombas como los reyes magos reparten caramelos. Tras cinco años de servicio lo dejé, aquello era demasiado violento para mis nervios… Ahora podía marcharme al Pacífico pero el calentamiento global había hecho subir el nivel del mar, sólo quedaba Australia y la llamaban la pequeña Cuba de Oceanía…

Una tarde de otoño, paseaba y encontré una vieja casa en ruinas. Desde una de las ventanas sin cristales, se podía observar el vacío y el abandono… salvo por una silla en medio de la Nada. Tras un rato mirándola fijamente, por mi mente pasó el verdadero significado de la Vida…y era… otro día os lo cuento, ahora pruebo suerte como maestro Jedi… pero creo que tampoco es lo mío…



UN PAR DE POEMAS

A LA CAMARERA DEL FOGÓN DE GALICIA

La vida es en el bar anodina
como una burbuja de humo.
La música congela las palabras,
los verbos surgen inconclusos,
las cabezas gachas
y una esperanza que se rinde suave.

Sólo ella es soberana
rodeada de tanto destierro.
Sus trazos de cintura
ignoran la procesión de mis suspiros,
pero cada jueves
transforma mi sentir fugaz
en una vereda, un hilo de cobre,
algo siempre elástico,
algo escuetamente certero.

Tras su muro de ocho horas y
ciento veintidós centímetros
dirige un tímido tráfico de recuerdos
entre aromas a sepia y berros,
de whisky con hielo y algún ribeiro.
Yo consumo y me consume
el deseo, la observo, me alejo.
Triste dejo la propina de estos versos
sobre la barra, mientras ella multiplica
el vino
con agua.
Dedicado a Nuria

A la espera de nuevos duelos, (nuevos enredos en los que vernos forzado a desempolvar nuestra inventiva y nuestro ingenio), recurro a viejos poemas para rellenar alguno de los huecos que puedan ir quedando en este rinconcito literario. Viejos poemas que me recuerdan algunos de los sueños que surgieron en la ciudad de Granada, y tras los que corrí durante algún tiempo. Viejos poemas que ahora vuelven a la luz, como un recuerdo, como un reproche, quizás también como una segunda oportunidad... ¿Tendré que volver a Granada para volver a soñar con ser un poeta? 





POETAS

Poetas

endémicos

como a una tribu ajena al ritmo social
se los recluye fácilmente
en una reserva llamada adolescencia
y sus versos actuales
se transforman en irremediables intentos de suicidio.






