miércoles, 23 de mayo de 2012

LA COSHER NOSTRA (4ª parte) Un caso de Tutto Flatuleti.

El seguimiento
Con todos esos datos estrujando mi cerebro me serví un vasito de chicha, prendí un porro y acabé con la botella justo cuando se cortó la luz. Lo tomé como una señal.
Bajé a la galería por la escalera guiándome sólo con el tuco del porro que estaba fumando.
Era bien entrada la noche. Oí de pronto un leve quejido. No expresaba sólo dolor, brotó del fondo de las entrañas.
La chicha evitó otro infarto, también me dio valor para perseguir el ruido emanado de las oscuridades del alma: Sara, en actitud furtiva, iba materializándose con las luces artificiales de la ciudad.
Pensé que el encargo de Isaquito se resolvería en ese momento.
Activé la filmadora e inicié la persecución sospechando un vía crucis de la más pura lascivia criminal, me equivocaba a medias.
Caminamos hasta el hotel que alberga travas en la calle Tablada, la mayoría estaba en la calle ofreciendo sus atributos; nos detuvimos unos minutos en la primera parada. Cruzamos al prostíbulo que está al frente y continuamos toda la noche en una especie de rally en los alrededores del Mercado Norte.
Algunos comercios del centro, y de la calle San Martín en particular, están separados por puertas, puertitas, pasillos o pasajes… Para la gente vulgar pasan desapercibidos pero dan acceso a pensiones o prostíbulos, o depósitos clandestinos, o talleres truchos o aguantaderos… Están en el corazón de la manzana, o en la planta alta, o en los fondos de los locales…
Persiguiendo a Sara los recorrimos todos. También recalamos en telos que funcionan por minutos, tugurios y fondas atendidos por peruanas, o bolitas o paraguas. Indocumentados pero nunca juntos.
Como efecto colateral una culada de trabajadores de la construcción del mismo y sombrío palo eran atraídos, cuando caía la noche, como moscas a la letrina. Se fusionaban con la oscuridad dando a la zona una actividad comercial igual o mayor que la de los negocios de la alimentación en horario diurno.
La primitiva violencia de estos inmigrantes truchos hizo que me congratulara por haber bajado con Glock, con suerte podría desvirgarla.
El noctámbulo seguimiento duró más de una semana.
En un descuido perdí a Sara en la zona de los boliches que están sobre el Bulevar Mitre casi General Paz. Era el horario de cierre y los pendejos salían a tropel, dados vuelta y armando un quilombo de órdago.
Vecino a esos boliches hay un telo por minutos que complementa la noche aunque por lo general los chicos prefieren la costanera del Suquía.
Me metí en el hotel. Sara estaba hablando con la encargada o la dueña.
Me desconcentró un precioso trava que me dio bola. Volví a perderla. Al volver detecté que una puerta, antes abierta, ahora estaba cerraba. Entré subrepticiamente a la habitación, un lóbrego senegalés importado junto al París Dakar se volteaba a Sara. Si Isaquito fuera inteligente comprendería que una cuota de culpa no le cae nada mal a la pareja, al contrario.
Filmé la acción hasta acabar enredado en las sombras.
Ya en la cueva me lavé las manos, subí el video a la PC, lo pasé a un disco y bajé para llevárselo a Isaquito sin tener en cuenta que aún no había amanecido.
Sara pasó a mi lado rápidamente, la reconocí por su perfume. Ahí fui, otra vez tras ella.
Se detuvo en Oncativo y Maipú. Entró sin golpear a una sinagoga aparentemente desactivada. Un trava en tanga, de un metro noventa y pico, armonioso por donde se lo mire, parecía custodiar el edificio.
Esperé a la mujer de Isaquito. Para asesinar el tiempo entré en conversa con el trabuco, no eran baratos sus servicios. Pasé casi toda la noche en vela esperando que Sara saliera, tomando nota de la patente de los lujosos vehículos que vení­an por sus servicios. El travesaño la levantaba con pala.
A la tarde siguiente bajé a la galería con las pruebas de la infamia en un DVD y con el temor de que el “Caso Resuelto” me llevara a circunstancias incontrolables. Los chivos expiatorios de la humanidad habían aprendido a descargar sus golpes con suma violencia.
El bar Capri estaba en expansión, la moza y los dueños se afanaban en agregar mesas y sillas. A la noche, al cierre de los locales, Isaquito & Asociados festejarían la adquisición de su propiedad número mil con locatarios que le sacaron préstamos en usura, con los que empeñaban sus cosas y con los que, de alguna manera, tenían relaciones lucrativas.
A la oportunidad la pintan calva, ése era el momento de presentar mi informe.
Esperé en el Bahía.
Junto a una chicha que no pedí, la Doris me acercó otro libro olvidado por su hija: El Kamasutra ilustrado de un tal Anónimo. Me sorprendió un déja vu. H­a­bía pasado por el libro aunque no podía recordar cuándo ni cómo.
Esperando la celebración de los Isaquitos, y para cerrar el caso, tuve tiempo para solazarme con el sexo intelectual.

viernes, 18 de mayo de 2012

LA COSHER NOSTRA (3ª parte) uN CASO DE TUTTO FLATULETII

Las opiniones del Rufián Melancólico

Trauman salía del Mercado Norte llevando un par de bolsas llenas con mercadería comestible. Sobre el caftán abierto colgaba una metra Uzi, cal 9mm Parabellum.

