lunes, 18 de marzo de 2013

LOS MOTIVOS DE LA CRISIS



Qué buen ojo tiene pa las guiris el cabrón del griego. Es un puto maestro camelándose a cuanta nórdica cae en sus redes y viviendo de lo que les sisa to er verano. Llega siempre a mediodía, nunca antes de la una, que tampoco hay que corré, se acoda en la barra, pide su cañita y su platito de boquerones, bichea el percal del chiringuito y le pregunta al Manué qué cómo está el ganao esta mañana. Manué no tié ni que hablarle, simplemente le indica con la barbilla, estirando el pescuezo, cuál es el pichón más confiao. ¡Vaya par de dos! Estoy seguro que el Manué se lleva un buen pellizco sólo por los soplos que le da al griego, sino cómo coño seva siempre sin pagá sus cervecitas y sus boqueroncitos. Al griego de pequeño, cada vez que cogía un pico o una pala le entraban unos picores y se le ponía un mal cuerpo que no se podía ni contá, asín que pronto aprendió a buscarse las habichuelas de otro modo. Qué coño, no es plan de eslomarse cavando zanjas o alicatando apartamentos en Torremolinos. La verdad es que por Málaga, ahora recién empezaos los ochenta, atontaos no faltan pa ir sacándoles unas perrillas. Asín que el mamón del griego se ha especializao en vivir de las guiris. Se las camela en un par de noches, se las cepilla en la tercera y luego, haciendo la goma, que si voy que si vengo, que si dame pa tabaco cordera, se las apaña para que le vayan manteniendo a cuerpo de marajá durante los meses de verano. Luego, en invierno, es que no se le ve el pelo. Seguro que el joio se encierra en su quely a jumarse to las ganancias del curro. Mu guapo no es que sea. De hecho, es feo de cojones, con esa frente llena de arrugas, esa nariz de gancho, el pelo estropajoso y un cuerpo jota que daba penita verlo…Ná que ver con las cabezas tan apañás del  Platón o del Aristótele que veía yo de chiquitillo en los libros del cole. Aunque, ahora que caigo, tampoco estoy muy seguro de que sea griego. Ese es sólo su mote, por lo que todos damos por hecho de que es de allí. Algunos dicen que sí, que sus padres eran pescadores griegos que acabaron montando un chiringuito en la caleta. Totá, nadie le ha preguntao, nos importa un carajo de donde sea, con tal de que siga invitándonos a cubalibres siempre que de algún palo. Él tampoco se preocupa de decirnos la verdá. Le gusta ese mote y parece que le da buen fario. Pero a lo que iba, que al colega lo que le salva es su piquito de oro, sus gafas de espejo y sobretó, esas patillas como hachas que le hacen parezé toito un bandolero. Y es que en Málaga, en veranito, a las guiris se les hace el chichi agua cuando algún agitanao se les arrima a la cintura, les suelta un par de olés y les hace un par de requiebros. El griego sabe explotá mu bien esa pinta que arrastra siempre, que parecé como si acabase de bajar der monte, persiguio por los picoletos. El griego, mu gitano no es que sea, no creo yo que haya muchos gitanos en Grecia, pero con esa piel tan renegría que gasta da er pego. Si es que el joputa es más falso que un billete de once duros, pero ná, cualquiera se atreve a levantarle el negocio. Además es buena gente, canta de puta pena las soleás, pero cuando el palo que daba ha sio bueno, siempre te acababa pagando algún gintonic. Y con suerte, mu de vez en cuando, a mí me llamaba pa hacerle la cobertura, y entonces me deja ir a medias en el tinglao. Como me pasó hace ná. Como siempre, estaba apalancao en la barra que parecía que la estaba sujetando el solito, con su platito de pescaito y su caña, me silbó y me dijo, ¡Eh, boquerón!, Ven pacá, ¿qué te parecen aquellas corderas? Enseguía miré pa dónde indicaba, apuntando con su palillo de dientes. Me fui pa él y le solté tó lo que sabía. “Griego, me dice er Manué que son alemanas, carne fresca. Llegaron ayer y hoy es el primer día que bajan a la playa”. “Me vas a tener que echar un cable”. “Lo que haga farta, griego”. “Pués ya sabes lo que tiés que hazé”. Me soltó. Y vaya que si sabía lo que tenía que hazé. Cuando vi a las alemanas, tenía mu claro lo que te me tocaría. Una de ellas era un peazo pibón, joder, me sacaría como dos palmos y tenía unas tetas como cabezas de niños tontos. To eran risas y cuchicheos con su amiga, y creo que alguna de esas risas las soltó mirando pal griego, encima la mu guarrona se estaba metiendo en el matadero ella solita. Ahora, la amiga era pa echarle de comé aparte. Peazo de callo. Cuerpo tonel, cara colorá y pelito corto, como pegao a chiclazos sobre la cabeza. Además, traía una cara de amargá que parecía que estaba oliendo mierda tol rato. Er chiringuito der Manué no es que fuese el Jilton, pero mi arma, tampoco era para tener tol tiempo esa carita vinagre. Me dió un golpe en el hombro el griego y pallá que nos fuimos los dos. No veas como se contoneba el joio mientras se acercaba, y cuando estuvo a su altura, les hizo como un pase de chicuelina que ya lo quisiese pa él er cordobés y le soltó a la más guapa en to los morros un: ¡Abanibí abanibé! Vikinga, que eres tú más bonita que la virgen la victoria.

3 comentarios:

Leandro Llamas dijo...

Una precuela interesante, sin duda. El título no me gusta, es demasiado obvio y le falta gancho, no está a la altura del cuento. Y al Griego hay que cogerlo por banda y correrlo a boinazos por alguna arteria principal de Málaga, como mínimo

Anónimo dijo...

Hombre Leandro ¡qué sorpresa u qué alegría! A duras penas mantenemos esto a flote y vaya, aún llegan náufragos a este isla! ¿Qué recomendación me das para el título? Por cierto, algún que otro elemento he visto muy parecidos al griego...Saludos.

Leandro Llamas dijo...

Ah... no, no. El título es cosa del autor. Bastantes problemas tengo yo con los míos. Lo único que digo es que me parece muy obvio, un poco plano; el relato es bastante más ingenioso de lo que el título da a entender. Por otra parte, tampoco puede ser demasiado críptico, porque el cuento no da ninguna pista de que se esté hablando del origen de la crisis, así que algo deberá apuntar el título. Pero tan obvio... no sé. En fin, tampoco te compliques la vida; si no se te ocurre otro mejor, éste esta bien. Nada más lejos de mi intención que crear problemas. Bastantes ha ocasionado ya el Griego