viernes, 6 de agosto de 2010

LA SILLA

                   Y fue justo cuando se subió a la silla que comenzó a verlo todo claro. Apenas se había alzado unos centímetros del suelo, el cambio de perspectiva no había sido muy sustancial, pero desde allí las respuestas empezaron a acudirle como un hatillo de guancitos. Desde su nueva altura podía apreciar con mayor detalle el cerrete de gente que le rodeaba y permanecía atento a su figura desaliñada. Podía ver tras el gentío, las fachadas blancas y polvorientas de las casas que ceñían la plaza central de Aguas Prietas, con la iglesia de Santa Úrsula, que procuraba con más pena que gloria mantener erguida la espadaña del campanario. Y tras esas casas y esa iglesia, se alzaba la silueta implacable, árida, pendeja de Sierra Rapada. Esa sierra mezquina, tachonada de chumberas como picaduras de viruela, que durante las últimas semanas había sido su morada. Aunque el deambular errático por esas lomas había terminado hacía ya algún tiempo. Ahora volvía a estar en el pueblo, en su plaza, subido a una silla, rodeado por la atenta mirada de sus vecinos. Escuchaba también el canto de las chicharras, segundero del verano, y parecía que ese tórrido compás quisiera decirle algo. Notaba Venustiano Luengo como todos sus sentidos, azuzados por el bochorno y el murmullo que le rodeaba, se iban afinando. Además sentía como si con el sencillo gesto de doblar una pierna y encaramarse a la silla, en realidad se hubiese elevado a los cielos, impregnándose a la vez de una sabiduría infinita. De repente lo vio todo claro. Más que verlo lo sintió. Las respuestas le llegaron desde todos los ángulos del secarral que le rodeaba y se fueron desparramando con suma rapidez por los rincones de su espíritu. El murmullo de la gente le hablaba, el chirrío de la chicharra le hablaba, las gotas de sudor que perlaban su frente y sus mejillas le hablaban, su piel que se incendiaba, sus rodillas que empezaban a crujir y quejarse… Todo le hablaba y todo lo entendía de forma clara. Venustiano había errado en su destino. La solución no era unirse a las huestes de Zapata. Con ese vagar por el desierto y soliviantar cortijos no conseguirían enderezar esa patria quebrada. Tampoco llevaban la razón los sicarios del tirano Porfirio. Los revuelos del pueblo, los abusos de los poderosos, ese ir y quemar de poquito a poquito los rincones del país, ese tirar unos de otros no era lo cabal que pedía la tierra. Esa tierra más extensa, esa tierra cuarteada, esa tierra quejumbrosa, esa tierra aún más grande y más sabia que el propio México. Esa tierra que era la que ahora le platicaba con sus señales ancestrales, y que antes ya había hablado con otros que ya se chingaron y sangraron sobre ella. Y la tierra plañía, le decía al pobre de Venustiano qué era lo bueno para ella, hacía dónde debían los hombres dirigir sus pasos si no querían pisotear más sus entrañas secas.

Y el sol desde lo alto derramó sobre las cuencas de sus ojos un último fogonazo.

Y fue que Venustiano quiso hablar, comunicar a todos los que le rodeaban lo que había descubierto, lo que la tierra le desvelaba, cuando alguien le pegó una patada a la silla. Y allí quedó el cuerpo de Venustiano Luengo, meciéndose con un ligero crujido en el centro de la plaza de Aguas Prietas. Y en su garganta se transformaron en ahogo unas palabras que jamás serían escuchadas.

Este cuento, qué cojones, se lo dedico a Javi, y a Benhumea y Pati, nuestras lectoras mexicanas.

lunes, 2 de agosto de 2010

Vista la apatía reinante en el blog, el caballero Feldkhon (http://www.infinitosmultiples.blogspot.com/) ha tenido que sacarnos a flote con una colaboración. Aquí va:


No sé si serán estos días de verano los que me hacen huir del calor. Tal vez sea que nunca me ha agradado, que el calor trae corrupción, suciedad, miseria. O tal vez, sin más, es el aire acondicionado que se ha vuelto a estropear.




Salgo de mis reflexiones e intento entrar en las tuyas. Como siempre, la puerta de tu alma permanece cerrada. Hace años que no abre. Hace años -muchos, ni me acuerdo cuántos- que alguien pasó por ahí y quitó el cartel de "Cerrado". Un alma tan cerrada que ya a nadie le importa que esté cerrada.



A nadie excepto a mí, claro. Yo sigo pasando horas delante de esa puerta, aunque sea domingo, aunque nieve, aunque sea fiesta nacional. No conozco tus horarios. Quizá en ese mundo al que te fuiste, más allá del velo de la consciencia, tienen distintas políticas de apertura de locales.



Los primeros años fueron los mejores. Tu recuerdo seguía vivo y, aunque no fuera lo mismo, podía pretender que aún sentía tu olor. Fingía que me preguntabas y yo te respondía, como hacíamos siempre. Entonces era feliz con ese juego, pero ahora me arrepiento de no haber aprovechado el poco tiempo que tuvimos. Si volviera a esos años sería yo quien preguntara y guardaría cada una de tus respuestas en un lugar frío y oscuro para que este maldito calor no pudiera descomponerlo.