–¿Me espera a mí? –preguntó Trauman.

–Si –dijo Roberto Arlt–, quiero entrevistarlo para el diario Crítica.

–¿Ahora?

–¿Por qué no?

–Bueno, si me acompaña caminando hasta el shil.

–¿Shil? ¿Qué es un shil?

–Sinagoga.

–Está bien… –Hicieron unos pasos en silencio hasta que Arlt lo sorprendió–. ¿Sabía usted que Erdosain no encuentra cómo agradecerle el enorme favor que le ha hecho? ¿Por qué le regaló ese dinero?

–Yo estaba en un buen momento. Si uno tuviera que hacerlo todos los días… pero así… Además, están los intereses.

–¿Y cómo es que teniendo usted fortuna continúa en la trata?

–Vea amigo, la trata como usted le dice, no es para todos los hombres ¿Por qué voy a dejar varias mujeres que me rinden mucha plata sin ningún trabajo? ¿Las dejaría usted?

Arlt omitió responder la pregunta que quería involucrarlo y repreguntó –¿Y usted no las quiere? ¿Ninguna de ellas lo atrae especialmente?

Antes que Trauman pudiera contestar fueron interrumpidos por un juan que hacía adicionales frente a una de las tantas concesionarias de motocicletas de baja cilindrada que hay en la zona.

–Buenas tardes, don Trauman, ¿cómo está usted?... –dijo el policía respetuosamente.

–Bien Yonathan, ¿y al final, qué tenía Braian?

–Sarna, don Trauman, mi mujer lo llevó al dispensario.

–¿Está mejorando? –Al tiempo que preguntaba esto le daba un puñado de caramelos ácidos que llevaba en su caftán–. Tomá, para tu hijo.

–Gracias, don Trauman –respondió el policía guardando las golosinas–, le estamos haciendo un tratamiento.

–Cuidalo mucho, ¿ió?

Siguieron caminando

–¿En qué estábamos?… –retomó el rufián dirigiéndose a Roberto Arlt.

–Que si no se siente atraído por alguna de ellas –volvió a repetir.

El fiolo lo miró estupefacto un par de segundos y repuso –Escúcheme bien. Si mañana viniera un doctor y me dijera: Micaela se le muere en una semana la saque o no del prostíbulo, yo a la Micaela, que me ha dejado muchos verdes en cuatro años, le permito que trabaje los seis días y que reviente el séptimo, ¿comprende?

–¿Y no le tendría lástima aunque más no sea?

–¿Lástima? –Contestó Trauman–. Amigo, a una ramera no hay que tenerle lástima. No hay mujer más perra, más dura, más amarga que una prostituta. No se asombre, yo las conozco. Sólo a palos se las pueden manejar. Usted debe pensar como el resto de la gente que el manager es el explotador y la ramera la víctima. Pero dígame: ¿Para qué necesita ella todo el dinero que gana? Lo que no se dice es que la ramera que no tiene hombre anda desesperada buscando uno que la engañe, que le rompa el alma de cuando en cuando y que le saque todos los verdes que pueda porque son así de bestias. Se ha dicho que la mujer es igual que el hombre. Mentiras. La mujer es inferior al hombre. Fíjese nomás en nuestras mujeres. Ellas eran las que cocinaban, trabajaban, limpiaban, hacían todo mientras nosotros nos recogíamos en el temor a Dios y observábamos el Pacto de Israel. Lo mismo pasa en la vida moderna. El hombre, salvo ganar dinero, no hace nada. Y créame –enfatizó–, la mujer de la vida a la que no se le saca el dinero lo desprecia a uno. Sí señor, en cuanto le empiezan a tomar cariño, lo primero que desean es que le pidan platita... El que camina entre dos mujeres es como si caminara entre dos mulas.

–¿Y los homosexuales?

–¡Bestias abominables!

–¿Y los travestis?

–Bueno… –comenzó a responder el Rufián Melancólico justo cuando llegaban al puente Centenario.

Fueron interrumpidos por uno de los adicionales que instalaban un retén para controlar el choreo de las motos de baja cilindrada. Todos los juanes se arrimaron a saludar respetuosamente. Recibieron consejos y caramelos.

Trauman y Arlt cruzaron el puente.

Entre los boliches de la zona del ex mercado de abasto un grupo de originarios del Paraguay, Bolivia, Perú… se saludaban como si fueran amigos y entraban a un galpón presidido por una enorme estrella de David y el candelabro de los siete brazos.

–¿Ve?... –dijo el ortodoxo con cierto grado de exaltación–. Esos se dicen judíos que creen que llegó el Mesías. Es como si ustedes, los argentinos, llamaran Falklands a las Malvinas.

Roberto Arlt no dejaba de anotar en tanto que los parlantes atronaban la zona preguntándose: ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Para qué estoy?

