viernes, 26 de septiembre de 2014

LA OTRA ORILLA (segunda parte)

II

Centenares eran  los hombres que llegaban hasta la ribera de esos ojos como lagos. Exploradores, aventureros, avezados navegantes, todos querían saber qué había al otro lado. Encaramándose unos sobre otros no lograban descubrir nada. Así que pronto empezaron a construir torres cada vez más altas para alzarse sobre ellas y otear mejor el horizonte… Pero tampoco lograron levantar el velo que ocultaba el misterio de ese otro litoral. En la lejana línea, allí donde iba morir el resplandor de esos ojos, solo lograban adivinar una ligera bruma, que llegaba envuelta en un canto parecido al de las sirenas. Era su ansia, el deseo que crecía cada vez más por saber que se escondía en esa lejana orilla. Pero nadie, desde esas alturas improvisadas gritaba ¡tierra!. Nunca llegaba el tan deseado anuncio. Yo, sentando en sus párpados, con los pies en remojo y soñando con tener el valor de zambullirme alguna vez en la pupila de ese lago, veía trabajar  día tras día a todos esos hombres. Observaba como crecía su nerviosismo y cómo fracasaban en todos sus intentos. Algunos intentaron incluso construir precarias balsas con trozos de pestaña y otros restos de naufragios. Entonces ella, la dueña de esos ojos como lagos, cansada de tanto acoso, parpadeaba…

Continuará...

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