Más tarde, a medida que mis cabellos se volvían grises y mis manos se ajaban, tu recuerdo empezó a convertirse en una fantasía creada por mi mente. Tus ojos ya no eran tus ojos, sino unos parecidos que había visto en una revista. Tu voz empezó a sonarme robótica y hueca. Con el tiempo, empecé a creer que tú nunca habías existido, que esa imagen difuminada en mi memoria nunca había correspondido a otro ser vivo.

Obviamente, la desesperación se apoderó de mí. La combatí con mi estrategia tradicional: sentarme en un rincón hasta que se pase. Parece que funcionó.



Ahora todo es más amable, más conocido. Soy un hombre viejo y ya nadie espera que haga nada útil con mi vida así que no decepciono a nadie. Nunca he aguantado decepcionar a los demás. Mi dolor y el dolor que mi dolor me provoca han pasado a segundo plano. Los siento tan naturales como los dedos de mis manos -o incluso más. Me siento delante de esa puerta, esa puerta que llevo cuarenta años sin abrir, a esperar que, por algún milagro de la naturaleza se abra y aparezcas tan radiante como entonces, tan feliz, tan joven...



Creo que hoy es el día. Me he levantado con una especie de picor en la nariz, el aire está enrarecido. Hoy tengo que abrir la puerta.

Inspiro profundamente y me acerco a ella. Cada paso retumba con el sonido de lo inevitable. Noto mi respiración acompasada con los latidos de mi corazón anciano y roto.

Agarro el picaporte y con inmensa lentitud lo giro. La puerta, para mi sorpresa, apenas chirría. Con miedo y esperanza miro el cuarto. Ahí sigue tu silla -como siempre- vacía.



Soy demasiado viejo como para pensar dos veces lo que hago. Me acerco a la silla, esa silla que te envió al otro lado, esa silla que siempre he odiado. Ahora más que un enemigo parece un viejo conocido. Eso me satisface.

Subo un pie a la silla, como hiciste tú cuarenta años atrás. Parece que sigue estable, parece que cuando toda la humanidad haya perecido esta silla seguirá impasible, riéndose de la debilidad de los organismos vivos.

Con suma cautela me agarro al respaldo y subo el otro pie. Trastabilleo y estoy a punto de caer pero me mantengo -una lástima, siempre he tenido un gusto oscuro por las ironías.

Me yergo sobre la silla y veo lo que tú viste. Una escena desoladora para un momento desolador, me parece apropiado. Miro la cuerda que usaste y que no me he atrevido a quitar -supongo que, de alguna manera, sabía que tarde o temprano le daría uso.

Me queda un poco baja, claro, la preparaste para alguien de tu estatura.

Introduzco la cabeza en el lugar correspondiente. Me queda bastante ajustada, como si me hubieras dejado una pista de lo que querías que hiciera. Ajusto la cuerda al cuello casi hasta sentir dolor.

Siento haber tardado tanto en tomar la decisión, siempre he sido un cobarde. Ya va siendo hora de reunirnos de nuevo.



Sólo puedo formular un pensamiento antes de derribar la silla:



¿Te acuerdas de mí?

viernes, 9 de julio de 2010

Caballeros míos,

Por petición popular, los relatos de esta semana tendrán que hacer referencia (directa o no) a la foto aquí expuesta.

Sin mucho más que decir (salvo que Goran considere el hacernos una visita la semana que viene), se despide:

Cris (Q.B.V.P.)




Caballeros míos,

Los relatos de esta semana han de hacer referencia, directa o no, a la foto aquí mostrada.

jueves, 8 de julio de 2010

Le pegaron un tiro. Cuando abrió los ojos no estaba muerto.