–¡El copyright del Maguén David y la Menoráh es nuestro! –Reclamó el caftán alimentando su exaltación, su odio y refiriéndose a los símbolos religiosos–, ellos se hacen llamar el Ministerio del Pueblo Elegido y se jactan que en los Estados Unidos son como la Coca Cola.

Cada aclaración que hacía el Caftán sumaba una porción de cólera hasta que, quebrantada toda paciencia y noción de realidad, el ortodoxo peló la metra y ante la incredulidad de Arlt, vació varios cargadores entre la multitud. A uno que contraía espasmódicamente los dedos le reventó la cabeza.

–Es para evitarle confusiones al Mesías –aclaró.

Relajado continuó caminando hacia el templo de barrio Cofico seguido por un desconcertado Arlt que ya había abandonado su cuaderno.

–Créame, amigo –Retomó Trauman–, la mujer, sea o no honrada, es un animal que tiende al sacrificio. Ha sido construida así. ¿Por qué cree usted que los padres de la Iglesia desprecian tanto a la mujer? La mayoría de ellos han vivido como grandes aristócratas y sabían que animalito es. Y la mujer de la vida es peor aún. Es como una criatura: hay que enseñarles de todo ¡Todo hay que enseñárselo!

Habían entrado a la zona de las mansiones del barrio, en el dulce atardecer las palabras del fiolo abrieron un paréntesis de extrañeza, Arlt comprendió que estaba junto a una vida substancialmente distinta a la suya.

En definitiva –remató Noé Trauman llegando ya a la sinagoga de la calle Sucre–, de una manera u otra son todas putas: Las que se levantan las tetas, o se depilan, maquillan, muestran su silueta, usan minifalda e, inclusive, aquellas que creían que se casaban con “el próspero comerciante enriquecido en América” o con el príncipe azul. Putas sólo diferentes en grado, no en esencia… todas están dispuestas a venderse por unas monedas, o verdes, o prestigio, o seguridad…

Las que tienden a pasar desapercibida, usan ropas holgadas, se dejan los pelos, su desodorante es el jabón Federal y compiten mano a mano con el hombre no son putas…, esas son lesbianas.

Y pobrecitas, todas ellas están tan locas, que uno no sabe si compadecerlas o romperles la cabeza con un palo.

En la puerta del templo una pendeja indigente con un niño desnutrido en brazos rogó por ayuda.

Sin decir agua va, Noé Trauman enarboló nuevamente la Uzi cal 9mm Parabellum, y con la experiencia que da la práctica descerrajó una ráfaga corta, eficiente, económica. Sólo tres disparos que hicieron impacto en los menesterosos.

Al tiempo que juntaba las vainas para recargarlas, le decía al periodista –A estos hay que eliminarlos de chiquitos, tienen tendencia a ser plaga.

La expresión de Roberto Arlt fue tan elocuente que el rufián se vio obligado a corregir no sin cierta indulgencia –De última… ¿acaso no sacrifican a los caballos? ”

Desperté de la alucinación totalmente mojado y no porque se me hubieran ido las cabras. El corazón me avisaba con violentos latidos que se me venía el infarto, tras otro nariguetazo me tranquilicé.

FIN DE LA TERCERA PARTE.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Había una vez... un Circo que alegraba siempre el corazón...


La evolución del ser humano se debió fundamentalmente a la habilidad de sus manos, sobretodo a su pieza más importante : el Pulgar. Si tienen dudas al respecto, intenten hacer una vida normal sin utilizar de sus manos ambos pulgares y luego me cuentan. Entre los yankis, el pulgar hacia arriba significa buen trabajo y la mutilación de estos, el trabajo chapucero de un torturador nazi en el norte de África con prisas (véase la escena de Willem Dafoe en el Paciente Inglés).


Nuestra querida mano identificaba en unos segundos la ideología del individuo, abierta con el brazo extendido era fascista, cerrada en un puño y el brazo en ele comunista... Si nos gustaba algo las palmeábamos ya fuera al final de una òpera o en cualquier mediocre mitín político... Hasta que llegó la popularización de utilizar el gesto en el lenguaje sordomudo de agitarla... y con ella la palabra ya casi olvidaba de “Asamblea” (acaba de sonar un trueno como cuando en Barrio Sésamo nos enseñaban a contar un simpático drácula de gomaespuma...).


Quizá sea la palabra “Asamblea” (otro trueno) o bien mover las manos como si enroscáramos bombillas lo que me provoca dudas...


Hace un año, miles de personas salieron a la calle porque estaban hartas... pero su hartura fue tan educada que hasta los gritos eran mudos, por no molestar... estaban equivocados entonces y lo están ahora...