Fue a por un vaso de agua a la cocina. Más que sed, tenía la necesidad de ver que todo seguía igual que antes y que sólo había sido un sueño. Tras una inspección poco exhaustiva (el sueño apremiaba) volvió a su habitación. Todo parecía normal, igual que siempre.
Antes de meterse en la cama, echó un vistazo afuera. Los poetas seguían allí colgados, recitando en silencio sus poemas una y otra vez, mecidos por la brisa nocturna. Sonrió. Sólo había sido un sueño.

martes, 6 de julio de 2010

PIÑATA DE POETAS

Ya nadie va al parque del Oeste. El día que se que se murió el último de los poetas, dejó de ser el lugar más concurrido de la ciudad. Eso fue hace mucho tiempo. No era un parque particularmente hermoso. No era original, ni rico en especies exóticas. Era un parque más bien modesto, vulgar incluso, como surgido con cierta premura, en un hueco olvidado de entre los barrios que crecían alrededor de la vieja ciudad. Pero durante un tiempo, el parque del Oeste disfrutó de una época dorada: durante un tiempo, el parque del Oeste tuvo a los poetas. Algún concejal iluminado, pensó, que para darle algo de vida a ese rincón errabundo, lo mejor era recluir en él a todos los poetas de la ciudad. Qué estos amenizasen con sus versos a todo aquel que se aventurase a transitar por sus tristes parterres. Le daría algo de vidilla a ese amago de vergel urbano. Y de paso, lograría que los poetas hiciesen algo útil. Se les acabó el holgazanear en tabernas de mala muerte, dejarían de ser la plaga que con rapidez se extendía por todos los áticos y buhardillas de la ciudad, de ser la peste de caseros y demás comerciantes honrados. Se les acabó también el acaparar el vino, y el corretear impunes detrás de musas, prostitutas o doncellas. Allí en el parque del Oeste tendrían su nuevo y definitivo hogar. Y así se decretó, y ellos, atraídos por la posibilidad de mostrar su habilidad con las rimas ante un público asaz numeroso, hacía allí se dirigieron. Sin adivinar nunca que ese parque, fue simplemente una trampa.

¡Que hermoso era verlos colgados de los árboles! ¡Qué divertidos resultaban los variados escorzos que dibujaban en el aire, siempre queriendo escapar del cordaje que los maniataba! Al principio, no era raro ver enganchados de cada árbol, al menos a dos o tres trovadores. Luego, poco a poco su número fue decreciendo. Por un extraño motivo, ya nadie en la ciudad quería ser poeta. Pero mientras tanto, hasta que llegó el día en que murió el último de ellos, ¡cuántos sentimientos nos hicieron aflorar! Alguien descubrió por casualidad que si se les azotaba con un palo, allí, colgados como estaban, en vez de quejarse, empezaban a recitar inmediatamente sus versos. Así que todos nos dedicamos a explotar ese hallazgo, que a todos nos entretuvo y que ni el concejal iluminado había previsto en su momento. Íbamos al parque y les flagelábamos con varas, con bastones, con ramas, con cualquier cosa que tuviésemos a mano, y ellos, dale que recibe con sus poemas. Pronto descubrimos también que cada uno de esos trovadores aéreos estaba especializado en un tema, y que poseía un estilo propio. Se fueron formando así grupos, cada uno de ellos con sus preferencias. ¡Y que acaloradas eran las tertulias literarias, voceándose unos a otros, debajo de su respectivo árbol! Los había que gustaban por ejemplo, únicamente del poeta colgado del olmo, con sus versos tan ácidos, o a las viejas señoras, les gustaba aquel otro del chopo, tan hábil con los romances y demás rimas añejas, y por supuesto, las parejas de enamorados, siempre se escabullían hasta el final del parque, donde de los arbustos más apartados, se suspendían los poetas románticos…

En fin, pero todo eso ya pasó. Un buen día, el último de los poetas, zarandeado y fustigado hasta el agotamiento, se secó y dejó de recitar sus versos. Entonces conforme había venido, la moda de ir al parque del Oeste se esfumó, y este volvió a ser un rincón ignorado de la gran ciudad. Sólo la queja de los más pequeños resistió algo más de tiempo. Tirando de las mangas de sus padres, de sus abuelos, de sus hermanos mayores, los niños de la ciudad protestaban a ratos: “Me aburro… Llévame al parque, quiero jugar con las piñatas de poetas”
Dedicado a quiénes les gusta disfrutar de los parques...

PIÑATAS DE POETAS


sábado, 3 de julio de 2010

Un instante para la eternidad



®Galería fotográfica del Conejito Zombie


El otoño había llegado sin llamar a la puerta. Conducía de vuelta a casa con la pasión que provoca doce horas de trabajo, de un miserable trabajo… Con la mirada puesta en la carretera y la mente perdida entre lugares y personas tan fantasmales como las sombras del pasado, escuchaba una y otra vez Rezengeit II… tenue… dulce como los frutos aderezados del pasado… Al volver en sí, sólo vio asfalto, automóviles y su reflejo en el espejo retrovisor… Giró y tomó una carretera secundaria desierta sin rumbo, sin tiempo…

Un fantasma del pasado volvió al presente, apagó la radio y aparcó junto a la carretera. Salió, se sentó en el capó y se encendió un cigarrillo. Cerró los ojos por un instante y respiró profundamente… al abrirlos, observó aquel cuadro de la naturaleza… un árbol en medio del Nada, en medio del Todo… un violáceo cielo… y aquel rayo del luz blanquecina… quedó mudo y sombrío meditando…

Volvió a cerrar los ojos y sonrió…

A Cris, cuyas fotografías son pura poesía

viernes, 2 de julio de 2010

Malditos Poetas… Pobres Locos…

®Gilles Peress

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante… hizo una pausa para apagar el cigarrillo. Los miró fijamente y antes de volver a hablar sonrió…




Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto… atónitos, lo miraban con desprecio… poesía?, pan?, pobre?... que era eso? Cada palabra era más incompresible que la anterior… querrás decir ipod o bluetooh, wifi o internet, facebook o Messenger, No?



Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno… De repente, soltaron una carcajada… sabemos quiénes somos, tenemos un perfil en facebook, idiota… que cantares, que pecado…pero que dice este tío?



Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan.
Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos. Entre todos lo metieron en una piñata… Loco ¡ gritaban mientras apaleaban a aquel sujeto al que no entendían cada palabra que decía… piñata de poeta… conjura de necios… triunfo de la estupidez…





A Gabriel Celaya



lunes, 28 de junio de 2010

DIAVOLO ROSSO


Sé de un lugar… donde la lluvia no está embotellada, los niños siguen siendo niños y la poesía no pertenece a los poetas…


... el café es un placer sin receta médica… las calles están limpias y las flores adornan ventanas y plazuelas…

…la mentira viste de rojo… la inocencia también… el surrealismo se reconvierte en una sucursal financiera… el arte cotiza en Wall Street…

… en el mercado nos venden la fruta de la esperanza de color negro… el verde sólo vive en los bolsillos de banqueros risueños…

… la libertad es apaleada en piñatas de poetas, mientras la poesía es ahora un arma descargada de futuro… suena diavolo rosso…

…Cappa y Steinbeck en blanco y negro nos recuerdan que no todo está perdido… o si… o no…


jueves, 24 de junio de 2010

HAMLET RETOMA LAS BUENAS TRADICIONES...