No puedes estar Harto sin romper las reglas del juego que te provocan el hastío. No estoy hablando de violencia, no por favor, estoy hablando de que en este país la vagancia llega a lo extremos de no querer arriesgar. No se puede protestar y saltarte la ley y esperar que no te detengan, porque si no eres subnormal, está infringiendo la ley y la policía está en su obligación de hacer cumplir la Ley. NO puedes salir a la calle para cambiar las cosas sin que te cueste algo. Este año, que la Ley te puede meter de dos a cuatro años en la cárcel por “resistencia a la autoridad” ¿cuando se han quedado en Sol después del toque de queda ?... NO , una Revolución es algo más serio que borregos siguiendo la moda. Cambiar las cosas tiene un Precio, si eres de los que prefiere las rebajas no te quejes de que las cosas no cambien... Paga el Precio de una Revolución... de lo contrario puedes seguir balando para tranquilizar tu conciencia.

lunes, 14 de mayo de 2012

LA BIBLIOTECA


La contigua, geométrica separación del espacio
procura el aislamiento,
caudal de cultivo de la bondad.

Personas estudian el efecto devastador del paso del tiempo,
la igualdad de clase, raza y religión,
o atentar contra la autoridad.

Los ángeles perciben
la presencia constante de la curiosidad,
escuchan el rumor de cada reflexión.

Impresión de un pensamiento
sea, después de todo, lo mejor.

Intuiciones convertidas en anécdotas,
manifestaciones de belleza
libres de fingir.

sábado, 12 de mayo de 2012

Europa






“… Ahora escuche mi voz... Mi voz le ayudará y llevará hacia a Europa cada vez más profundamente... Cada vez que escuche mi voz, con cada palabra y con cada número entrará en un nivel más profundo, más abierto, relajado y receptivo... Ahora voy a contar de uno a diez... cuando llegue a diez... estará en Europa...”



Uno... olvídese de quién...



Dos... dormite todo cuanto pueda...



Tres... ignore toda señal de alarma...



Cuatro... Niegue cualquier vestigio de razón...



Cinco... Tenga miedo...



Seis... Niegue la realidad ...



Siete... Prepárese para la Intervención...



Ocho... Sea sumiso...



Nueve... Ríndase..



Diez... Está en Europa...





Si dejó de responder a las señales que su sentido común le emitieron, no se preocupe está usted hipnotizado o quizás idiotizado... En menos de 30 días, su país será intervenido y usted no podrá hacer nada... su voluntad fue doblegada en el mismo día que aceptó ceder su libertad a manos de quienes juegan con su destino... Ahora, es usted un pelele sin alma y con relleno de poliéster...No llore, los pelele no lo hacen, sólo muévase al son que le marquen... Pero al menos... estará en Europa...



miércoles, 9 de mayo de 2012

Until when we are ghosts










Mis primeros recuerdos son jugando solo en el salón de mi casa. Entraba una intensa luz primaveral a través de las persianas venecianas y cada rayo de sol coloreaba a modo de millones de arcoíris la motas de polvo en suspensión... Llevaba una camisa de cuadro con dos bolsillos... a penas tendría 3 años... y esperaba jugando a que mis hermanos volvieran de la escuela... cuanto deseaba ir la escuela... y la escuela llegó... y llegó mi primera tarta de cumpleaños... con seis años... pero llegó...

Y llegaron todas las cosas que esperaba de la vida... con paciencia... con mucha paciencia... pero llegaron... De aquella época sólo han quedado unas fotos en blanco y negro de un extraño con quién comparto un nombre y un apellido...

Y me hice adulto... y dejaron de llegar todas las cosas que esperaba de la vida...

Mis últimos recuerdos son sintiendo vergüenza y  desesperación en la cola del comedor  de beneficencia esperando el plato de macarrones, dos lonchas de mortadela y una cuña de queso... sin olvidar el plátano de postre... Entraba un inquietante silencio a través de las desnudas ventanas y el sol se negaba a entrar... Cuarenta años antes cuando éramos fantasmas en papel fotográfico en blanco y negro, jamás desee que llegara un día como este... y llegó como todas las cosas que no esperaba de la vida... Ahora, siendo consciente de que los sueños infantiles son juguetes rotos en manos de banqueros y políticos corruptos, tengo que tomar una decisión transcendental... Me hago adulto esperando la Nada o vuelto a ser un niño y deseo que lleguen todas las cosas que espero de la vida... y llegarán...

Dedicado a las almas infantiles...

domingo, 6 de mayo de 2012

ESCENA ALBACETENSE

“Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos”
H. Heine

          No podía creerlo pero era cierto: en nuestra librería estábamos tirando libros. Día tras día no dejaba de escuchar las quejas de todos mis compañeros, desde jefes a dependientes, de cómo iban descendiendo las ventas y lo nefasto que eso resultaba para el negocio. Sin embargo, por la puerta trasera del almacén todas las noches salían varias cajas repletas de volúmenes que iban directamente a los contenedores de papel reciclable. Me preguntaba cómo podía pasar eso. Era pura incongruencia. Le pregunté a uno de los jefes cómo era esto posible. Malhumorado, por supuesto, porque para eso era jefe, me respondió que no era asunto mío, que siguiese cargando cajas y ordenando estanterías. Horas después, volvió a pasar el jefecillo por mi lado y algo más condesciende y relajado me informó que era una rutina inevitable. Simplemente nos deshacíamos de libros que habían dejado de estar de moda, que eran difíciles de vender, de libros que ya no eran rentables.  “Esto es un negocio, chaval, y ya sabes, el que no corre…” Su escueta información no me aclaró absolutamente nada. Había muchos detalles que no me cuadraban. Yo era un simple mozo de almacén, mis tareas se limitaban a amontonar pilas de libros allí dónde mi iban indicando. Un trabajo primario y agotador pero sumamente gratificante. Apenas podía hablar con los hipotéticos compradores, no podía nunca guiarles en sus pesquisas, pero oculto tras las estanterías escuchaba atentamente los diálogos que iban surgiendo en torno a tal autor o determinada obra. Poco a poco me iba empapando de unos conocimientos que procuraría usar cuando fuera ascendido. También memoricé ciertas rutinas y triquiñuelas que parecían ser muy útiles a la hora de forzar alguna compra. Esperaba nos ser siempre mozo de almacén, y esperaba que estos conocimientos me resultarían útiles en un futuro ascenso. Por ahora, no tenía voz en esta librería, pero tenía ciertas ideas que quizás pudiesen ser útiles a la hora de gestionar este negocio. No me resignaba a que cayesen en saco roto.

      Le pregunté entonces a Baltasar, que era quién se encargaba de hacer listas y más listas con los libros que íbamos eliminando, qué le parecía ese procedimiento, si él no sentía cierto reparo por la tarea que estaba haciendo. Inclinado sobre la mesa, sin dejar de anotar títulos y más títulos en una enorme libreta, apenas me miró para responderme. “No sé que decirte Julián, yo simplemente hago lo que me ordenan”.  El tal Baltasar era un ser gris, apocado, pusilánime, un empleado ideal para la tarea que le habían asignado: sólo alguien sin escrúpulos podía ejercer con tanta frialdad, tamaña matanza diaria, pensé. Lo observé doblado sobre la libreta sin dejar de escribir. Por un momento se me asemejó su figura cheposa a la de un dictador firmando con pulso firme una pena de muerte tras otra. Cada título anotado era un libro sentenciado a la pena máxima. Detrás de él, había una columna de volúmenes que no dejaba de crecer. “Baltasar, ¿son esos los libros que se van a tirar hoy?”. “Sí” me respondió secamente. El montón era enorme.  “¿Puedo coger uno?” “Por mí como si te los quieres llevar todos. De todas formas esta noche estarán en la basura”. Cogí el último libro que había sido depositado en dicha pila, un pequeño y coqueto volumen que apenas sobrepasaba mi mano. Un libro encantador, pensé. Lo abrí y resultó ser “Escenas matritenses” de un tal Ramón Mesonero Romanos. Lo volví a cerrar y me lo guardé en uno de mis bolsillos.

       Por la noche, ya de vuelta a casa, estudié el libro más detenidamente. Realmente era una edición preciosa. Un libro elaborado con mucho cuidado, se notaba que habían puesto especial atención en todos sus detalles. Bajo el título, la siguiente aclaración, “Madrid: Aguilar, 1956”. Un libro que tenía más de cincuenta años. Y se conservaba bastante bien. En su cubierta y lomos de piel, con filigranas doradas, no se apreciaban rasguños ni otras marcas de deterioro. Lo abrí para ojearlo con más atención. Su hojas de papel seda resultaban muy agradables al tacto. Creo que este tipo de papel tan volátil ya no se utiliza “no resulta cómoda al leer y por lo tanto, no es rentable”. Además el libro contenía varias decenas de ilustraciones, estampas de un Madrid añejo, rescatadas de la primera edición de esta obra. En la contraportada pude leer la siguiente anotación: “ Las 83 ilustraciones de este volumen proceden de la edición de las ESCENAS MATRITENSIS publicada en Madrid, por Ignacio Boix, en 1845”. Así que el libro en sí, tenía más de ciento sesenta años de antigüedad. Por muchas vueltas que le di a las ideas que surgían en torno a este librito, no pude comprender porqué había dejado de ser útil, porqué debía ser arrojado a la basura, porqué ya no interesaba a nadie. Leí algunos de sus episodios, escenas cotidianas, ácidas, críticas, humorísticas sobre el día a día en el Madrid de hace siglo y medio, con una palabrería culta, refinada, algo pedante eso sí, nada que ver con al bastedad con la que se escribe ahora. Un libro ideal pensé, por ejemplo, para acompañarme durante un viaje. Un viaje a Madrid o a cualquier otra parte. Un libro que te impregnaba de épocas pasadas, de ambientes olvidados, de personajes peculiares, ampliándote los horizontes. Un libro reflejo de otro tiempo. Un libro, ¡cojones!, al fin y al cabo. En su portada, además, fatal y tajante un sello de tinta azul que decretaba: “Librería Rasputín e hijos. Albacete. EJEMPLAR EXPURGADO”.

                 Desde esa noche de infructuosa meditación, han sido muchas las veces que he vuelto al despacho de Baltasar. Él continua con su hosco trabajo, ajeno a mi estupor y mis callados reproches. De todos modos, me deja hacer, y no pone ninguna traba (tampoco está en su mano hacerlo) a que vaya rescatando algún que otro libro de la enorme pila que cada noche es eliminada. Del mismo modo que me imagino al indiferente de Baltasar como un tirano insensible e inconsciente de su poder, me veo a mí mismo como un rebelde, como un revolucionario, como un bandolero de las letras, rescatando de la hoguera a cuando indefenso volumen cae en mis manos: soy un adaliz de los débiles y rescatador de los saberes del pasado. Esta fantasía, hace algo más agradable mi trabajo en la librería.