Compañeros duelistas. Tras una serie de travesías por el desierto, comunes y solitarias, creo que ha llegado la hora de retomar los literatos duelos por los cuales este rinconcito comenzó su andadura. Ya sabéis, compañeros pendencieros, la misión, escribir un cuento en no más de un folio, sobre un tema definido por alguno de los contendientes, en no más de una semana. Así que, tras un merecido descanso por parte de todos, me otorgo el privilegio de ser el primero que nuevamente abofetee vuestras caras con un nuevo guante literario. Mi idea, para nuevos relatos es: PIÑATA DE POETAS. Sobre esas palabras reto a vuestras plumas y vuestros ingenios, sabiendo todos que el vencedor se llevará la aprobación de las musas, cientos de comentarios que veneren su relato, y como premio, el fin último de todo maestro de las letras que se precie: el llevarse a la cama algún lozano cuerpo con el que reírse de la muerte durante el tiempo que dure el divertimento carnal. Así que camaradas, desde ya tenéis hasta el próximo jueves, día 1 de julio. Como siempre, está invitado a esta retórica rencilla quien quiera que se atreve a recoger el guante, que mientras más seamos, más grata será la victoria para el que venza, y más honrosa la lucha para quien se quede en el camino.

Recordad: PIÑATA DE POETAS. En estas palabras se esconde la llave a la puerta del Olimpo. Salud y suerte.

Perdón por la broma, pero esto es lo más parecido que he encontrado a un poeta colgado de un árbol.

lunes, 21 de junio de 2010

HAMLET HACE FOTOS PENSANDO EN TI...



 



No sólo de cuento vive el hombre... A continuación unas fotos de Cris revindicando el analógico... Estas son mis favoritas, pero tiene muchas más... Sólo tenéis que mirar en el Museo de Cris...

LA HOGUERA

Hemos vuelto y esta vez no cometeremos errores. Esta vez no permitiremos que pongáis en duda nuestras ideas. No permitiremos que os enfrentéis a nosotros. ¿Cómo dudasteis de nosotros la primera vez? ¿Cómo fue posible que os enfrentarais a nosotros? Y sobretodo, ¿cómo pudisteis derrotarnos? Éramos fuertes, éramos muchos, y estábamos decididos. Pero fuimos condesciendes con vosotros. Y ese fue nuestro primer error. En nuestra fortaleza, no en la vuestra, se incubaba el germen de nuestra propia derrota. No fuimos capaces de acallar todas vuestras voces que se alzaron en nuestra contra. Pero no fuimos derrotados por esas voces, fuimos derrotados por los hombres que las gritaban. Quemamos vuestros libros sí, y fue divertido. Creíamos que así disiparíamos vuestras dudas, borraríamos vuestra memoria, eliminaríamos vuestra razón. Pero no fue suficiente. Por cada libro que destruíamos nosotros, vosotros escribíais otro. Por cada tomo que caía en una de nuestras hogueras, de cualquier rincón surgían vuestras manos enarbolando una pluma y un papel. Nuestro fuego quedó exhausto, y al final se apagó. Y fuimos derrotados y nos llamasteis bárbaros.

Pero volvemos a estar aquí, entre vosotros, y volvemos a ser muchos, a ser fuertes y volvemos a estar decididos. Y esta vez no cometeremos errores. No tendremos tregua con vosotros. Multiplicaremos nuestros incendios, llegarán más altas sus llamas. Volveremos a quemar vuestros libros, sí, y volverá a ser divertido. De todas las calles y plazas de la ciudad surgirán luces de muerte y destrucción. Danzaremos embriagados alrededor de esta luz renovadora. Y no arderán en esas hogueras sólo vuestras palabras, ¡no!, que con ellas arderéis también vosotros. Esta vez seremos implacables. Con cada libro que quememos irá detrás quien lo gestó. Y con él sus hijos y los hijos de sus hijos. No surgirán así, nuevas manos que den nueva forma a la memoria. ¡No, esta vez no! Cualquier forma de réplica, de duda, de razón, será amputada de raíz antes de su florecimiento. Sólo nuestra palabra será la justa, y sólo nuestra la voz que podrá pronunciarla. Sólo sin vacilaciones, sin corduras ni criterios, podremos ser grandes. Las opiniones son lastres, las palabras deben ser sólo maderos para un fuego que esta vez sí durará mil años. Las manos son para alzarse unos a otros, no para expresarse. Te he avisado, enemigo, deshazte pronto de todo raciocinio, de toda forma del pensamiento, o serás exterminado. Sigue mi ejemplo, agárrate a mi mano, cierra los ojos y ten fe ciega en mí. Que cuando acabe de escribir esta carta, le prenderé fuego, y después, saltaré a mi propia hoguera.

miércoles, 16 de junio de 2010

A Certain Present


Nota Previa: Léase escuchando “Little Green Bag”, la podréis encontrar en la BSO de Reservoir Dogs.