Y así, día a día, no dejan de amontonarse más y más libros en las estanterías de mi casa. Sócrates, unamunos, juanramonesjimenez, mesonerosromanos, góngoras, gamelwoolseys, y cientos de autores tachados ya de rancios, van apoderándose de los huecos libres de mi casa, derrotados definitivamente en la moderna librería por los radiantes codigosdavinci, harrypotters, sanchezdragos o guíasdegrastronomía del momento. Todo el que viene a visitarme se interesa del porqué de mi literaria versión del síndrome de Diógenes. Me preguntan además si me los he leído todos. Yo no sé qué responderles, y por supuesto, les confirmo que no he leído ninguno de esos libros. Todas las noches, los voy acumulando por los rincones de mi casa. A veces sostengo alguno entre mis manos, lo estudio con detenimiento, pero no sé que más hacer con ellos. Y frustrado, dubitativo, abrumado por su número que no deja de crecer y cansado también tras una dura jornada de trabajo, me tumbo en el sofá y me pongo a ver la tele.

Dedicado también a las amigas que no he podido ver este fin de semana.

sábado, 5 de mayo de 2012

EL LÁPIZ

         Sopesa el lápiz entre sus manos. Lo estudia detenidamente, como si nunca hubiese visto ninguno, como si fuese un objeto maravilloso, incomprensible. ¿Cuánta vida cabrá en él?, se pregunta. ¿Cuántas palabras podrá escribir con él? Antes de que se agote, antes de que de tanto afilarlo mengue hasta tener un tamaño minúsculo, y ya  resulte un objeto inútil. Y de todas esas palabras escritas, ¿cuántas resultarán acertadas? ¿Cuántas serán precisas, cuántas contarán aquello que quieran contar, aquello para lo que fueron escritas? El poeta que sostiene el lápiz entre sus manos y lo mira atentamente, especula sobre todo esto porque hoy se ha propuesto escribir el mejor de sus poemas. Justamente hoy. Y lo escribirá única y exclusivamente usando ese lápiz. Y una vez que este se consuma, dejará de escribir, dejará de ser poeta. Hoy escribirá el mejor y último de sus poemas. El poema definitivo, su testamento artístico. Y sólo con ese lápiz, sin vuelta atrás, con un margen de error mínimo, deberá hacer muy pocos borrones, pues teme que las palabras que alberga ese lápiz puedan no ser suficientes.

         Resumir toda su vida en una tarde, en un solo poema, con sólo ese lápiz. Para otra persona quizás pueda resultar una tarea angustiosa, piensa, aunque no para él. Él que tanto ha vivido, que tantas mujeres ha amado, que tantos países ha visitado, él que tantas vivencias ha tenido, y que tantos y tantos recuerdos, apuntes mentales, guarda de todo eso. Tantos detalles y matices, tactos y pieles, sabores, aromas, pensamientos y olores que ahora por fin van a ser labrados en forma de palabra.

         Piensa y está seguro de ello, que para que una vida sea realmente plena, la vida no hay que vivirla totalmente. En realidad la vida hay que partirla en dos partes. Y es sólo una de esas dos mitades la que hay que vivir intensamente. Después llegará el tiempo de la meditación y del balance. Sopesar todo lo vivido, sacar buena cuenta de ello, y sobretodo, una vez bien manoseados todos los recuerdos, dejar el mejor y más certero y hermoso testimonio de ellos. Y el poeta, hábil orfebre de las palabras, también se ve capacitado para ello. De hecho, pese a su aspecto taciturno y receloso, su mirada vencida, atenta a ese lápiz que sostiene entre sus manos, el poeta se siente radiante, orgulloso, cargado de una energía especial que le empuja a iniciar cuanto antes su trabajo. Antes de que acabe el día, el poema debe estar escrito y ese lápiz, ser simplemente, un inerte trozo de madera entre sus manos. 

         Pero es que este lápiz parece tan poca cosa.

         El poeta empieza a dudar. De repente ya no está tan seguro de poder escribir de manera precisa y brillante el poema que se había propuesto escribir esta tarde. ¿Realmente cabe toda mi vida en este lápiz? ¿No será mi vida poca cosa si soy capaz de condensarla únicamente en la sangre mineral de este trozo de madera? Y lo que le resulta más lacerante, más alarmante. ¿Realmente la vida que he vivido ha sido la correcta? ¿Ha sido una vida plena? Se da cuenta de que de una imagen borrosa es imposible obtener un reflejo nítido. Quizás su vida no sea tan ejemplar, tan intensa, tan irreprochable como el piensa.

        El poeta entonces, completamente aturdido, se levanta de la silla. Sostiene aún el lápiz entre las manos, pero como la vida misma, decide partirlo en dos mitades.


Dedicado a las amigas que no he podido ver en la feria de Puertollano, a Javier y Goran, ¡qué alegría que hayáis vuelto!, a Cris, que esperamos con ansia por aquí, y por supuesto, también a Chelo.

viernes, 4 de mayo de 2012

Cielo sobre Berlín






Quizás el cielo esté sobre Berlín pero vivo en España y lo que tengo encima de mí es el infierno. Mi nombre no es Bruno Ganz, ya quisiera yo, pero no ... es menos glamuroso y termina en García o Pérez. Me levanto todos los días a la misma hora que cuando tenía un trabajo, pero no lo tengo. Desayuno y salgo a la calle como un espectro pero con la diferencia que aún sigo vivo aunque los economistas han emitido mi certificado de defunción. Desde que perdí mi empleo he dejado de ser visible para el resto de los mortales y andar por las calles se asemeja cada vez más al vagar de un espíritu. Vivo o vivía en España que cada día se fue transformando en un erial de muertos vivientes vagando sin rumbo ni esperanza. Al final de la jornada acabo sentado en un rincón de una biblioteca que aún no han cerrado, y como el ángel que protagonizaba Ganz, observo cada persona que lee y deambula por los pasillos entre estanterías y pienso... Me repito una y otra vez que esto no puede ser la realidad... que no puede ser verdad... y llego a una conclusión... que es verdad y es real... A veces me vence la desesperación y lloro... me siento desamparado...lloro con amargura y cuando parece que voy a derrumbarme grito con lágrimas en los ojos NO ME RENDIRÉ...¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Mi película es también en blanco y negro pero no soy Bruno Ganz...


Los medios te vende eso de Españoles por el mundo... y pienso... Me viene a la mente la imagen de Juanito Valderrama cantando “El emigrante” y me da un escalofrío... Un exilio encubierto...

Soy el Concierto de Aranjuez...

Soy los Olivos de Jaén...

Soy La Repùblica Española...

Soy Manuel de Falla...

Soy los Campos de trigo...

Soy El 2 de Mayo...

Soy Guernica...

Soy Gabriel Celaya...


Soy ESPAÑA... un arma cargada de futuro...

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.





Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.



Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.


Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.


Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.


Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.


Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.


Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.



GABRIEL CELAYA

jueves, 3 de mayo de 2012

Cielo sobre Berlín






Las calles aún permanecen silenciosas alumbradas por solitarias farolas de luz cobriza. Mientras, la madrugada es recorrida por una brisa veraniega que te permite pasear con mangas cortas y las flores, perfuman el ambiente antes que la frenética mañana aparezca llena de automóviles repletos de somnolientos conductores camino de su condena cotidiana. La luna llena, blanca, limpia, embaucadora, me hace recordar la sensación de estar vivo, ese instante en el cual eres tú y el universo... donde ya no importa las banalidades mundanas y te fundes con el todo... suena Patrick Watson interpretando Build a Home y la respiración se hace cada vez más lenta con un latido ausente más allá de las estrellas...


Desde un rincón de la biblioteca observo cada universo individual. En esta cosmologìa... cada libro... cada individuo habla y habla y habla sin cesar... y el silencio es sólo pura fantasía humana... sueños, esperanzas, indecisiones, paradojas, miedos... Miradas ausentes, miradas perdidas, miradas enamoradas... miradas... el universo en un instante...


Vidas ganadas, vidas perdidas... vidas... el tiempo no existe sólo artificiales relojes cuyo minuteros pretenden como metrónomos marcar nuestra existencia al ritmo de un simple balanceo...


Ante mí tengo a toda la Humanidad embutida en metros lineales de estanterías y pienso que a pesar de estar muerto ,parte de mí se encuentra en alguna linea de algún libro de alguna estantería... Es Mayo y las flores siguen perfumando el ambiente...


LA COSHER NOSTRA (Otro caso de Toto Flatuletti) 2ª parte


Estaba leyendo el epílogo de La Organización Negra cuando Isaquito se sentó frente a mí sin pedir permiso, agitado por caminar hasta la mesa. Revolvió mis tripas como el paco, avinagró la chicha que me fió la Doris y cerró el libro que yo estaba acabando con un golpe violento y seco. La detonación desgarró el aire caliente del bar.
Tengo un negocio para vos, queridos –me dijo.
La palabra queridos sonó como el beso de la mafia –Soy todo oídos –le respondí–. ¿Qué otra cosa podría decir?
–¿Te hace falta una PC?
Hice un gesto ambiguo
–¡Contestame, mishiguene ! –Ordenó.
–¿Cómo la pago? –Dije por decir.
No te preocupes queridos, necesito tus servicios.
Subimos a la cueva.