Hoy estaría muerto de cualquier modo, fumaba como un condenado a muerte y si no hubiera sido por el accidente de tráfico, hubiera acabado en la cama de un inmaculado hospital con los pulmones destrozados…Mejor así… Pero si la historia hubiera sido otra, que diría Camus de nuestro presente… Con la excusa de una Crisis Mundial, en breve nos veremos abocados a vivir como los obreros ingleses del XIX, e incluso porque no, que trabajen los niños…esos vagos… Pero esto no va de Crisis, ni de retroceso ni de nada… echaba de menos a Camus, si de menos, como si de un buen amigo se tratase… ese que no se calla ante cualquier atropello, el que escuchamos con atención cada una de sus palabras porque sentimos que en cada una de ellas, se revela una certeza que habíamos pasado por alto…ese amigo que siempre puedes contar con él para una borrachera porque tu novia se ha ido con otro más guapo, listo e interesante que tú… ese amigo que seguirías hasta el infierno si te lo pidiera… Recuerdo de memoria, y eso que apenas me queda memoria, aquella sentencia que Albert plasmó como síntesis de su generación, esa generación que sí hizo por cambiar el mundo y sin embargo, no se rindió… en cambio, al día de hoy, somos una generación de adocenados que habla mucho y hace menos… Al menos Camus fue coherente entre sus palabras y acciones… Ahora más que nunca, mi amigo Albert está más vivo que yo, y al menos siempre lo tendré a mi lado para que me despierte en estos momentos de palpable incertidumbre…



“Mi generación sabe ya que no podrá cambiar el mundo, pero su tarea es quizás aún mayor, restaurar partiendo de sus amargas inquietudes un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir” *



*Si no lo dijo, seguro que lo pensó…






martes, 15 de junio de 2010

An Uncertain Future




® Robert Capa


Frente a él, una pantalla parpadeante le indicaba a modo de montaña rusa el destino de su vida. No era un electrocardiograma, sino el índice bursátil de aquella jornada. En un instante, sus ojos dejaron de seguir las líneas oscilantes, quedó con la mirada perdida en sus recuerdos de infancia. En la oficina, todos se levantaban de sus sillas, hablaban a voces y gesticulaban histriónicamente como actores de cine mudo. Él, paralizado, seguía en la profundidad de sus recuerdos… aquel verano cuando su abuelo lo llevaba a recoger higos bien temprano o cuando, de madrugada veía el regreso de los pescadores al puerto…Los paseos por la ciudad desierta en verano, cuyas calles prácticamente vacías le hacía sentir que todo el universo era suyo…El silencio estival de una ciudad de noche…


La ciudad, entonces eran edificios vacíos que hablaban amablemente con los escasos viandantes…Recuerdos, recuerdos… De repente, su mirada volvía a fijarse en aquella serpenteante línea roja, números en constante cambio como si de una cuenta atrás se tratase…

Buscó en un cajón de su mesa, tras unos segundos palpando, encontró un pequeño espejo. Se miró fijamente.  Cerró los ojos y extendió las palmas de las manos como palancas en su mesa. Se levantó, abrió los ojos y se marchó hacia el ascensor. Un compañero le preguntó que a donde se dirigía, se giró lentamente y respondió mientras las puertas se cerraban: “Voy a Vivir”. Pulsó el botón de bajada mirando fijamente todo aquello que abandonaba con una sonrisa en sus labios y una mirada serena.