El caso
Sospecho de Sara –largó sin más preámbulos.
Su mujer, asociada, abogada, no se comportaba como de costumbre, no lo atribuía a la blanca, no pretendía pensar mal de todo pero tampoco desechaba nada. Necesitaba conocer las causas, dio por aceptado el trabajo por mi parte y se fue dejándome con la boca llena de respuestas y preguntas.
A todos los efectos quería pruebas porque al toque envió al hijo menor, abogado, asociado, con una PC que llevaba un rótulo de la UTN más una lapicera cámara espía, también usada, que yo no había pedido.
No me animé a preguntarle el precio, servían a mis propósitos aunque tuve presente que todo venía con un costado oscuro: yo estaba casi seguro que el hijo mayor, asociado, abogadoy martillero, quebraba las piernas a la altura de las rodillas.
Navegué un tiempo en la nube informática: www.superzorras.com, pero me era imperativo caracterizar a los Isaquitos. Encendí un porro, me cambié el calzoncillo y volví a la web.

La Trata de Blancas
La Zwi Migdal tuvo sus inicios en una zona llamada Galitzia (entre Ucrania y Polonia), los idiomas oficiales eran el alemán, el polaco y el ucraniano pero los judíos referenciados como askenazí tenían su propio argot, el yíddish.
En el siglo XIX la política aduanera de Galitzia permitió un elevado grado de bienestar entre los judíos acaudalados y gatilló lo que se llamó la “Ilustración Judía”, dando florecimiento al teatro, la literatura, la poesía, librerías, conciertos…
Guerras, masacres, progroms, revoluciones, hambre… estimularon a los más audaces a desplazarse hasta nuestro país. A fines del siglo XIX fundaron una institución multinacional especializada en exportar e importar pendejas blancas, no solo para los prostíbulos más importantes de Argentina, su nombre: Sociedad de Socorros mutuos Varsovia. Una institución con todo y sinagoga, salón de fiestas, bar, comedor, sala de velatorio, cementerio, escuela talmúdica y salón para subastar de carne de exportación.
La cantera fue el campesinado o, en mayor medida, las hijas de los desocupados que producía la industrialización: Analfabetas, cagadas de hambre y ju­días.
Resulta que según dicha religión, las mujeres eran las encargadas de proveer lo material, en tanto sus maridos se dedicaban al estudio de La Ley. Al parecer, el judaísmo es la única religión que no cree en el más allá, su dios gobierna la tierra con el Talmud, doce tomos con sesenta y tres capítulos cada uno, rígidas y eternas leyes escritas que encierran, determinan y establecen todo lo referente a la vida e impiden el nacimiento de cualquier mitología. En definitiva el Mesías llegará, resucitará y dará vida eterna a los muertos que hayan respetado La Ley.
Nada les costó a las pendejas adecuarse al nuevo trabajo.
Miles de ellas, regenteadas por Caftanes (apelativo criollo aludiendo a los pesados sobretodos que usan los ortodoxos), fueron vendidas y entrenadas.
La institución se asentó en el bajo Buenos Aires.
Noé Trauman, primer presidente de la Sociedad Mutual Varsovia, un tipo culto según sus correligionarios –lee libros–, inspiró al personaje Haffner (El Rufián Melancólico) de Los Siete Locos. Escrita por alguien que, al parecer, no era de comerse los mocos: un tal Roberto Arlt.
Las clases ABC1 de esa época, cansadas de tantas cabecitas negras, se habí­an hecho adictas al exótico producto del este europeo. El negocio creció exponencialmente al extremo de abrir filiales hasta en Comodoro Rivadavia (el culo del mundo).
No fueron para todos los pétalos de rosas, el cónsul de Polonia elevó denuncias antisemitas a las autoridades argentinas por el uso de la palabra Varsovia.
Los ortodoxos convocaron a una asamblea extraordinaria y determinaron democráticamente, y por unanimidad, cambiar el nombre Varsovia por el de Zwi Migdal, uno de los fundadores.
Yo estaba más confundido que turco en la neblina. Necesitaba encajar las piezas del rompecabezas.
Tras un nariguetazo me acosté a dormir para hacer trabajar al inconsciente, cosa nada fácil.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE.

miércoles, 2 de mayo de 2012

VUELVEN LOS DUELOS AL REINO DE HAMLET

Pues sí, ahora con la llegada de la primavera hierve la sangre, hierven las buenas ideas e hierven las buenas intenciones. Una de esas intenciones (buenas, claro está), pues retomar esos sanos duelos a capa y pluma, que tantos y tantos buenos momentos nos han hecho pasar y que tantas sorpresas nos han deparado, haciendo salir de nuestras inestables mentes algún que otro relato imprevisto.  

Las normas, pues las mismas de siempre. A partir de una idea improvisada, escribir un relato, un poema, pintar un cuadro, hacer una performance, lo que sea, siempre que no ocupe más de un folio y se realice en una semana. Los resultados siempre son sorprendentes. ¡Estáis todos invitados a participar! Sobre estos duelos y demás detalles de este rinconcito literario, podéis encontrar más información en "¿Quiénes somos?" , "Reglas de los duelos literarios" o "Colabora con nosotros".

Y ya no me demoro más. Gracias a Chelo, cuya efusión y gusto por las letras nos ha empujado a retomar estos duelos. ¡Gracias Chelo, esperamos verte por aquí a menudo! Ah, para acabar, aquí os lanzo el primer reto:
Es un fotograma de la película: "El cielo sobre Berlín", por cierto, película muy recomendable... Ya sabéis, todo vale. Un saludo a todos y mucha suerte con el reto.